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El enigma de los templarios en Sevilla

La Orden del Temple, de los Caballeros Templarios, lejos de ser un mito o parte de una leyenda de la Edad Media es una realidad de la que se guardan, incluso, las actas de su sorprendente e injusto juicio

09 sep 2017 / 23:37 h - Actualizado: 10 sep 2017 / 08:56 h.
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Su nombre real era Orden de los Pobres Compañeros de Cristo y del Templo de Salomón siendo fundada entre los años 1118 y 1119 por aguerridos caballeros que se juraron proteger los santos lugares estando comandados por Hugo de Payns luego de la Primera Cruzada. La protección de los Santos Lugares, los Caminos que llevaban a las ciudades claves para la Cristiandad –como Jerusalén– o la vida de los peregrinos eran el objeto de su defensa. Tuvieron una gran importancia y fue reconocida por el patriarca latino de Jerusalén Garmond de Picquigny.

Una vez aprobada la Orden por la Iglesia católica, tras el Concilio de Trento, en 1129, el número de caballeros enrolados en la misma creció de forma abrupta y su poder con ello, siendo su emblema, una cruz paté roja sobre fondo blanco, todo un símbolo respetado y temido. Eran bravos luchadores que también dedicaron una buena parte de su actividad a los negocios bancarios siendo considerados como los prestamistas de Europa en una red financiera de una importancia tal que se considera como la banca precursora. Aquí estribó su auge y su final, habiendo prestado fuertes cantidades económicas al rey de Francia Felipe IV –a cuyo pago no podía hacer frente– se urdió la trama, entre la monarquía francesa y las presiones al papa Clemente V, de una acusación de herejía que muchos confesaron bajo tortura... El resultado final fue que la Orden del Temple fue suspendida hacia 1312 y muchos de aquellos caballeros templarios quemados en la hoguera, como ocurriera con el Gran Maestre templario Jacques de Molay el 18 de marzo de 1314.

La Orden del Temple en la ciudad de Sevilla

Pero la Orden del Temple tuvo una gran importancia en otros lugares dentro de Europa, al sur de Francia. En España, en 1229, conquista Andújar a los musulmanes, ya se tiene constancia de la presencia de los Templarios en nuestra comunidad autónoma, así el freiré Bernardo de Aguilera organizó en la ciudad una cofradía de nobles Caballeros Templarios de Santa María, teniendo por misión piadosa la redención de los cautivos. A partir de ese momento son muchas las referencias templarias en Andalucía. El 29 de junio de 1236, caída Córdoba que ya es cristiana, Fernando III El Santo otorga a los caballeros Templarios 330 hectáreas en la Cerca del Fontanal y pueblos como Castro del Río. Desde ese momento el monarca castellano llevaría siempre consigo huestes templarias, que resultarían de gran ayuda en la Reconquista.

Durante la Reconquista del rey santo se toman Jaén, Córdoba, los reinos de Granada y Niebla, en Huelva, y Sevilla. Sería en la ciudad hispalense donde Fernando III lucharía con el caudillo Axataf, una ciudad que estaba bien defendida y protegida por sus murallas, las cuales mantendrían el control de la ciudad en manos musulmanas durante dos años. Los siete kilómetros de murallas más Barbacana y el río hacía que fuera realmente difícil su conquista y por ellos el rey y sus tropas, incluidos los caballeros Templarios fueron tomando otras poblaciones que servían para aislar y cercar a los musulmanes, tales como los reinos de Niebla, La Rábida, Lepe y Villalba del Alcor. Se tiene constancia de la muerte del Maestre Templario Don Martin Martins en una de aquellas batallas.

Pero todo tendría su momento y Sevilla cayó en manos cristianas convirtiéndose en una referencia en el sur de España. Los Templarios tuvieron una destacada participación en su conquista y permanecieron en Sevilla más de seis décadas, como consecuencia de sus valerosas acciones en la toma de la ciudad Fernando III concede a la Orden del Temple importantes posesiones en la ciudad así como un espacio con jurisdicción propia o casa compás.

La Orden ayudó a Fernando III en la reconquista del reino de Sevilla, si bien lo hizo con menor presencia que otras órdenes militares como la de San Juan, Santiago o Calatrava. Todas estas órdenes recibieron propiedades en el territorio perteneciente al Reino de Sevilla. Los caballeros templarios establecieron fortalezas en Jerez de los Caballeros y Fregenal (principales enclaves templarios de la época), que en aquel entonces pertenecían al reino de Sevilla. También tomaron los castillos de Alcalá de Guadaíra y de Alcalá del Río.

