domingo, 21 abril 2019
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El placero: una profesión en peligro de extinción

Negocio familiar. La brusca caída
de las ventas interrumpe el relevo generacional detrás del mostrador

Manuel J. Fernández M_J_Fernandez /
24 may 2017 / 06:42 h - Actualizado: 24 may 2017 / 06:42 h.
  • Los mercados requieren mejoras para adaptarse a las personas con movilidad reducida y mejorar así su clientela. / Fotos: Manuel Gómez
    Los mercados requieren mejoras para adaptarse a las personas con movilidad reducida y mejorar así su clientela. / Fotos: Manuel Gómez
  • Rosa Vázquez, en su joyería en el mercado de la Encarnación. / El Correo
    Rosa Vázquez, en su joyería en el mercado de la Encarnación. / El Correo
  • Adolfo José González lleva 50 años al frente de esta pescadería del Tiro de Línea en la que también trabaja su hija.
    Adolfo José González lleva 50 años al frente de esta pescadería del Tiro de Línea en la que también trabaja su hija.
  • Clientes en el mercado de la Encarnación.
    Clientes en el mercado de la Encarnación.

Lo suyo es un ejercicio de supervivencia diaria. Levantarse a las tres de la madrugada, ir a Mercasevilla, cargar y descargar cajas, montar el puesto y atender a la clientela hasta pasadas las tres de la tarde. Casi 12 horas de intenso trabajo que no siempre tienen reflejo en la caja al final del día. En especial, en los últimos años en los que la crisis se ha conjurado con el envejecimiento progresivo de la población y los nuevos hábitos de consumo (proliferación de grandes superficies y/o compra on line) hasta hacer tambalear los firmes cimientos de este negocio tradicionalmente vinculado al núcleo familiar. Con bruscas caídas de ventas –en algunos casos de hasta el 70 por ciento– se dibuja un futuro incierto para el placero, una profesión en peligro de extinción.

En el mercado del Cerro del Águila, María José recuerda aquellos años en los que los puestos pasaban de padres a hijos como aval de un porvenir seguro. Es lo que le ocurrió a su esposo, Andrés, tras el mostrador de la frutería familiar. «Todos pensábamos que nos jubilaríamos aquí pero ahora estamos con las carnes abiertas», lamenta al afirmar que las cuentas no son como hace 30 años cuando la clientela diaria –sobre todo amas de casa– acudía a llenar la cesta para dar de comer a una familia numerosa.

La situación es tal que ha desencadenado en una ruptura del relevo generacional que ha reinado en el mostrador durante décadas. «Me he esforzado por que mis hijos estudien y se formen en otros oficios porque no corren buenos tiempos. Sobrevivimos a duras penas: Pagamos todo y medio comemos cada mes», confiesa María José López, que apunta que en el Cerro del Águila solo queda un caso de herencia de los 18 comercios que están abiertos en estos momentos. Sergio es la tercera generación de Bacalao Manuel Gutiérrez, una tienda emblemática de bacalaos y conservas. «Hay que ser optimistas. Es una profesión muy bonita. Ofrecemos un trato cercano a la hora de comprar. Somos todos una gran familia», explica quien el próximo julio va a ser padre.

También hay valientes en el Tiro de Línea. Adolfo José Rodríguez llegó hace 50 años para continuar con la pescadería que tenía su padre en la Encarnación y que éste a su vez había recibido de su padre. No lo había previsto pero no lo quedó otra. «Estudié Industriales y acababa de llegar del Ejército, cuando tuve que echar una mano porque mi padre entró en depresión». Con apenas 21 años empezó de cero en un puesto nuevo pero con una demanda diaria. «Eran otros años. El pescado era un segundo plato obligado o cena en todas las casas». Entonces, insiste, se vendían por kilos y no por unidades como ahora. «El público ha pasado a ser más elitista. Requiere de una preparación y hay que especializarse. Ahora me llegan a pedir seis chirlas y cuatro gambas», revela este comerciante o minorista, como le gusta que le llamen, que también señala un descenso, «solo un 10 por ciento de las ventas de los años 70 y 80».

Aún así uno de sus tres hijos ha decidido dedicarse a esto. Desde hace un tiempo Ángela acompaña a su padre pese a que éste tiene dudas: «No lo veo para ella. Es una profesión muy dura: de muchas horas y de muchos esfuerzos con continuas cargas y descargas de cajas de pecado. No quiso estudiar, dice que quiere estar conmigo», se sincera mientras pone en valor la calidad del género que se dispensa en los mercados sevillanos: «Son productos frescos, muy apropiados para la dieta sana y saludable que se impone en nuestros días entre los jóvenes».

De esta misma opinión es María José. «Muchas veces veo que cualquiera entiende de frutas o de pecado, y no es así. Quién quiera un buen producto, que no se lo piense, y que vaya a la plaza de abastos de su barrio. Ahí seguro no se la juega».

Sin embargo, parece ser que la calidad no es suficiente para seguir adelante. En este sentido, hay quien echa mano de la historia y recuerda la evolución vivida en los últimos veinte años en la búsqueda de nuevas fórmulas de supervivencia. «En los ochenta y noventa se abrió el abanico a otras tiendas que no eran solo carne, pescado y fruta. Hace unos años se han incorporado también bares y establecimientos gourmet». Para Adolfo José, con 71 años de edad y una vasta experiencia en mercados, el futuro tiene un único camino. «Solo nos puede salvar el concepto gourmet y la especialización. No veo otra. Tenemos que adaptar nuestras plazas de abastos a los nuevos tiempo, compaginado lo tradicional y lo innovador». En esta misma línea se han pronunciado en la calle Feria, donde se localiza el mercado más antiguo de la ciudad nacido para dar suministro a la ciudad tras la contienda de la Guerra Civil. «Que el que venga que encuentre algo que no hay en otro sitio: pecado fresco u otra cosa. Eso y adaptarse a los nuevos horarios y abrir por las tardes», exponen convencidos en esta céntrica plaza. Sin embargo, algunos ya han emprendido este camino. Es el caso de Triana, donde ha llegado a haber «lista de espera» para solicitar puesto después de que la rehabilitación del edificio haya venido acompañada de la incorporación de otras ideas, como bares, tiendas delicatessen y sesiones de teatro por las noches. «La verdad que ha reflotado la plaza, sobre todo con la apertura por las noches», afirman desde los puestos.

Precisamente la ampliación del horario ha sido objeto de debate en la Encarnación. En más de una ocasión se ha tratado en las reuniones de los 37 comercios abiertos. No siempre se ha logrado, salvo casos puntuales en periodos concretos como Navidad. Rosa Vázquez tiene desde hace años una tienda de joyería moda y complementos. Subraya la necesidad de facilitar el acceso en coche al centro para promover la actividad en el mercado: «Hace falta aparcamientos para que la gente pueda venir a comprar nuestros productos de primera calidad». Rosa y Juan Carlos –actual presidente del mercado– son dos de los cinco hermanos que quedan activos al frente de los negocios derivados de la antigua recova que tenía su padre, Antonio Vázquez, en el antiguo mercado. Algunos dejaron el legado familiar para iniciar otros proyectos.

Para adaptarse a los nuevos tiempos, los placeros de la Encarnación van a poner en marcha una pionera página web del mercado. En ella, además de dar a conocer los puestos, se ofrece la posibilidad de realizar compras on line con envío a domicilio. Es uno de los salvavidas a los que se agarra una profesión que palpita gracias a la voluntad de un puñado de emprendedores abnegados a dejar morir la tradición de comprar en el mercado como lo hacían las abuelas.


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