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¿Cómo queremos la educación secundaria?

Iniciativa. Padres, madres, profesores y alumnos explican en qué situación se encuentra este ciclo escolar. La reválida y la Lomce no terminan de convencer aunque algunos ven también su parte positiva

14 nov 2016 / 07:00 h - Actualizado: 14 nov 2016 / 07:00 h.
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La Educación Secundaria Obligatoria comprende los cuatro cursos que hay entre sexto de primaria y primero de bachillerato. Se empieza con 12 y se termina con 16 años, una edad en la que muchos niños adolescentes empiezan a tener ciertas inquietudes de cara a su futuro profesional mientras que otros, aquellos que tienen más problemas para llevar el mismo ritmo que el grupo o no son bien entendidos por algún profesor, por ejemplo, pueden quedarse orillados del sistema educativo y, por lo tanto, habrán condicionado para siempre su futuro laboral.

La ESO, acrónimo de Educación Secundaria Obligatoria, es gratuita y los alumnos tienen derecho a permanecer cursándola hasta los 18 años de edad. Según precisa el propio ministerio de Educación, tiene como principal finalidad que todos los alumnos adquieran los «elementos básicos de cultura: humanísticos, artísticos, científicos y tecnológicos», así como «desarrollar y consolidar» en el joven «hábitos de estudio y de trabajo».

Aunque el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha dejado en suspenso la aplicación de la Ley Orgánica para la mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), desde la web del ministerio de Educación –sin actualizar tras esta suspensión– se especificaba que «a partir de la completa implantación de la Lomce la superación de la evaluación final, así como una calificación final en la etapa igual o superior a 5 puntos sobre 10 conducirá a la obtención del título de Graduado en Educación Secundaria Obligatoria».

Esta prueba, la denominada reválida, así como la ley orgánica en general ha sido rechazada de plano por buena parte de la comunidad educativa, que considera que las reformas planteadas van en detrimento del alumno así como de la calidad de la enseñanza. Así lo explica José Manuel Nieto, presidente de la Confederación Andaluza de Asociaciones de Madres y Padres de Andalucía (Confedampa), que critica que actualmente la enseñanza secundaria «está paralizada» porque «ni los políticos ni los profesores» saben «cómo quedará finalmente la reválida», o si «seguirá adelante la ley o habrá un acuerdo sobre Educación en los próximos meses», se preguntó al tiempo que criticó: «Hablar ahora de la secundaria es como hablar del sexo de los ángeles», criticó.

Ante este desbarajuste actual, Nieto confiesa que antes de la reforma del ya exministro Wert el sistema no era del todo bueno pero sí aceptable. «Más vale malo conocido que bueno por conocer», ironizó el presidente al tiempo que puntualizó: «Respecto a lo que se quiere proponer, el sistema estaba mejor que ahora. La Lomce es regresiva porque no se ha consensuado con los agentes y trae planteamientos educativos «que ya estaban superados». «La sociedad ha cambiado mucho y ahora el sistema se preocupa menos por la persona. Las clases están masificadas y el profesor no puede atender personalmente al alumno al que le cuesta más. Al final, éste se siente rechazado, y se aburre. Y si le sumas los recortes en profesores de apoyo pues al final desiste y deja de estudiar y se va a la calle», expone el presidente Nieto. Y sobre la reválida, también se mostró tajante: «Las reválidas no servían para nada. Volvemos a una prueba que yo hacía de niño y se quitó hace muchos años. Como está presentada sólo sirve para poner un filtro a la educación y al fracaso escolar. Además la realizarán personas ajenas a la educación del niño y no serán los profesores que le han dado clases durante todo el año», finalizó el máximo responsable de Confedampa.

Lo mejor de cada sistema

Menos crítico con el actual sistema de enseñanza se mostró el profesor Julio Ariza, del colegio Portaceli. Después de un cuarto de siglo en la docencia, considera que tanto el sistema anterior como el actual tienen «cosas buenas y malas», y aboga por ser más salomónico y quedarse «con lo mejor de cada uno de ellos», y recuerda cómo ya hubo polémica cuando se implantó la Logse. «Se pensaba que todo el mundo iba a pasar y que nadie se quedaría atrás. Lo que hay es un método de ayuda para los jóvenes que les cuesta más y tienen un rendimiento más bajo», explicó Ariza al tiempo que remarcó: «Oportunidades tienen, pero el chaval que no quiera estar en el sistema no va a estar».

