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«El parque ya ganó 40 hectáreas en 2014; no hay más planes de crecer»

Aterrizó en la dirección del Parque del Alamillo este pasado verano para reemplazar a Adolfo Fernández Palomares. Este granadino llega con mil proyectos e ideas para que esta zona verde siga consolidándose como referente de los parques andaluces

13 feb 2016 / 20:34 h - Actualizado: 13 feb 2016 / 20:45 h.

{Llegó en pleno verano, con la polémica del apeo de 600 pinos aún candente, pero sin hacer ruido su mano se está empezando a notar y para bien, en las 120 hectáreas del parque del Alamillo.

¿Qué balance hace de estos primeros seis meses?

—Muy positivo. Hasta ahora había trabajado redactando proyectos y planificando obras y cambiar al otro extremo del mantenimiento día a día, las actividades y la gestión, resulta muy gratificante. Me he encontrado un parque extraordinario, si no el mejor de los mejores de Andalucía, que se hizo muy bien y con un equipo que lleva muchos años, está rodado y funciona magníficamente.

Sustituir a Adolfo Fernández será un reto imponente.

—La verdad es que el parque es lo que es gracias a Adolfo. La valoración que tienen los usuarios es muy alta y es fruto de su trabajo y su dedicación, estaba aquí siempre al pie del cañón. Espero igualarlo o que no empeore nada.

¿Cuál está siendo la base de su política de gestión?

—El objetivo y a lo que se tiene que dedicar el parque fundamentalmente es a que la gente que venga aquí a pasar el día o a visitarlo salga contenta. Quiero comprobar de verdad el grado de satisfacción de los usuarios y hemos preparado un sistema de encuestas que se van a hacer por internet y presencial con unas tablets.

¿Qué problemas principales ha detectado desde su llegada a la dirección?

—Hay un tema que me preocupa y es la idea de compatibilizar múltiples usos y actividades dentro de un parque que es muy grande. Aquí vienen deportistas, familias con niños chicos, ciclistas, patinadores, gente que viene a sentarse en un banco a leer un libro... Un asunto que estamos intentando controlar es la música y el sonido, quiero que al menos dos tercios del mismo sean libres de ruidos.

El parque tiene ya unas 120 hectáreas, no habrá planes de ampliación a la vista...

—Sí, en 2014 se añadieron 40 hectáreas de naranjos y no hay planes de crecer. Eso sí, esa zona que se amplió se ha abierto al público con caminos, pero no tiene iluminación ni agua potable, hay pocas zonas de estancia, muy pocos bancos... es un déficit que queremos corregir en cuanto haya presupuesto. La idea es convertir todos los naranjales (hacia San Jerónimo y bajo el puente) en praderas para permitir el paseo.

¿Qué más cosas hay que subsanar con urgencia?

—Está dando problemas la iluminación, porque hay instalaciones que tienen ya 25 años y surgen derivaciones. Y sobre todo queremos rebajar el consumo de energía; estamos preparando un proyecto de modificación de la luminaria con luces de bajo consumo. Como decía antes, la entrada desde San Jerónimo está sin luz y vamos a iluminar al menos hasta la pasarela con placas solares. Está presupuestado y espero que este año esté ejecutado.

El cortijo también se ha remozado y pintado...

—En el cortijo están disponibles para colectivos un salón de actos, la biblioteca, dos salas grandes... y la parte de atrás se ha arreglado y han quedado varias habitaciones para cualquier asociación que necesite locales. Quiero potenciar el uso del parque como espacio para hacer actividades sobre todo con escolares.

La biblioteca ahora mismo no está en uso, ¿verdad?

—No se está usando, pero espero que esta semana se terminen de catalogar todos los libros que tenemos de donaciones para dejarla abierta al público y que puedan venir estudiantes que la usen como sala de estudio y que los libros sean consultados por cualquier usuario.

Las zonas de juego infantiles están en casi perfecto estado pese al tiempo...

—Es encomiable el mantenimiento que han tenido y que sigan en buen estado y funcionando bien. Todo gracias al personal del parque: hay dos operarios que se dedican día a día a revisarlo. Los fabricantes de los columpios vinieron de Finlandia porque no terminaban de creerse que estuvieran funcionando después de 25 años. La normativa ha cambiado y aconseja ya ir pensando en cambiarlos. La idea es mantener las tres zonas pero hacer una estructura nueva que sea más atractiva para los niños, que las actuales están muy vistas. Hay gente con 25 años que empezaron a jugar aquí.

¿Y hay presupuesto para tantas cosas?

—Hay tantas cosas por hacer que hay que priorizar. El presupuesto está justo y hay que hacer las cosas una detrás de otra. Además, el personal de mantenimiento del parque es el mismo desde que llegó Adolfo, pero casi se ha triplicado la superficie. ~


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