jueves, 25 mayo 2017
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Edificios misteriosos de Sevilla

21 ene 2017 / 17:06 h - Actualizado: 21 ene 2017 / 23:04 h.
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Comencemos nuestra visita por Sevilla donde no debemos ser indolentes con los evocadores ecos del pasado y presente de esta ciudad. Un pasado glorioso y penoso cuya gloria y penas dejó entre los muros de sus edificios los vestigios incorpóreos de las llamadas: almas en pena. Espectros, fantasmas, aparecidos o seres del más allá que moran por los más insignes edificios sembrando de pánico y terror la existencia de aquellos que se tropiezan en su camino..., un camino de otro mundo...

Las casas encantadas son lugares en los que uno quizá no debiera estar sólo. Si lo hace debería hacerlo sin temor a que entes o seres del más allá se manifiesten. Ahora vamos a recorrer las calles sevillanas a la busca de aquellos edificios con tradición de encantados, en una ciudad donde gracias a las recientes investigaciones se han podido descubrir una gran cantidad sucesos que van más allá de toda explicación, más allá de la vida y más allá de la razón.

Desde La Cartuja a Miraflores, nada escapa al misterio

A veces el ser humano se enfrenta a sus propios miedos y sus propios temores, situaciones cotidianas que pueden sobrepasar a la persona y optar por la decisión más “fácil” y la más cruel: el suicidio.

La historia que me dispongo a contarles es absolutamente real y tiene como protagonista a una de estas personas que optó por este camino y pese a ello, ni más allá, obtuvo la paz que necesitaba.

Hay un lugar en la Isla de la Cartuja, en Sevilla, que era utilizado como una especie de almacén por la Policía Local, unas instalaciones que eran custodiadas por agentes que allí desarrollaban las tareas propias de vigilancia.

Todo discurría con normalidad, la Cartuja es uno de esos lugares de la ciudad donde pocas referencias de su pasado hay. Fue en el siglo XIII, en 1400, cuando se funda el Monasterio de Santa María de las Cuevas, de la orden de los cartujos que sería conocido popularmente como Monasterio de la Cartuja y que tendría un huésped de honor al ser la residencia y primera sepultura de Cristóbal Colón. En el siglo XIX con la desamortización el monasterio se privatizó siendo la fábrica de porcelana y loza La Cartuja Pickman de Sevilla, de gran renombre y prestigio.

Con la Exposición Universal de 1992 se urbaniza y se asimila aquel espacio para celebrar tan magno evento albergando pabellones de países y otras instalaciones, posteriormente ocupadas parcialmente por el Parque Tecnológico Cartuja 93 e Isla Mágica.

En sus cercanías está el Parque del Alamillo que ya el ilustre Miguel de Cervantes lo mencionara en su obra El Rufián.

Charli III, Isla de la Cartuja

Allí en Cartuja estaba el denominado ‘Charli III’ en la banda de servicios de la Expo’92 y que fue demolido y que no estuvo exento de polémica pues fue fruto de un robo, o expolio, en el que se llegó a detener a cuatro empleados de una empresa chatarrera imputándoseles un presunto delito de robo con fuerza y daños así al menos lo manifestó ante la Policía Nacional el responsable del desalojo de este edificio e intendente de la Policía Local que señalaba que todo lo relacionado con el desmontaje «era competencia exclusiva del servicio de Edificios Municipales».

De las instalaciones policiales se desmontaron y trasladaron luminarias, cableado eléctrico, bases de enchufe, accesorios de cuarto de baño, alguna puerta de paso cortafuegos y «todo lo que le parecieron reutilizable sin que se conociera su destino según indicó la policía.

En ese marco nos ubicamos para, en la transición mientras se cerraba las dependencias policiales asistir a un hecho luctuoso y triste: el fallecimiento de un policía local que se suicidó y que hacía labores de vigilancia (trabajo) allí mismo en “Charli III”.

