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El Alcázar que nunca ven los sevillanos

El Día del Turismo abre de manera gratuita por unas horas las desconocidas estancias del Cuarto Real Alto, que pueden visitarse todo el año por 4,5 euros

27 sep 2015 / 21:29 h - Actualizado: 28 sep 2015 / 09:43 h.
  • El Salón de Embajadores visto desde las alturas del Cuarto Real Alto, una perspectiva muy poco habitual de una de las mejores estancias del Alcázar. / Fotos: José Luis Montero
    El Salón de Embajadores visto desde las alturas del Cuarto Real Alto, una perspectiva muy poco habitual de una de las mejores estancias del Alcázar. / Fotos: José Luis Montero
  • Entre dos habitaciones del XIX, el mudéjar estalla en la Sala de Audiencias de Invierno de Pedro I.
    Entre dos habitaciones del XIX, el mudéjar estalla en la Sala de Audiencias de Invierno de Pedro I.
  • El salón de gala, que Isabel II adecuó para las comidas oficiales.
    El salón de gala, que Isabel II adecuó para las comidas oficiales.
  • La sala de billar, con la mesa de caoba que llegó desde Cuba.
    La sala de billar, con la mesa de caoba que llegó desde Cuba.
  • Los jardines vistos desde la parte superior de la Galería del Grutesco.
    Los jardines vistos desde la parte superior de la Galería del Grutesco.

No es que no se pueda entrar, es que como hay que pagar (tampoco un disparate, 4,5 euros) pues no lo hacemos y entonces el efecto es casi como si estuviera vedado el acceso. Pero como este domingo se celebraba el Día Internacional del Turismo, el Alcázar dispuso cinco itinerarios (las 1.400 entradas se agotaron en unas horas), uno de los cuales permitía pasear gratis por el Cuarto Real Alto. Eso ha llevado a que muchos lugareños admiraran por primera vez estas estancias, en las que se cobra para entrar por la sencilla razón de que no pertenecen al Ayuntamiento (el resto del edificio sí, por eso la entrada es gratuita para los sevillanos) sino a Patrimonio del Estado, que las gestiona por otro motivo también bien simple: son dependencias que usa la familia real, aunque se utilizan poco porque cuando los monarcas están en la ciudad donde realmente residen es en un ala más privada que se adecuó en 1992. Esto precisamente es lo que permite sacar pecho con aquello de que el Alcázar es la residencia oficial en uso más antigua de Europa, ya que hunde sus orígenes en la época musulmana para llegar hasta hoy.

Así que lo dicho, esto se puede visitar cualquier día del año, pero básicamente lo hacen los turistas, no los sevillanos. «Es una zona muy desconocida por el público», admite Paloma de los Santos, historiadora que firma la última guía turística del Alcázar y que es la encargada de conducir la visita. Como indica su nombre, el Cuarto Real Alto está en la planta superior, pero no hablamos de una única estancia sino de una docena larga. Su historia arranca con Pedro I, que en el siglo XIII manda construir las dos primeras dependencias, una para uso privado y otra para emplearla como salón de audiencias en invierno. La mayoría de las habitaciones se construirán con los Reyes Católicos, ya en el XV, aunque luego vendrá Isabel II en el XIX para remodelar profundamente el recinto y dejarlo como hoy lo vemos.

De la época de los Reyes Católicos es precisamente lo más hermoso de la visita, el oratorio de la reina Isabel, que firmó Niculoso Pisano en 1504, la primera obra por cierto que en Sevilla utilizó la técnica del azulejo plano polícromo que luego tanto se popularizó en la ciudad. Con un altar cuya escena principal muestra la visita de la Virgen a su prima Santa Isabel, era el oratorio privado de la reina y está anexo a unas estancias (entre ellas el austero dormitorio del rey Fernando) que comparten unos bellísimos artesonados mudéjares con truco: fueron trasladados por los Reyes Católicos de la planta baja a la superior cuando empezaron a hacer más habitaciones, así que abajo tenemos estancias del siglo XIV con techos del XVI y arriba dependencias del XVI con artesonados del XIV.

Salimos de este pequeño reino de sus católicas majestades y nos metemos en una sucesión de habitaciones de claro sabor decimonónico, aquellas en las que más claramente metió mano Isabel II. Se pasea así por el salón de gala o la sala de billar, con una recia mesa de caoba que le regaló a Alfonso XII un empresario cubano y en la que continúa la serie de retratos de monarcas españoles (sin incluir a los musulmanes) que arranca en el Salón de Embajadores.

De esta última instancia, por cierto, se tienen vistas imponentes desde estancias del Cuarto Real Alto, que también dan a los jardines o al Patio de las Doncellas, recintos todos visitables en el itinerario normal pero que desde aquí aportan una imagen muy poco habitual.

Hay también una sala de fumar, se puede echar un vistazo al despacho de trabajo que todavía hoy utiliza el Rey y se pasa por el comedor de familia de Isabel II, en el que cuelga todo un Murillo, El milagro de San Francisco Solano y el toro. Y llegamos por fin a lo que fueron las estancias fundaciones de estos espacios, el dormitorio de invierno de Pedro I y su Sala de Audiencias también para los meses de frío, una algarabía de repujados mudéjares con una balconada que enmarca la Giralda como pocas veces se ve en las estampas.

Pues toda esta visita ha sido gratis por un día, pero se puede hacer en cualquier momento. Y por 4,5 euros, aunque sea corta, merece la pena, y muchísimo.


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