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El Heraldo abre las puertas de la ilusión

La magia inunda el centro de Sevilla para anunciar la llegada de los Reyes Magos, que «esta noche dormirán en el Aljarafe». Cientos de niños y adultos entregan sus deseos en forma de carta al enviado especial de Sus Majestades

Manuel Pérez manpercor2 /
04 ene 2019 / 20:23 h - Actualizado: 05 ene 2019 / 09:40 h.
  • El Heraldo Real, encarnado por Manuel Alejandro Cardenete, lanza un puñado de caramelos al aire. / Reportaje gráfico: Jesús Barrera
    El Heraldo Real, encarnado por Manuel Alejandro Cardenete, lanza un puñado de caramelos al aire. / Reportaje gráfico: Jesús Barrera

«¡El Heraldo ha llegado!». Con este grito de júbilo se presentó el Heraldo Real ante los cientos de sevillanos que se agolparon en la Avenida de la Constitución. Como marca la tradición, el enviado especial de los Reyes Magos llegó hasta el mismo corazón de Sevilla para pedir a su alcalde, Juan Espadas, las llaves de la ciudad a fin de que Sus Majestades puedan pasearse por la capital hispalense en la tarde de este sábado con la majestuosa Cabalgata.

El Heraldo abre las puertas de la ilusión
El Heraldo Real entregará las llaves a los Reyes Magos para que puedan entrar en las casas de todos los sevillanos a dejar sus regalos.

Y es que ya queda menos para que lleguen los Reyes Magos. Están a unos pocos de kilómetros de la ciudad. «Esta noche dormirán en el Aljarafe», advirtió el Heraldo Real, encarnado este año por el vicerrector de Posgrado de la Universidad Loyola Andalucía, Manuel Alejandro Cardenete, que a lomos de Cura, un caballo tordo de la Sierra Norte de Sevilla –de Cazalla de la Sierra, más concretamente–, recogió cientos de cartas en las que pequeños y mayores depositaron sus mejores deseos. «Dormid tranquilos, que este Heraldo Real entregará a Sus Majestades todos vuestros sueños», dijo Cardenete.

Y es que todos los años, por estas fechas, es cuando la magia de la ilusión, esa que brota de la inquebrantable fe en los Reyes Magos, inunda no solo las calles de Sevilla, sino los corazones de todos los sevillanos. Porque es ahí donde reside esa alma ávida de agarrarse a la esperanza, a la sonrisa de un niño que mira nervioso a sus padres mientras entrega su carta. «Todos seguimos teniendo un niño en nuestro interior y que jamás debemos perder», llegó a decir esta tarde el Heraldo Real.

El Heraldo abre las puertas de la ilusión
Un niño cuenta los caramelos que ha cogido al paso del Heraldo Real.

Tanto es así, que uno de los miembros de las huestes beduinas del Heraldo Real, el más antiguo de cuantos salen en la Cabalgata, confesó emocionado que había recogido una carta en la que un adulto pedía solamente salud para su familia. «Aun siendo adultos, todos se agarran a los Reyes Magos para pedir este tipo de cosas», contaba este beduino.

Aunque todas las cartas van a parar a las manos de Sus Majestades, el veterano beduino reconocía que siempre se quedaba con la copia de algunas cartas. «Cuando las leo... Hay verdaderas maravillas, tanto de niños como de adultos, que se aferran a esta ilusión», explicaba alzando la voz para hacerse oír entre el jaleo de las huestes beduinas. Porque, de un modo u otro, esta es la fuerza de los Reyes Magos, la ilusión que genera. Eso lo mueve todo.

El Heraldo abre las puertas de la ilusión
Unos adultos depositan sus cartas en el baldaquino del Heraldo Real.

Y vaya si lo mueve. Que se lo digan a los beduinos. Desde que se abrieron las puertas del Ateneo, los beduinos hicieron de Sevilla una inmensa fiesta. Desde algún que otro balcón de la calle Cuna, adornados muchos de ellos con globos, caían confetis, serpentinas e incluso ese espray que emula copos de nieve. La gente gritaba enfervorecida e incluso bailaba y cantaba acompañando así a la Agrupación Musical Nuestra Señora de los Reyes, con su clásico repertorio navideño.

El Heraldo abre las puertas de la ilusión
Balcones adornados de manera festiva para recibir al Heraldo Real.

La magia volaba por el ambiente. Por la calle fluía una extraña, pero agradable, sensación en la que uno se sentía niño entre tanto adulto. Una sensación que podía adivinarse en los rostros de los padres al levantar al vuelo a sus hijos para depositar la carta en el baldaquino real. Una sensación indescriptible, pero que lo contagiaba todo de alegría e ilusión. Una sensación que este sábado llegará a su culmen cuando Sus Majestades recorran las calles de Sevilla. Porque, al final, por estas fechas, todos queremos volver a ser ese niño que fuimos para mirar cara a cara los Reyes Magos y empaparse de su ilusión.


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