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Dos décadas de conquista del peatón en Sevilla

La ciudad tiene una veintena de plazas y calles cerradas a la circulación. El paso de los años confirma que las peatonalizaciones tienen más beneficios

Manuel J. Fernández M_J_Fernandez /
09 feb 2017 / 07:10 h - Actualizado: 09 feb 2017 / 07:57 h.
  • Veladores al sol en la plaza de la Encarnación con las Setas de Sevilla como marco, en una zona peatonal. / Pepo Herrera
    Veladores al sol en la plaza de la Encarnación con las Setas de Sevilla como marco, en una zona peatonal. / Pepo Herrera

¿Quién quitaría una peatonalización hoy en día? ¿Quién apoyaría la vuelta de los coches a O’Donnell, San Fernando o Asunción? La historia demuestra que este tema siempre ha sido controvertido en Sevilla. Sobre todo al principio, protagonizando encarnizadas batallas entre comercios, taxistas y vecinos y el Ayuntamiento de turno. Pese a todo, en las últimas dos décadas la ciudad ha logrado cerrar al tráfico una veintena de calles y plazas, y es impensable el retorno de los coches a estas zonas. En su mayoría se localizan dentro de los límites del Casco Histórico para potenciar el turismo, la actividad comercial y el encuentro ciudadano. El paso de los años ha evidenciado que los proyectos de peatonalizaciones tienen más beneficios que perjuicios aunque antes haya habido que librar más de una batalla. Además de lo que supone para disfrute del ciudadano, tienen una repercusión económica con la revalorización del metro cuadrado alcanzando cotas del 80% en Plaza Nueva y la Avenida, como revela el informe sobre el Sector Inmobiliario Terciario de Sevilla elaborado por la consultora Inerzia.

La primera gran peatonalización fue la de Tetuán y Velázquez en 1991. Siendo alcalde Alejandro Rojas-Marcos (PA) se eliminó la circulación en estas céntricas vías ante el rechazo casi unánime de los negocios, que llegaron a amenazar con «atarse con cadenas a las máquinas». De los pocos comercios que se mostraron abiertamente a favor fue Bolsos Casal, que regentaba Carlos Casal. «Mi padre fue uno de los que dijo que sí. El autobús pasaba por la esquina de Chico y si te descuidabas te daba», explica su hijo Ángel Casal, para quien la estrechez de la calle ahogada por el tráfico era «lo peor». Hoy se alegra de la evolución de los sevillanos, que «se están acostumbrando a andar y a coger el transporte público». En la tienda de Juan Foronda, José Luis Foronda reconoce que con la peatonalización la calle ganó en comodidad, siguiendo el modelo de la calle Larios de Málaga, y además «económicamente desplazó a Sierpes».

Catorce años después le siguió O’Donnell, ya en el mandato de Alfredo Sánchez Monteseirín (PSOE) en 2005. Fue la más contestada según recuerdan los residentes. El cierre de esta salida al Duque costó muchísimo por la férrea oposición de los comerciantes de otras vías aledañas, como Rioja y Tetuán, y de las dos patronales mayoritarias del taxi. Los taxistas colapsaron el centro con una sonada caravana de protesta de 800 vehículos que hicieron pasar uno a uno por O’Donnell. «Si el taxi quiere pasará por O’Donnell y si quieren ataque lo tendrán», amenazaba el líder del gremio del aeropuerto Enrique Filgueras. Las aguas se calmaron cuando el Ayuntamiento abrió para el servicio público una salida alternativa al Duque por la calle Bailén, Monsalves, Silencio, Alfonso XII, Santa Vicenta María y Teniente Borges. Sigue todavía vigente. Hoy todos los locales están ocupados y activos, la mayor parte con franquicias. Ópticas Bovis es uno de los negocios más antiguos de la calle, que abrió en 1973. Su encargado, Ramón, no tiene dudas del cambio positivo que ha experimentado la calle desde que no pasan coches. «Ahora está mejor. Recuerdo cuando pasaban los autobuses, la polución y el polvo. Era tremendo», confiesa al tiempo que recuerda que costó trabajo hasta última hora. Las crónicas de aquella época resaltan que el día de la apertura sin coches «amaneció quemada la alfombra roja que habían colocado los comercios para recibir a los clientes».

Los siguientes casos están ligados a la construcción del tranvía. La Plaza Nueva, la Avenida de la Constitución y la calle San Fernando se despojaron del tránsito de coches con la llegada del Metrocentro. Si bien el proyecto no contó con el rechazo de las anteriores experiencias –quizás porque ya no había tanto miedo a lo desconocido– pero sí con el tiempo como principal enemigo. La finalización del segundo mandato de Monteseirín coincidió con el desarrollo de las obras en unos tiempos aún de bonanza económica. Los trabajos se realizaron en «un tiempo récord», como siempre reconocieron los responsables de Sacyr, empresa adjudicataria de estas obras de reurbanización paralelas a la construcción de los raíles (y catenarias al principio ) del tranvía. Aún así en diciembre de 2007 se sumaban estas vías al mapa peatonal de la ciudad. Las prisas obligarían al poco tiempo a reparar algunas zonas que presentaban desperfectos, principalmente en la solería, debido a que no se ejecutaron con bastante celeridad.

De esta misma época es la puesta en marcha de La piel Sensible, un proyecto del arquitecto José Carlos Mariñas Luis, que en 2007 fue el primer paso para peatonalizar progresivamente el centro.

El plan rediseñó cuatro plazas del Casco Antiguo muy próximas entre sí: El Salvador, la Alfalfa, la Pescadería y el Pan y sus calles aledañas. El objetivo era crear grandes espacios peatonales sin cerrar del todo el tráfico. «Se trataba de peatonalizar tramos y adecuarlos al entorno para que sea más agradable andar», sostenía entonces la asociación de Peatones de Sevilla, que respaldaba esta iniciativa. El diseño fue elegido entre los más vanguardistas del momento, con un mobiliario urbano que generó polémica. Aquí también hubo oposición de comerciantes y vecinos. Estos últimos por el retraso de las obras. Pese a todo, su puesta en marcha puso en valor estos espacios e impulsó la actividad comercial, con la llegada de nuevos modelos de negocios: grandes firmas internacionales y franquicias principalmente.


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