Tras el asedio y caída de la ciudad en 1247 lo caballeros de la Orden del Temple se asentaron en el barrio de San Bernardo y en los actuales jardines de la Buhaira, si bien también era el campamento que tuvieron antes de ese mismo asedio y su toma de Sevilla por la Puerta de la Carne. Curiosamente el barrio de San Bernardo está dedicado al abad Bernardo de Claraval, fundador de la Orden Cistercense cuyo peso fue decisivo para la realización de la Segunda Cruzada y confeccionó las primeras reglas internas de la Orden del Temple.

El Gran Maestre Pedro Álvarez Alvito, participó en otras grandes conquistas para los cristianos y la unidad de aquella proto-España, con un ejército bien pertrechado y con mucha experiencia, de más de medio millar de hombres, son decisivos e importantes en otras ciudades como Murcia o Jerez de los Caballeros. La Orden del Temple además se hacía acompañar de artesanos y servicio haciendo un número importante entre el ejército del rey. Seguían sumando victorias y así nuevas posesiones forman parte de su recompensa de guerra, en el Aljarafe de Sevilla son diversas las propiedades que se les otorga: «Los vestigios de la Orden en Sevilla son, hoy por hoy, nulos. No se reconoce ningún edificio como antigua residencia Templaria. Sin embargo, la aportación en hombres de la Orden del Temple a la conquista de Sevilla, no fue precisamente despreciable», decía el experto Fernando Vázquez Brea.

La importancia del Temple en el Reino de Sevilla sería muy destacada y para ellos se establece una estrategia particular en cuanto a su expansión teniendo un triángulo básico en sus vértices.

El primer vértice sería el formado por el eje Sevilla-Fazialcazar que se dibujaba entre la capital de hispelense, Utrera y Los Molares, de vital importancia de la alquería de Gozín, por las rentas cobradas y la tarea de abastecimiento de viandas para las tropas y lugareños. La correcta gestión de estos recursos hizo que destacaran como excelentes administradores.

El segundo eje es el formado por La Rábida–Saltés–Lepe, era la salida natural al Atlántico, la vía de escape por las costas de Lepe, siempre tuvieron esto muy en cuenta, en Francia gozaron de la vía marítima con el puerto de La Rochelle, y aquí imitaron esta estrategia.

El tercer eje es el de Campos de Tejada–Villalba del Alcor, destacando la Hacienda de Refañana, abastecimiento de la posesión de Villalba, y su extensión a otras zonas limítrofes de los Campos de Tejada como la hoy Castilleja del Campo, Escacena y Paterna. Todo en una estrategia de toma de enclaves de un gran valor.

En Sevilla, las posesiones que otorga el rey Fernando III están en lugares destacados de la ciudad como la zona de la Pajarería, hoy calle Zaragoza, y la extensión entre el límite de la Huerta de San Francisco y el Convento-Cuartel de la Orden Templaria, así la laguna de la Pajarería, el convento, la Huerta de San Francisco, la zona de caseríos o los accesos a la antigua muralla eran zonas de influencia templaria. Se cree que la casa compás del Temple en Sevilla ocuparía lo que hoy es calle Zaragoza número 60. Los restos que quedan del compás son la casa de Santa Teresa y la calle Mesón de los Caballeros (añadiendo «del Temple»).

Evidentemente lo que encontramos hoy es muy diferente a lo que se podría encontrar allí en el siglo XIII pues el edificio actual data del siglo XVII, del año 1663, es probable que se edificara sobre los restos de este. Igualmente el Hospital de la Caridad se encontraba dentro de las posesiones de la Orden del Temple en Sevilla y parte de la casa del Temple se utilizara como auxiliar en la construcción del recinto sanitario histórico en la ciudad. Por ello se puede encontrar en su interior lápidas con el lema de los templarios en el interior del mismo: «Non nobis Domine non nobis sed Nomini Tuo da gloriam» («No a nosotros, oh señor, no a nosotros sino a tu nombre da gloria») y en el arco de entrada la iglesia. Incluso el mismo Miguel de Mañara, caballero y benefactor de Sevilla, pertenecía a la Orden de Calatrava donde muchos caballeros Templarios se integraron tras la suspensión de la misma por orden del papa Clemente V.

Igualmente en Sevilla se tienen más pistas de los Templarios en la ciudad, fueron piezas importantes en la construcción de la Catedral y de su financiación, tanto que en los muros de esta, interiores, podemos encontrar una serie de cruces paté, o patadas, que nos indican que la Santa Iglesia sevillana tiene y guarda un secreto importante. El secreto está en los símbolos, en aquello que pueden leer los iniciados pero no los profanos pese a tenerlo a la vista. En la misma planta de la Catedral de Sevilla encontramos la inscripción de la Cruz Latina en el rectángulo sagrado del Templo, pero hay más: sobre el octógono formado por las columnas del Coro y el Altar Mayor de la Catedral se dibuja una forma conocida... La Cruz del Temple.