Casualidad o no comienzan a ocurrir hechos insólitos en “Charli III”, aunque no seré yo quien diga que es “espíritu” del policía es el que vaga-vagaba por aquellas instalaciones, luces que se encendían y se apagaban, extraños ruidos, susurros en la noche, puertas que se abrían y cerraban, ventanas que hacían lo propio, descensos bruscos de temperaturas... Un cuadro completo de fenómenos realmente extraños.

Los hechos alcanzaron cotas inimaginadas cuando varios agentes se negaron a realizar más servicios en “Charli III” debido a todos estos extraños incidentes. Uno de ellos llegó, incluso, a ver una extraña silueta negra, sombría, oscura, que se paseaba por el lugar y que le causó tanta inquietud que decidió no volver a trabajar más allí.

Actualmente hemos procedido a una investigación en la zona pero poco, nada, queda ya de todo ello; cualquier vestigio ha desaparecido pero siempre hay una posibilidad de que el fantasma que allí mora vuelva a manifestarse.

En la misma Isla de la Cartuja tenemos otro lugar encantado o, al menos, con fenómenos inexplicados en su interior. Nos estamos refiriendo a las instalaciones del CIC en avenida de Américo Vespucio.

Conocido como CIC Cartuja o Centro de Investigaciones Científicas Cartuja, en su interior vienen sucediendo hechos increíbles: objetos que desaparecen solos y extraños ruidos que inquietan a quienes allí trabajan, personas de notable nivel científico que se alejan mucho de inclinaciones paranormales.

Sin embargo la realidad que viven va más allá de cualquier explicación razonable y se quejan amargamente de esos “detalles” que les hacen pensar en fantasmas.

Habría que irse a la época de la construcción del edificio para comprobar los primeros síntomas de lo que hoy es su realidad, un testigo nos decía: “Yo trabajé en la construcción del edificio y nos desaparecían las herramientas o nos la movían de sitio. Creíamos que era un compañero o algún gracioso, pues no la robaban ya que aparecían al cabo de los días. Pero entonces nos acordamos del tema de la calle San Luis, que aún no había salido públicamente pero entre gente de la construcción lo sabíamos. Guardamos las herramientas en un arcón bajo llave y, pese a todo, las herramientas o desaparecían o aparecían fuera del arcón. Aquello era imposible”.

Una vez finalizado el edificio y antes de ser entregado tenía una vigilancia a cargo de una empresa de seguridad: “Las noches allí eran eternas. Se sentían ruidos de todo tipo pero lo peor fue una noche que sentí a un niño llorar. Creía que era un gato o algo y no eche cuenta hasta que escuché como decía “mamá, mamá”, entonces salí rápidamente a ver qué ocurría pues podía ser un crío en apuros” nos comentaba nuestro segundo testigo. “Seguí buscando pero no encontré nada. Regresando al sitio que ocupaba como “garita” vi al final del pasillo de la galería aun niño como con un babi y le dije que se esperara pero desapareció delante de mis ojos, aquella experiencia fue brutal”.

“Un compañero aficionado a estos temas hizo psicofonías allí y hay una que decía claramente “ayúdame”, se me ponen los pelos de punta. No sé qué fue de mi compañero, cuando dejé este trabajo perdimos el contacto pero era terrible. Allí pasaban cosas raras” decía aún impresionado.

Los trabajadores del CIC en la actualidad tienen sus pequeñas experiencias en el interior de su lugar de trabajo y no hay quien dude que allí dentro ahí sucesos sólo atribuibles al más allá.

Hospital de San Lázaro

Si seguimos transitando por este lugar y atravesamos este popular barrio de Pino Montano saldremos a la salida hacía la Sierra Norte de la provincia, al final de la avenida del doctor Fedriani, nos detenemos justamente aquí para entrar en el vetusto edificio del Hospital de San Lázaro, un lugar que también pone los pelos de punta.

