miércoles, 19 septiembre 2018
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, última actualización

De Santa Cruz al cielo

Hoy rompemos el mito. Santa Cruz no es un parque temático para turistas, es un barrio en el que vive gente y que tiene alma de gente

02 jul 2018 / 07:00 h - Actualizado: 02 jul 2018 / 07:00 h.
  • Gracia y María José, vecinas del barrio, fueron guías en nuestro recorrido.
    Gracia y María José, vecinas del barrio, fueron guías en nuestro recorrido.
  • Tienda de cerámica en la calle Gloria.
    Tienda de cerámica en la calle Gloria.
  • Antonio de Casa Román.
    Antonio de Casa Román.
  • En la despedida del programa estuvimos acompañados por grandes artistas locales. / Fotos: El Correo TV
    En la despedida del programa estuvimos acompañados por grandes artistas locales. / Fotos: El Correo TV
  • Uno de los patios más hermosos en el Callejón del Agua.
    Uno de los patios más hermosos en el Callejón del Agua.
  • Paco es el artífice de las cruces de mayo del barrio.
    Paco es el artífice de las cruces de mayo del barrio.

Si hay un lugar en Sevilla cargado de historia, repleto de monumentos de postal y hermoso en cada uno de sus rincones ese es el barrio de Santa Cruz. Por eso, y porque además de ser un referente turístico tiene alma y vida de vecinos que lo habitan, lo hemos escogido para vivir el que será el último programa de la primera temporada de ¡Mira qué barrio! Santa Cruz es la mejor carta de presentación de Sevilla al mundo. Eso nadie lo discute. Un barrio envuelto por los Jardines de Murillo, pegado al Alcázar y lindado con la zona monumental del centro de Sevilla. Un barrio que en sí mismo ya podría considerarse como un monumento.

Basta con adentrarse en él para comprobarlo. Ese sutil ejercicio, más que recomendable, les permitirá recorrer esa hilera de calles estrechas que lo configuran, en las que la sombra es un aliado y los mayores tesoros se esconden tras una cancela. El Callejón del Agua es el máximo exponente de esta metáfora de la vida. O si lo prefieren, cualquiera de sus características plazas: la de Santa Cruz, la de Refinadores y el monumento a Don Juan Tenorio, la de los Venerables, la de Doña Elvira o la de la Alianza.

Una configuración de especial singularidad que tiene su origen en la antigua Judería de Sevilla. Entonces, respondiendo a una antigua tradición urbanística, se configuraba una estructura de calles sinuosas para facilitar la creación de corrientes de aire que aliviaran a sus habitantes las altas temperaturas del verano. Es decir, que estuvieran más fresquitos porque la acción del sol quedaba muy limitada. Por eso en estos días da gusto pasear por el barrio de Santa Cruz.

Cuenta además con lugares de especial interés como la Casa Murillo o el que será el futuro Museo Bellver, en la antigua Casa Fabiola. Todo ello regado por tabernas con encanto en las que disfrutar del arte en todos sus sentidos y alguna que otra tienda de souvenirs atraída por la masiva presencia de turistas en la zona. Su calle más emblemática es Mateo Gago, ya semipeatonal, donde la vista privilegiada de la Giralda hace caminar mirando al cielo más que al suelo. Y junto a ello, lo que no se ve, lo que está escondido en cada rincón y en cada esquina y que hay que ir descubrir.

Como ven no cabía un lugar más hermoso para la despedida. En ella han sido claves María José y Gracia, las guías de nuestro paseo. Ellas nos han enseñado la lección de que Santa Cruz no es un parque temático para turistas sino un barrio en el que vive gente y tiene alma de gente. Como la de Paco, eterno artífice de unas cruces de mayo que son bandera del esfuerzo. Como también lo son las macetas de sus ventanas y rejas, el paisaje de sus patios de sombra y paz, la cerámica que hermosea el barrio y las tapas de Casa Román, ese niño que creció jugando sobre el empedrado.

Mirando a la Giralda quisimos decir adiós, acompañados de un trío de ases y de arte formado por tres grandes de la música. Nada más y nada menos que Juanlu Montoya, nuestro músico de cabecera y de la cabecera de este programa, Malicia y Paco Canalla, que con sus voces hicieron más liviana la despedida. O mejor, el hasta pronto. Porque las cosas bonitas nunca acaban. Mientras haya un vecino con una historia que contar, un barrio del que presumir o una receta qué probar allí estará ¡Mira qué barrio!


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