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El día que el PA asaltó los cielos de Sevilla

Hoy se cumplen 25 años de la proclamación de Alejandro Rojas Marcos como alcalde gracias a un pacto con Soledad Becerril que le arrebató la Alcaldía al PSOE de Luis Yáñez

14 jun 2016 / 23:58 h - Actualizado: 14 jun 2016 / 23:59 h.
  • Rojas Marcos recibe el bastón de mando de manos de Manuel García, otrora concejal y ahora hermano mayor de la Macarena. / Luis Castilla
    Rojas Marcos recibe el bastón de mando de manos de Manuel García, otrora concejal y ahora hermano mayor de la Macarena. / Luis Castilla
  • Las páginas de El Correo de Andalucía se hicieron eco de la elección de Rojas Marcos como alcalde en 1991.
    Las páginas de El Correo de Andalucía se hicieron eco de la elección de Rojas Marcos como alcalde en 1991.
  • El día que el PA asaltó los cielos de Sevilla
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  • El día que el PA asaltó los cielos de Sevilla

Junto a los cinco diputados al Congreso que obtuvo en 1979, fue el gran hito del hoy desaparecido Partido Andalucista: ocupar la Alcaldía de Sevilla dos veces, la primera con Luis Uruñuela (en 1979, tras un extraño cambalache en el que cedió el sillón de Granada para quedarse el de la capital andaluza) y la segunda con Alejandro Rojas Marcos, que hoy hace precisamente 25 años tomó posesión como regidor. Fue tras aquella campaña del Amo Sevilla que tanto caló en el personal, y fue gracias a un pacto con el PP (que se presentaba por primera vez con estas siglas) de Soledad Becerril que dejó sin sillón al PSOE de un Luis Yáñez que poco después dejaba el acta de edil.

En tiempos de convulsión electoral como los que vivimos, resulta curioso volver la vista atrás y descubrir que en aquellos tiempos era el PSOE el que defendía a capa y espada que debía gobernar la lista más votada, mientras PP y PA insistían en que tan democrático como eso es aliarse para sumar más concejales. Y eso fue lo que ocurrió: Yáñez logró unos insuficientes 12 concejales (insuficientes entonces, porque hoy por ejemplo Juan Espadas gobierna con 11), mientras el PA lograba el que sería el mejor resultado de su historia en la capital (cosechó nueve ediles, los mismos que en 1995 pero entonces con menor porcentaje de votos) y el PP lograba ocho. El pleno lo completaba IU con sus dos concejales.

Con esos números, las matemáticas decían que la alianza de izquierdas no superaba a la de derechas. Y aquí es donde se desató la tormenta en el seno del propio PA, que se posicionaba como de centro-izquierda, por lo que parte de su militancia entendía que pactar con el PP era un giro conservador. Aquello embarcó a los andalucistas en su enésima crisis, que se saldó con la dimisión del sempiterno alcalde de Jerez, Pedro Pacheco, como presidente del partido y del grupo parlamentario, paso previo a su salida del PA.

Para que a esta salsa no le faltara un perejil, PA y PP se embarcaron en una negociación para cerrar el pacto por la Alcaldía que se prolongó hasta ultimísima hora, tanto que el pleno de investidura del alcalde era el sábado 15 de junio y el acuerdo no se selló definitivamente hasta esa misma madrugada. Pasada la medianoche del viernes 14, Rojas Marcos y Becerril comparecieron para decir que sí, que pese a tanta escenificación de tirantez se había sellado un pacto ante «la exigencia mayoritaria de los sevillanos para que el Ayuntamiento sea dirigido por un gobierno fuerte y estable». Las palabras son del propio Rojas Marcos, que remachaba: «Las urnas han pedido un cambio profundo en el Ayuntamiento, por lo que no había más alternativa que este acuerdo». Es decir, lo mismo que se dice ahora en la política nacional pero con el pequeño detalle de que no se cierra un pacto ni a la de tres.

Y, mientras, Becerril insistía en que no se podía desaprovechar esta «ocasión histórica para arrebatar el gobierno de Sevilla al PSOE» (lo mismito que el año pasado se decía de Juan Ignacio Zoido, sin ir más lejos). El pacto, por cierto, incluía una serie de objetivos de gobierno: la mejora de las condiciones de vida de los sevillanos, la lucha contra la inseguridad ciudadana, la recuperación del protagonismo de la ciudad con vistas a la Expo y la dotación de infraestructura cultural y deportiva a los barrios. Junto a ello, dos muy simbólicos: la puesta en marcha de las obras del Metro (que no fue realidad hasta una década después) y la lucha contra la droga, imagen de un problema que si hoy es preocupante entonces era una grave herida en Sevilla.

Con todo esto, nos plantamos en la sesión de investidura de aquel 15 de junio de 1991, que arrancó con incidentes porque los concejales socialistas se sentaron donde decían que les correspondía y el presidente de la Mesa de Edad (Manuel García, hoy hermano mayor de la Macarena) amenazó con mandar a la Policía Local a desalojarlos. Al final la sangre no llegó al río, y Rojas Marcos pudo marcarse un discurso en el que ofreció diálogo a los grupos para superar los riesgos de 1993 tras una Expo con cuyos responsables (Jacinto Pellón como consejero delegado y Jesús Aguirre como comisario de Sevilla) mantenía unas pésimas relaciones. Ya investido regidor, lo primero que hizo fue rezar ante la Virgen de los Reyes, darse un pequeño baño de masas en la calle e irse a las chabolas de Torreblanca. Y así empezó su intenso mandato el que fue alcalde de Sevilla durante la Expo 92.


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