El hecho más sorprendente que ocurrió en su interior nos traslada a la década de los 70 cuando Miguel Fernández Carrasco, vecino del Aljarafe sevillano, debió ser atendido en sus dependencias ya que según él: “una nave de origen extraño lo había agredido”. Llegó lleno de magulladuras, roces y tiznado de una no tan extraña grasa vegetal. Los doctores Monsalve Cano y Troaño lo atendieron y cursaron parte al Juzgado de Instrucción número 6 en el Prado de San Sebastián donde el juez Sr. Bouza Gil admitió la denuncia que posteriormente quedó archivada por evidentes falta de pruebas.

El periodista Benigno González sería cronista de excepción para la edición de ABC el día 29 de Enero de 1976. Pues en este mismo edificio antaño se ubicaba una de las leproserías de la ciudad, mandada construir fuera de los límites de Sevilla por el rey Alfonso X “El Sabio” y donde recalaban todos aquellos que tenían o habían contraído la lepra sino también cualquier enfermedad infecciosa que pudiera poner en peligro a los habitantes de la ciudad. Especialmente virulento fue el brote de epidemia de peste, tal y como contábamos en el primer volumen de estas guías, fechado en 1649 y que terminó con la mitad de la población, entre ellos el del inigualable Juan Martínez Montañés que dejó esta vida un 18 de Junio de ese mismo año.

En el interior de este edificio son muchos los relatos que se cuentan y que hay que saber separar la leyenda de la realidad. Es curioso porque en su interior buena parte del equipo de trabajadores, sanitario o de mantenimiento del mismo tiene una historia extraña que contar, desde una formación de aparecidos como almas en pena que debe recordarnos su anterior condición de leprosería con esta suerte de “Santa Compaña” hasta la visión etérea de una señora vestida de negro. Entre pacientes y trabajadores forman una sólida red de testimonios que abogan por la realidad de los fenómenos paranormales en su interior. El por entonces supervisor de quirófanos habla de la aparición de una monja en dicha zona, y tal vez entre exageración o, ¿quién sabe?, realidad comentaba que fue aquella monja espectral la causante del fallecimiento de tres personas...

En cierta ocasión un ATS del centro hospitalario quedó encerrado en una zona sin uso, entonces comenzó a sentir como algo frío se le acercaba y ante él se comenzó a forma la imagen fantasmagórica, etérea, de una aparecida que casi lo mata de la impresión.

Entre los empleados de este centro sanitario también se habla de extraños sonidos, de psicofonías, de quejidos y llantos lastimeros que provienen de la nada. Si visitamos la segunda planta del edificio encontramos otra de esas historias que nos hablan de una habitación maldita, hechizada, embrujada... Es la habitación 203, allí nos comenta Francisco C. que: “Aquí se vio una vez un hombre rondar, se acercaron unos compañeros y le dijeron si era paciente del centro, tenía muy mal aspecto, entonces aquel hombre dio su nombre y sus datos y uno de los enfermeros fue a comprobarlo, el hombre se desvaneció... Lo curioso fue que al comprobar los datos que les había facilitado se comprobó que aquel señor había sido paciente y que había fallecido allí mismo hacía ya unos años... Vamos, todo un fantasma”. ¿Leyenda o realidad? Sólo hace falta pasar una noche en el interior de este hospital para ser consciente de que algo muy extraño sucede en su interior.

Cerca del Hospital de San Lázaro está el Cementerio de San Fernando, ahí nos cuenta José Antonio Pajares como un amigo recogió a una mujer, por la noche, en las cercanías. El conductor del taxi le dijo: “¿Dónde la llevo?” y ella dijo lacónicamente “al cementerio”. El automóvil se vio inundado de un repentino frío, la mujer no hablaba, estaba muy pálida. El conductor creía que iba al Hospital de San Lázaro, la miró por el retrovisor y su rostro no reflejaba ninguna emoción. Al llegar al cementerio, antes de detener el automóvil, le dijo: “¿dónde quiere que la deje señora?” y nadie contestó, se giró y allí atrás, en el asiento trasero, no había nadie.


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