Respecto a la reforma que plantea la Lomce, el profesor matiza que «siempre que se hace un cambio hay un sector que no está de acuerdo pero yo prefiero coger lo mejor de cada uno de los sistemas, y precisó que la reválida genera «desconfianza» en el propio sistema porque no la realizarán los profesores que han estado todo el curso viendo el rendimiento del alumno y terminará evaluando «a un código de barras». «Hay muchos niños que se esfuerzan muchísimo, y eso no lo saben quién evalúa la reválida. Ciertamente, no le veo la utilidad».

Y ante esta incertidumbre sobre si se aplica o no la reforma, fue tajante: «Los chavales están descompuestos. Deberíamos saber ya los contenidos para preparar esa prueba pero ahora mismo está todo en el aire y hay mucha inseguridad. Llevo 26 años como profesor y es la primera vez que hay tanta incertidumbre», apostilló el profesor del colegio Portaceli.

Sobre algunas corrientes que abogan por la eliminación de los deberes para los niños, Ariza aseguró que él personalmente ha mandado pocos para que el alumno haga en casa. «En clase hay que trabajar mucho y entonces, tendrás poco que hacer en casa. Pero muchas veces hay que mandarlos porque no terminan el trabajo en clase». Y por ello, se mostró contrario a desacreditar la figura del profesor, como hacen algunos padres, diciéndole al alumno que no haga los deberes.

Por contra, sí hay profesores que consideran que la reválida tiene una parte positiva y que lograría equiparar el nivel educativo de los diferentes centros. Así lo explica Miguel Velasco, profesor del IES Salvador Távora, en el Polígono Sur, que consideró que en muchos centros se baja el nivel de la clase para que todos puedan seguir el mismo ritmo y nadie se quede descolgado. En centro en el que imparte clases, es de los denominados de compensatoria. Estos son aquellos que al estar en una zona de la ciudad con menos recursos el centro tiene más dotación que otros dado que la mayoría de los alumnos necesitan más clases de apoyo y demás. Empero, y para que pueda ir la clases al mismo ritmo «en general hay poco nivel». «Si mantienes alto el nivel al final terminarías suspendiendo al 80 por ciento de los alumnos. Esto colapsaría el sistema año tras año y los servicios de inspección de la Junta tendrían que analizar qué ocurre exactamente. Al final, los alumnos terminan con el título de ESO pero tiene menos nivel que otros. La reválida serviría para titular a alumnos todos con el mismo nivel», apostilla el profesor del Salvador Távora.

Sobre la ESO en general, sí considera que «hay demasiadas materias para la edad que tienen los alumnos» lo cual provoca que haya «muchas asignaturas con pocas horas», por lo que no se profundiza en ellas lo suficiente. «Los niveles han bajado mucho, vienen de primaria con el nivel bajo y en secundaria me encuentro a jóvenes en primero de ESO que por ejemplo no realizan bien la lectura comprensiva. También hay que dedicar más horas a las asignaturas principales. Al final, con tantas asignaturas los niños se vuelven locos», concluyó.

Y quién corrobora que hay demasiadas tareas es Paula Fernández, estudiantes de tercero de ESO, también en el colegio Portaceli. Aunque ella considera que el planteamiento de la educación secundaria es bueno, sí cree que muchos días tienen demasiada tarea para realizar luego en casa. «Hay que estudiar, es lógico, pero sería mucho mejor hacerlos en clase con el profesor y no luego en casa. Algunos días hay que hacer demasiados deberes, y luego hay que dedicar más tiempo por si tienes que preparar un examen», explica la joven alumna. Paula sí cree que es bueno, por ejemplo, que este año en su curso realizan muchos trabajos en grupo y permite que al final «cada uno sabe todo el temario del trabajo completo y no únicamente la parte que le ha tocado hacer». Sobre la reválida y la polémica Lomce reconoce que entre sus compañeros no han hablado mucho de ello, y sí lamenta que en ocasiones el profesor siga el ritmo previsto a pesar de que algunos alumnos se hayan quedado atrás. «Yo estuve el pasado curso en Irlanda y ahora en clases de alemán tengo mucha menos base que mis compañeros, pero el profesor no puede parar la clase exclusivamente para mí», lamentó la estudiante de ESO


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