Pero hay más, los caballeros Templarios portaban en sus batallas un trozo de madera de la cruz donde murió Jesucristo, curiosamente en Sevilla se crea la Hermandad de la Vera-Cruz en el año 1370 en el convento de San Francisco con el objeto de venerar y rendir culto al trozo de cruz; igualmente en plazas templarias, como El Viso del Alcor se veneraba, en hermandades, como La Lanzada, La Estrella y Los Dolores al Lignum Crucis como una importante reliquia.

Otro dato que no debe escapar es que el primer obispo de Sevilla era Templario, se trataba del infante don Felipe de Castilla –hijo de Fernando III– que está enterrado en la iglesia de Santa María la Blanca de Villalcazar de Sirga (Palencia) portando la indumentaria de Caballero de la Orden del Temple, además fue canónigo de Burgos y Toledo, abad de la Colegiata de Valladolid, abad-señor del Infantado de Covarrubias, se propuso a su persona como obispo de Osma y preconizado arzobispo de Sevilla.

Don Felipe de Castilla ingresó en la Orden del Temple con 18 años tras la conquista de Sevilla restaurándose la sede arzobispal en la ciudad y siendo él la cabeza visible de la misma pues había sido discípulo de san Alberto Magno y de santo Tomás de Aquino.

Hoy día la Sevilla templaria no es parte de un mito, de una leyenda, sino que es parte de una realidad histórica que tiene una profunda huella en la ciudad.

¿Hubo mujeres templarias?

Las reglas de las antiguas órdenes monástico-militares eran muy estrictas, tanto que se castigaba con la muerte a aquellos que fueran en contra de las normas establecidas dentro de ellas.

Son los textos históricos los que nos indican que no hubo mujeres templarias entendiendo a tales como aquellas damas templarias instruidas en el arte de la guerra, por contra su existieron mujeres piadosas que seguían a los caballeros templarios y que se encargaban de la labores de enfermería, costura, ganadería y cultivos. Inicialmente se indica que eran monjas, religiosas, las ocupadas de ello y también existe la vía de entender a estas como colaboradoras de los caballeros templarios en tareas en donaciones y encomiendas. En una sociedad tan feudalizada y machista no era concebible de una mujer guerrera o dama templaria pues el único caso de mujer al mando de un ejército lo tenemos en Juana de Arco y la polémica le atenazó hasta la hora de su muerte. Otro ejemplo de cooperadora de los templarios lo tenemos en una dama de nombre Azalais, dama de Rosellón, que se entregó «en cuerpo y alma» a Dios y a la Santa Caballería de Jerusalén entregando para ello su feudo en Villamolaque.

Las cooperadoras templarias tenían una relación indirecta con el Temple pues se encargaban de tareas caritativas y de recolección de donativos entre los nombres, como el caso de Juana, viuda de Ricardo de Chaldefelde de Inglaterra, la cual entregó sus votos como dama ante el Archidiácono de Wilshire, o la religiosa madre Inés, abadesa de Camaldules de Saint-Michael del Erno que afilió su persona y su comunidad para ayuda de la Orden Templaria. Así pues tuvieron un papel de segunda línea pero nunca tomando armas.

No obstante hay un documento que habla del coraje de aquellas acompañantes de los templarios, es en la batalla de las Navas de Tolosa, en dicho documento, árabe, se puede leer: «los contingentes templarios lucharon con gran coraje estimulados por las hazañas de sus compañeras» (documento árabe del siglo XIII del cronista Ibn Abi Zar), aunque la realidad es que es puesto en duda o, tal vez, se refieran al empeño en sus otras tareas ya indicadas.

Las mujeres tenían un papel fundamental dentro de la escala de creencias templarias, la defensa y veneración de la Virgen María o María Magdalena era fundamental, así pues la posibilidad de la existencia de «damas templarias» es alta siempre y cuando se acepte que su papel no era el mismo que los caballeros así como sus funciones.

En la propia regla de los templarios existía un texto en el que, dentro de sus artículos, se podía leer: «(...) de ahora en adelante, que ninguna dama sea admitida como hermana en la casa del Temple (...)» esto da a entender que en los primeros años de existencia de la Orden pudo haber damas que realizaron diferentes labores teniendo la consideración de afiliadas pero nunca como parte de pleno derecho de la Orden.

Hoy día los historiadores especializados en las conocidas como Damas Templarias tienen pocas dudas que se trataban realmente de monjas viviendo al margen de los hombres y con los que no tenían, obviamente, contacto carnal, incluso no poder besar a un mujer bajo la pena de la expulsión de la Orden Templaria.

Hoy día es usual ver dentro de las diferentes órdenes neo-templarias a damas en sus formaciones, el tiempo ha modificado las normas internas y muchas de estas derivadas de aquellas de antaño han rectificado sus planteamientos. En la actualidad las mujeres también disfrutan de este afán por conocer más, y mejor, los secretos y vida de los Templarios.


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