lunes, 17 diciembre 2018
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Domingo de resaca y lluvia

La lluvia y el frío marcaron una primera jornada que comenzó al ralentí. Tras el mediodía, el Real colgó el cartel de lleno. Los paraguas volvieron a relucir a media tarde

15 abr 2018 / 21:50 h - Actualizado: 16 abr 2018 / 08:15 h.
  • La lluvia y el frío protagonizaron el primer día oficial de Feria de este año. Los paraguas llegaron para quedarse por la tarde en el Real, cuando el agua se hizo plenamente presente con varios chubascos. / Jesús Barrera
    La lluvia y el frío protagonizaron el primer día oficial de Feria de este año. Los paraguas llegaron para quedarse por la tarde en el Real, cuando el agua se hizo plenamente presente con varios chubascos. / Jesús Barrera
  • La tarde terminó de romperse por la lluvia que desalojó el albero. / Jesús Barrera
    La tarde terminó de romperse por la lluvia que desalojó el albero. / Jesús Barrera
  • Ayer fue el día de las familias y los más pequeños no perdonaron el algodón de azúcar. / Jesús Barrera
    Ayer fue el día de las familias y los más pequeños no perdonaron el algodón de azúcar. / Jesús Barrera
  • Las flamencas aguantaron estoicamente el frío la mayor parte de la jornada. / Manuel Gómez
    Las flamencas aguantaron estoicamente el frío la mayor parte de la jornada. / Manuel Gómez
  • Caballistas y enganches se lucieron ayer por el Real de Los Remedios. / Manuel Gómez
    Caballistas y enganches se lucieron ayer por el Real de Los Remedios. / Manuel Gómez

Había ganas, muchas ganas de Feria. Tantas que más de uno alargó el pescaíto hasta altas horas de la mañana. «Yo llegué a casa a las 9... ¡y sin llaves! Me las había dejado en el taxi. No veas para entrar...». «Yo me fui a las cinco pero al final tardé dos horas en llegar a mi casa. No veas el jaleo de la cola que había». «Tío, en Feria hay que ir en Tussam, lo sabe todo el mundo». «¡Ufff! Totalmente, es que entre eso y que los de las motos esas amarillas han vuelto a limitar el sitio donde dejarlas y hay que darse una pechá de andar para pillar una...», comentaba un grupo de veinteañeros a la puerta de una caseta de Joselito el Gallo.

Y, claro, de esos barros, estos lodos. La noche fue tan larga que ayer costó arrancar. Y eso que a primera hora del (medio)día ya podían verse en los barrios periféricos, esos que están a más de una hora del centro de la ciudad, las primeras flamencas listas para lucirse en el Real. Las paradas de los buses estaban a reventar de chaquetas y lunares y algún que otro pañuelito, que el día se levantó más bien fresco.

La primera hora fue para las familias. Esas que el sábado no se acostaron demasiado tarde para aprovechar hoy el día con los más pequeños. Trencas, gabardinas, camisetas interiores, leotardos y toquillas –jamás se habían usado tanto como ayer– formaban parte del uniforme infantil junto al pertinente traje de flamenca que se dejaba ver bajo el abrigo.

El ambiente estaba, sobre todo, en el interior de las casetas. El día seguía desapacible, con viento y frío, y raro era ver grupos bailando en el albero. Incluso los distritos, que son siempre un buen termómetro feriante, estaban tranquilos.

Las barras accesibles, encontrar mesa no era una odisea, había posibilidad de marcarse unas sevillanas sin pisar al de al lado o enganchar el mantón en la chaqueta de la pareja de baile. Ni Cifuentes ni Puigdemont ni los ERE, el tiempo era el tema preferido de conversación. «Hay que ver el día tan feo que hace, de verdad». «Pues, mira, a mí me ha venido bien, que mi marido me regaló el jueves una toquilla lindísima y no sabía si la iba a poder lucir, que de noche no se ve nada», comentaban María y Laura en la cola del baño de una pequeña caseta de Juan Belmonte. «Ayer es que hacía un frío horroroso». «Frío, no, más bien relente, ¿no?». «Bueno, pues relente, pero Pepe se ha puesto malo de la garganta y se ha quedado en casa hoy», le explicaba Sara a su sobrino Jose, un sevillano que lleva unos años viviendo en el extranjero pero que no perdona la Feria. «Sí, sí... si la noche fue memorable. De hecho Clara, con lo feriante que es, dice que se queda en casa, que no puede con su alma».

Pasada la hora de la comida –la de la Feria, es decir, allá por las cinco de la tarde–, el Real ya tomaba la forma que se esperaba de él ayer. Las calles llenas –aunque aún los farolillos faltaban en algunas–, ambiente en las casetas, gente bailando, complicación para cruzar las calles entre la gente y los enganches, lío en las barras, los primeros trofeos en forma de peluche volviendo de la Calle del Infierno...

El (mal) tiempo siguió siendo el protagonista de la tarde noche. La lluvia, que apareció tímida por la mañana –con un leve chispeo–, en la tarde, y tras varios amagos, terminó por afear del todo el primer día de Feria oficial. Los paraguas hicieron presencia, los charcos comenzaron a tomar forma, las calles se volvieron a vaciar y las casetas se convirtieron en el refugio ideal del feriante.

Detalles

La fiebre de las sillitas

Primero fue la Semana Santa y ahora le ha llegado el turno a la Feria. Las sillitas plegables han llegado al Real, que en esta fiesta –al menos de momento– no están prohibidas. Ayer podía verse a más de un grupo de guiris, bocata en mano, sentados en sendas sillitas y apostados en una esquina la mar de entretenidos mirando pasar enganches y flamencas por el albero feriante.

¿Vuelta a los 80?

Que el de flamenca es el único traje regional que se adapta a las modas es un hecho tan real como repetido. Cada año las tendencias pueden verse pasear por el Real de Los Remedios. Ayer, además de los canasteros –que siguen de moda– y los vestidos con mucho volante y vuelo, se dejaron ver los mantoncillos bordados estilo manila y más de un traje con el talle alto más propio de los 80. Queda ver si es tendencia o que alguna ha rescatado modelo del baúl de los recuerdos.

Sobredosis de pompas

Además de frío, nubes y lluvia, lo que más hubo ayer en la Feria fueron pompas. Se notaba que era domingo y las familias habían tomado el Real. Los niños hacían del albero su lugar de juegos, sobre todo antes del almuerzo cuando las calles aún no estaban muy llenas. Junto a los algodones de azúcar de colores, lo más vendido en los quioscos fueron unas pistolitas que disparan pompas de jabón, que fueron el entretenimiento de los pequeños y el descanso de los mayores.


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