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Cuando la mejor receta es montar a caballo

La Asociación Hispalense de Terapias Ecuestres ofrece a diferentes colectivos la posibilidad de realizar actividades que refuercen su salud mental o física a caballo

19 feb 2018 / 17:31 h - Actualizado: 21 feb 2018 / 18:16 h.
  • Alejandro, de cuatro años, monta sobre uno de los caballos acompañado por la pedagoga del centro y una voluntaria. / Reportaje gráfico: Jesús Barrera
    Alejandro, de cuatro años, monta sobre uno de los caballos acompañado por la pedagoga del centro y una voluntaria. / Reportaje gráfico: Jesús Barrera
  •  Eli subiendo a uno de los caballos a través de una plataforma adaptada en la Asociación Hispalense de Terapias Ecuestres.
    Eli subiendo a uno de los caballos a través de una plataforma adaptada en la Asociación Hispalense de Terapias Ecuestres.
  •  Eli realiza actividades corporales sobre el caballo.
    Eli realiza actividades corporales sobre el caballo.
  •  Andrea lanza una pelota a la canasta.
    Andrea lanza una pelota a la canasta.
  •  Antonio cepilla el caballo después de haberlo montado.
    Antonio cepilla el caballo después de haberlo montado.

«A mí no me da miedo montar a caballo, mi sueño es saltar con ellos». Son palabras de Francisco Javier, de 53 años. Tiene minusvalía física y psíquica, pero gracias al apoyo de su hermana Isabel puede ir semanalmente a la Asociación Hispalense de Terapias Ecuestres. Allí la edad no importa. El espacio, en plena ciudad de Sevilla, tiene como misión mejorar un poco la vida de Eli, Andrea, Antonio, Fátima, Alejandro y muchos otros con terapias sobre caballos.

45 minutos, una vez a la semana. Esto es suficiente para ver a Alejandro sonreír. Y mejorar. Tiene 4 años y una enfermedad que afecta a una de cada 100.000 personas, el Síndrome Rubinstein. «Tiene retraso madurativo, problemas del habla y respiratorios. Lleva solo un mes en este centro y le encanta venir», comenta María, su madre, de 28 años.

Una pedagoga, una fisioterapeuta, una neuróloga, una experta en caballos y varias voluntarias. Forman un equipo de mujeres que, acompañadas por cinco equinos, ponen toda su atención en las actividades personalizadas para cada uno de los 100 usuarios que pisan las instalaciones del parque del Tamarguillo. Aunque hace cuatro años el centro cambió su ubicación para trasladarse a este entorno de Alcosa, su esencia se mantiene desde el principio. «Un grupo de padres con hijos con discapacidad nos dimos cuenta que nuestros pequeños no tenían el mismo beneficio que tenían con el caballo en otras actividades. Pero muchos eran rechazados en otros centros o en otras actividades y quisimos fundar este», expresa Carmen, la directora de la asociación. En este lugar no importa cómo seas o el tipo de discapacidad con la que vivas. Las actividades se dirigen a personas a las que, como dice la directora, «por el desconocimiento de la sociedad, se les pone un muro». Mujeres víctimas de la violencia machista o con trastornos alimenticios son otros colectivos a los que la asociación sevillana quiere ayudar con los caballos.

«Mi preferido es Pitu» cuenta Andrea. Con Pitu, Macareno o Luce, esta niña de nueve años hace fisioterapia de manera más efectiva. «Con este animal puedo hacer lo mismo que en una sala de fisioterapia, pero consigo una estimulación multisensorial con el caballo imposible de conseguir con una colchoneta», asegura Anja Hochsprung, neuróloga y colaboradora de este centro. Andrea tiene artrogriposis. Le afecta, a nivel físico, a la movilidad de las articulaciones, especialmente a las piernas. «No es lo mismo hacer estos ejercicios en una pelota que con el trote del caballo. Tampoco es lo mismo el entorno abierto y natural», cuenta Alejandro, el padre de la niña.

Todo el sistema nervioso se pone en activación con el animal. Eli tiene 42 años. Sufre de esclerosis múltiple. «Cuando dejas de venir se nota. Tengo la musculatura rígida. Al montarte, los músculos de las piernas se sueltan. Nunca antes lo hubiese creído». Como afirma, el animal le ayuda a controlar el equilibrio. «La sensación de que has podido montar a caballo es increíble».

El caballo también puede ser un buen amigo. Lo es para Antonio, un niño de seis años con autismo. «Al principio no se separaba de mí, cuando está aquí la cosa cambia, sale de su mundo y se lo pasa bien. Él no se suele relacionar con los chicos que vienen, pero sí busca al caballo», afirma Emilio, su padre.

Como dice Anja, la experta en este tipo de terapias, «una persona con anorexia, con una mala imagen de su cuerpo, que piensa que no vale para nada, ve cómo es capaz de controlar un caballo. Eso mejora su autoestima. Lo mismo pasa con niños que están marginados en el colegio».

Fátima está en esta asociación desde los cuatro años. Ahora tiene 14. «Es una niña muy alegre», asegura Antonio, su padre, que siente una «gran satisfacción» al acompañar a su hija. «Antes de comenzar aquí estuvimos en otro centro, pero nos decantamos por este porque allí había cierta discriminación» comenta el padre de la pequeña con parálisis cerebral. Pero como dice la directora del dentro, «aquí las puertas están abiertas».

«Puede venir todo el mundo», asegura Anja, fisioterapeuta que trabaja en Neurología en el Hospital Virgen Macarena. «Nos da igual que sea gente muy afectada. Algunos son agresivos, se tiran al suelo. Aquí también los acogemos y les damos una alternativa a esas conductas», manifiesta. «Los pacientes que más me gustan son los que en hospitales dan por imposibles, a los que les han dicho que no hay nada que hacer». Explica que, además, trabajan con pacientes en fase paliativa. «Con ellos hacemos un acompañamiento. Enfermedades como la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) tienen una esperanza de vida de muy pocos años. Aquí se lo pasan bien en unos días que pueden ser duros para ellos y para sus familiares».

Entre todas estas labores del centro, estimular los sentidos es principal. Para ello cuentan, además de con el recinto en el que se desarrollan las actividades ecuestres, con otros lugares dentro del terreno cedido por el Ayuntamiento de Sevilla. Los pequeños pueden jugar en un laberinto con el que trabajan el sentido de la orientación o trabajar el equilibrio en un balancín. Aunque ya cuentan con varios espacios para el desarrollo de las capacidades de los pacientes y otros lugares útiles para la convivencia entre los niños y familiares, su «sueño» es conseguir un espacio que funcione como sala de fisioterapia para pacientes crónicos. La seguridad social los tiene desahuciados, comenta Anja.

Sin embargo, a día de hoy, dependen de las donaciones. Ya cuentan con varios colaboradores en distintos ámbitos, como las Escuelas de Arte de Sevilla y de Almería. No obstante, para sufragar los gastos que precisa el mantenimiento del centro o el entrenamiento, con doma natural, de los caballos necesitan la ayuda de terceros.

Se definen por ello como «obra social», y es que, aquí el que quiera puede sentir la magia del caballo por un precio que, comparado con el establecido en otros centros españoles, es inferior. En muchos países, las terapias ecuestres se financian con la seguridad social. En España, como afirma Anja, que trabaja como voluntaria, «estamos a años luz».

Esto no cura a nadie. La asociación lo deja claro. Pero es un avance para las personas que van al centro. Trabajar la respiración es importante. Trabajar la musculatura también lo es. Allí lo hacen. También ayudan a sonreír.


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