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El diagnóstico del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad como alivio

Un alto porcentaje de adultos valora la constatación médica de forma positiva por dos motivos: porque puede comenzar el tratamiento y porque confirma que sus problemas no son intencionales

25 feb 2017 / 20:52 h - Actualizado: 25 feb 2017 / 23:01 h.
  • El diagnóstico del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad como alivio
  • Silvia Domínguez Cotán, en su consulta. / El Correo
    Silvia Domínguez Cotán, en su consulta. / El Correo

La persona que viene ya ha buscado información en internet y sospecha que lo que lo que le pasa está reflejado en esa sintomatología muy general que aparece en internet. En un porcentaje muy elevado, esa persona, cuando recibe el diagnóstico lo que siente es alivio», fundamentalmente porque confirma que «lo que le pasa no es intencional». Los entrecomillados se refieren a adultos afectados por el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDA-H) y pertenecen a Silvia Domínguez Cotán, que sabe de lo que habla. Neuropsicóloga clínica y psicóloga sanitaria, realiza su labor en Neuropsique, centro ubicado en Dos Hermanas que está especializado en el diagnostico y tratamiento del TDA-H y los trastornos del aprendizaje.

Advierte la propia Domínguez Cotán, de todas formas, que conviene comenzar por el principio, porque el desconocimiento sobre el TDA-H es generalizado. Por ejemplo, se suele asociar a niños, pero se da también en adultos, al igual que otros problemas, a menudo englobados en la etiqueta trastornos del aprendizaje, un «concepto erróneo y amplio». «Se ha cambiado la categoría diagnóstica. Un adulto con un trastorno de aprendizaje es un adulto con dislexia que no se diagnosticó a edad temprana», resume Domínguez Cotán con afán pedagógico.

En el caso concreto del TDA-H, explica que «cada vez se hacen más diagnósticos en adultos». El motivo: que «los padres vienen a consulta para el niño y, a lo largo del proceso, identificas un TDA-H y entonces el padre te dice: ‘yo soy igual’». Apunta Domínguez Cotán que también acuden cada vez con mayor frecuencia adultos que llegan a su consulta porque tienen problemas de convivencia con su pareja.

Al hablar de TDA-H hablamos de «un trastorno que acompaña a la persona con un componente neurobiológico. No es un trastorno del comportamiento, ni de la educación. Es –reitera, porque insiste en que es importante– un déficit en el comportamiento neurobiológico». Por eso mismo, acompaña a la persona que lo sufre desde la infancia hasta la edad adulta, si bien la sintomatología cambia.

A Neuropsique acuden numerosos pacientes con problemas aprendizaje y TDA-H. A menudo, sobre todo en adultos, de forma discreta. «Son casos muy estigmatizados», resume Domínguez Cotán, que recomienda a quienes piensen que pueden tener alguno de estos trastornos que busque a un profesional especialista, «que haga un diagnóstico diferencial». En el caso del TDA-H, «lo que trasciende a la sociedad son muchos estigmas, muchos esquemas erróneos: que los niños con dificultades de aprendizaje van mal en los estudios, que los niños con TDA-H no hacen amigos, que son agresivos, que los padres medican a los niños...».

La sintomatología se puede resumir con tres palabras: desatención, impulsividad e hiperactividad. Con muchos matices, uno de ellos fundamental: cada persona TDA-H, como cualquier otra, tiene su personalidad. La sintomatología es tan similar porque procede de un déficit en el córtex prefrontal. De ahí que afecte a funciones cognitivas muy concretas.

El TDA-H en adultos es diferente al trastorno en niños. En parte porque hay una notable reducción de la sintomatología hiperactiva respecto al déficit de atención. En el paso de la infancia a la edad adulta disminuyen los síntomas de hiperactividad, que se pueden manifestar en inquietud, mientras que los síntomas de inatención se suelen manifestar en dificultades a la hora de llevar a cabo tareas (cumplir plazos de entrega, centrarse en un objetivo concreto...) que pueden afectar su funcionalidad en varios aspectos de la vida. En un adulto, resume Domínguez Cotán, «es más una sensación de inquietud».

Esa sensación, y los comportamientos que puede ocasionar, están en el origen de que muchos adultos acudan a consulta. «Muchos adultos llegan por problemas a nivel laboral», cuenta Domínguez Cotán, que habla de la posibilidad de que estas personas muestren un comportamiento impulsivo o de desatención. «Lo normal es que lleguen por problemas en el trabajo o la pareja», amplía.

A partir de ahí, el profesional realiza un diagnóstico. Incluirá a la persona como TDA-H con el criterio de que el trastorno le afecte a su vida familiar o académica –o laboral, en el caso de adultos–. Anteriormente se requería afección en las dos áreas, hoy sólo en una de ellas.

Una vez que tiene el diagnóstico, el adulto puede empezar su tratamiento. «Básicamente se sustenta en terapia cognitiva conductual. Yo siempre recupero, refuerzo las funciones ejecutivas. Se reeducan funciones como la atención, la memoria de trabajo, el autocontrol, las habilidades sociales y, en muchísimos casos, la autoestima, que está afectada», cuenta.

Existe la posibilidad de que el paciente requiera el uso de medicación. El diagnóstico distingue tres tipos: inatento, hiperactivo y combinado, que es el más frecuente; y diferentes niveles: leve, moderado o grave. «En casos leves, no suelo recomendar medicación, con la terapia se avanza mucho. En diagnósticos graves y moderados, cada vez más adultos están tomando medicación», aporta Domínguez Cotán.

En el tratamiento de TDA-H, aparte de la terapia cognitiva conductual, también se trabaja la relajación, y otra parte del tratamiento es la «psicoeducación» de las familias. «La solución de las personas que viven con esta situación pasa por saber manejarla, más que nada los comportamientos asociados a esta sintomatología», de ahí la importancia de ofrecer esas pauta a la pareja, a la familia, al entorno más íntimo. En el caso de problemas laborales asociados al trastorno resulta complicado acceder al entorno, porque lo más frecuente es que las personas diagnosticadas no quieran hacer público su trastorno.

El inicio de la terapia requiere tiempo y dedicación. Al principio, lo normal suele ser una sesión semanal, habitualmente durante seis meses, «porque se sabe que es lo que mejor resultado da. La terapia es como un entrenamiento cerebral. No sólo mejoran las funciones que hay que mejorar, las deficitarias, sino que se sabe por estudios realizados que genera cambios de nivel cerebral». Más adelante, el paciente acudirá a revisiones con una periodicidad menor.

Más allá de la actuación del psicólogo, aquí neuropsicóloga especializada, en la terapia son muy importantes los factores socioculturales. En el caso de los adultos, el primer paso es la educación del paciente y del entorno más cercano, siempre con el apoyo y la labor del profesional. Todo con el objetivo de llevar una vida como la de cualquier otra persona.


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