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Educación

Comprender el mundo, educar para el futuro

Los cambios exponenciales que la tecnología aporta a la sociedad llevan a la Singularity University a buscar fórmulas para adaptar las estrategias educativas a un mundo nuevo

31 ene 2017 / 14:36 h - Actualizado: 31 ene 2017 / 14:43 h.
  • Comprender el mundo, educar para el futuro
    Foto de familia del Capítulo de SingularityU Sevilla, que mantuvo ayer una reunión de trabajo. / Jesús Barrera
  • Comprender el mundo, educar para el futuro
    Brett Schilke y Luis Rey. / Jesús Barrera

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Cuando un evento se anuncia como «epicentro del debate de la aplicación de la tecnología exponencial en la educación» conviene empezar por dos preguntas básicas, sobre todo para saber de qué se habla. Una: ¿la Singularity University qué es? Y dos: ¿qué están haciendo aquí todas estas personas?

La primera la contesta el embajador del Capítulo de Singularity en Sevilla, Luis Rey: «Singularity University es un ecosistema de innovación y emprendimiento relacionado con la tecnología. Quiere catalizar e impulsar e inspirar a las personas a que utilicen las tecnologías digitales para afrontar los grandes retos de la humanidad, y mejorar la vida de las personas y, en general, del planeta».

Para explicar la reunión concreta aparece Antonio Conde, director de transformación digital, innovación e internet de las cosas de la empresa Cisco España. Un cargo kilométrico que le impide expresarse con claridad. «Lo que estamos haciendo aquí hoy es hablar de las tecnologías exponenciales de la educación», resume, y se explica: «Las nuevas generaciones, los nativos digitales, en la escuela, en algunos casos están por delante en el uso de las tecnologías que el profesorado. Con lo cual, estamos llegando a un punto en el que es necesario reactivar ese interés en aprender bien, en que el profesorado se recicle para preparar a las nuevas generaciones para un mundo tecnológico como éste en el que vivimos».

Poco a poco, el objetivo de este encuentro de representantes de instituciones educativas, centros privados y públicos españoles e internacionales y empresas tecnológicas va bajando hasta el suelo. Y se entiende, y se ve que tiene sentido.

«¿En qué punto estamos de realidad y cuánto queda de futuro?», se cuestiona Antonio Conde, porque entre otras cosas, han venido para hacer preguntas, y las respuestas no son siempre tajantes. «Estamos en el mejor momento para vivir, en el que vamos a ser testigos de cambios que van a impactar por siempre a la humanidad», ratifica, y apuesta a que esas novedades serán incluso mayores que las que se vivieron en la época posterior a la Revolución Industrial, ejemplo histórico recurrente, pero incuestionable, de cambio social. «Y todo va a pasar, y este es el truco, no de la forma en la que el ser humano está acostumbrado a pensar, que es lineal. Va a pasar de una manera exponencial», cuenta, y de nuevo cae en la cuenta de que es mejor explicarse: «Esto quiere decir que al principio va a pasar muy poquito, muy poquito, y casi no nos damos cuenta. Pero de repente da un salto muy importante y se producen muy pocas cosas en muy poco tiempo. Y eso no ha pasado a ese nivel en la historia».

Llega el momento de aterrizar ya en el ámbito de la educación. Ejerce de piloto el responsable de Educación Preuniversitaria de Singularity University, Brett Schilke, que define un primer objetivo para la jornada de trabajo: «Poner juntas todas las piezas, las partes del sistema global de educación en Europa. Y particularmente poner en contacto el mundo de la empresa con los centros educativos y con las asociaciones de centros de forma que puedan colaborar». Es decir, que la idea de los centros educativos como entidades, si no aisladas, sí autónomas, debe ir quedando atrás.

Schilke define el futuro de la educación en función de la información que maneja más que a partir de una cierta manera de pensar. «Habrá diferencias cada vez mayores a medida que la tecnología se vaya generalizando y los alumnos se vayan graduando en ese nuevo mundo más tecnológico. Y las dinámicas de clase van a seguir cambiando. Vamos a pasar de un lugar en el que, fundamentalmente, se proporciona información a los alumnos a uno en el cual el profesor adopta el papel de intermediario, de coach, de los alumnos, que utilizarán los recursos que están a su alcance a través de la tecnología».

Y todo esto tiene, ya esta dicho, un sentido global, porque la concepción primera es que la educación no es un sector aislado, sino que está conectado con todos los ámbitos de la vida. Por ahí van los tiros, de ahí que Schilke se atreva a definir las tres características que necesitarán los alumnos, más que del futuro, del presente: saber «cuáles son los retos del mundo»; «entender cuáles son las herramientas que tienen a sus disposición y cómo utilizarlas para afrontar esos retos», y una comprensión de su mundo, «pero en el sentido profundo, de ser capaces de ver cómo ligar sus propios intereses y pasiones con las necesidades que la sociedad tiene a fin de prestar una contribución a la mejora del mundo». Dicho queda.

«Trabajar globalmente es lo mejor que sacamos de aquí»

El IES Martínez Montañés participó en la reunión como único centro público de Secundaria de Andalucía que cuenta con el Bachillerato Internacional. «Ése es el nexo de unión. Siempre es interesante estar aquí, pero de todo lo que se está hablando, creo que podemos sacar muy poco partido porque nosotros dependemos de la administración», explicó la jefa de estudios del centro, Esperanza Mergenthaler. «La idea de trabajar globalmente es quizá lo mejor que se puede sacar de aquí», valoró, y lamentó además la dificultad de colaborar con empresas y el hecho de que el profesorado que quiera mejorar su formación debe hacerlo de manera voluntaria y en su tiempo libre.


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