domingo, 16 junio 2019
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«El juicio fue un mal trago, la fiscal fue muy quisquillosa»

Caluroso recibimiento en Santa Justa a los tres bomberos sevillanos juzgados en Lesbos por tentativa de tráfico de personas. «Mientras siga el problema estaremos»

10 may 2018 / 19:49 h - Actualizado: 10 may 2018 / 20:37 h.
  • Julio Latorre, Quique Rodríguez y Manuel Blanco posan delante de sus compañeros de Proem Aid. / Manuel Gómez
    Julio Latorre, Quique Rodríguez y Manuel Blanco posan delante de sus compañeros de Proem Aid. / Manuel Gómez
  • Latorre abraza a un familiar al llegar a Santa Justa, en presencia de su compañero Rodríguez. / Manuel Gómez
    Latorre abraza a un familiar al llegar a Santa Justa, en presencia de su compañero Rodríguez. / Manuel Gómez

Al filo de las 17.20 horas pisaban suelo sevillano, por fin, Manuel Blanco, Julio Latorre y Enrique Rodríguez, los tres bomberos que el pasado lunes eran absueltos en la isla griega de Lesbos de una tremenda e injusta acusación de tentativa de tráfico de personas mientras realizaban labores humanitarias en el mediterráneo allá por enero de 2016.

Unas 200 personas, entre ellos muchos compañeros suyos de la ONG Proem Aid, con sus ya famosas camisetas naranjas, aguardaban su llegada en la estación de Santa Justa portando pancartas de bienvenida y celebración del desenlace: «Manuel, felicidades por tu victoria. ¡Ya estás en casa!», rezaba una de ellas, en alusión al más veterano del trío, de 47 años, que volvió a ejercer de portavoz ante los medios de comunicación para asegurar que «lo único que hicimos fue ir a un lugar donde hombres, mujeres y niños morían ahogados al intentar escapar de la guerra. No queremos que se olvide eso», recalcó Blanco, que insistió en la idea de que «el motivo por el que fuimos sigue existiendo. Seguimos condenados a salvar vidas, queremos seguir siendo las manos en el mar de todos aquellos que quieren ayudar y evitar que mueran personas cuando huyen».

El bombero hizo hincapié en el valor de la sentencia absolutoria, ya que «Manuel, Julio y Quique hemos salido, pero se estaba juzgando a personas que ayudaban, se intentaba penalizar la solidaridad, criminalizar la ayuda humanitaria. Y esta sentencia demuestra que salvar vidas no es delito». Es por ello que tiene muy claro que volverá al mar a ejercer su rol solidario: «La idea es que sí, mientras siga el problema estaremos. Creamos esto como una herramienta de profesionales para solucionar el problema. Realmente si apuntamos el foco al origen que hace que las personas salgan, quizás todo nos iría un poquito mejor», señaló.

Sus compañeros son de la misma opinión. Latorre, de 34 años, contestó que volverá «sin duda. Esto ha sido un pequeño bache, ya está superado y ahora a liarnos otra vez la manta a la cabeza y a buscar nuevas aventuras», mientras Rodríguez, el más joven (32), declaró: «A pensar ya en nuevos proyectos. A ver cuándo se puede volver al mediterráneo, esperemos que cuanto antes y a seguir ayudando a esas personas que son las que realmente lo necesitan», ya que cuando han retornado a Lesbos han experimentado una sensación «un poco agridulce porque al llegar allí, al revivir un poquito, ves que los refugiados siguen llegando, siguen ahogándose. La sensación es que descansamos nosotros pero el problema no se acaba», admitió.

Blanco, Latorre y Rodríguez, eso sí, sintieron al llegar a Sevilla un gran alivio y una alegría inmensa: «Estamos superabrumados», dijo Blanco antes de agradecer el apoyo a las familias, «que han estado con nosotros incondicionalmente», a las diversas instituciones (Gobierno de España, Junta de Andalucía, pues «la consejera de Justicia [Rosa Aguilar] hizo unas declaraciones clave en nuestro favor», Parlamento de Andalucía y Ayuntamiento de Sevilla), y «a tantas y tantas personas que de manera anónima nos han mandado su abrazo a través de las redes sociales», pues «nos habéis llevado a través de vuestra energía».

LA CABEZA MUY TRANQUILA

Julio Latorre recordó que «hace un par de años en el aeropuerto fue también superbonito el recibimiento, y hoy se repite. La verdad es que estos malos ratos que hemos pasado se compensan con creces», explicó antes de ponerse más serio para revivir el juicio del lunes: «La verdad es que tenía mi cabeza muy tranquila y sabía que todo iba a salir bien. Pero el juicio fue muy duro psicológicamente, muchísimas horas, muy quisquillosos, preguntas muy enrevesadas... fue un mal trago». Latorre insistió en que «fue criminal, la fiscal utilizando un tono muy agresivo, la verdad es que uno no está acostumbrado a esas situaciones».

Similar impresión tuvo Quique Rodríguez, que admitía que de entrada «estábamos supertranquilos en el sentido del trabajo que realizábamos, pero al final dependía todo de una decisión que iba a cambiar nuestra vida, que nos hemos ganado opositando». Durante el juicio, en cambio, lo pasó mal: «Nosotros lo esperábamos más light, por decirlo de alguna manera. Estaba muy claro y el abogado nos decía que no había caso. Pero la verdad es que la fiscal se ha esmerado», dijo irónico.

Un mal trago en toda regla que por fin se disipó cuando la jueza leyó la sentencia que les declaraba libres de todo cargo: «Fue un momento muy emotivo. Todo era en griego y el 90 por ciento de la sala no hablaba en griego, entonces esperábamos a lo que iba diciendo el traductor. Y cuando vimos la cara de felicidad que puso, todo el mundo empezó a gritar lo que le salía del alma y hubo hasta lágrimas».


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