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El salto de los hoteles en la ‘edad de oro’ del turismo

La oferta hotelera se ha ampliado en poco más de mil plazas en una década, aunque la bonanza del destino Sevilla desde 2015 atrae nuevos proyectos tras unos años de cierto hastío

Iñaki Alonso @alonsopons /
24 abr 2017 / 06:59 h - Actualizado: 24 abr 2017 / 07:58 h.
  • Un ciclista transita por delante de la fachada principal del céntrico Hotel Meliá Colón. / Gregorio Barrera
    Un ciclista transita por delante de la fachada principal del céntrico Hotel Meliá Colón. / Gregorio Barrera

Sevilla sacó brillo hace dos años a ese escaparate turístico que, durante varios años y debido a la persistente crisis, seguía en color sepia. Pero llegó 2015, donde el viento económico, al menos en términos de viajeros, viró para la capital hispalense. «El año 2015 marcó un antes y después en cuanto a números turísticos. Se rompió la barrera de la crisis y se alcanzaron grandes cifras en todos los parámetros». Esa lectura la realizó la semana pasada la Asociación de Hoteleros de Sevilla, cuando se reunió para hacer balance del ejercicio 2016. Pero no es oro todo lo que reluce. La edad de oro del turismo sevillano no se traduce, por el momento, en más beneficios. «No es todo óptimo», recalcan los hoteleros, que saben de su peregrinaje en los años de crisis, en los que primero abarataron la oferta y, después, redujeron las plazas disponibles en la provincia. Por eso, para el empresario todavía hay margen de crecimiento tanto en precio medio como en rentabilidad. Lo mismo piensan los sindicatos, que machaconamente reivindican que el incremento de turistas no se traduce, al menos en similares porcentajes, a la creación de nuevos puestos de trabajo en las cadenas hoteleras.

La oferta hotelera, de hecho, apenas se ha incrementado en diez años en la provincia: apenas un 4 por ciento, lo que se traduce en 1.320 plazas y 15 hoteles más desde 2006, según los datos oficiales que maneja la Consejería de Turismo. Pero peor escenario arroja si sólo se coge como vara de medir desde 2010 hasta ahora. Aquel año, los hoteles tocaron techo con 210 hoteles y 26.218 plazas en la provincia. Y, salvo un leve repunte en 2014, la caída ha sido, en seis años y con los mismos informes de la administración autonómica, del 5,6 por ciento (1.469 plazas menos). Pese a todo, en el último año sólo se perdieron 110 plazas en la provincia, donde se atisba un cambio de rumbo, más si cabe con el desembarco anunciado de nuevas cadenas hoteleras que están edificando en el centro de Sevilla.

Precisamente en la capital arrojan datos dispares a los de la Junta e incluso más optimistas. El Consistorio contabiliza, al cierre del pasado ejercicio, 218 hoteles –más que la estadística autonómica para la provincia–, 10.798 camas y 21.660 plazas. Todos ellos números que se han incrementado con respecto a los años 2014 y 2015. El informe del Consorcio de Turismo muestra incluso que los hoteles de la ciudad han contratado a 3.433 personas que, según sus cálculos, suponen un 22 por ciento más que los registros de hace tan sólo dos años (2.812 empleados).

El empleo es, precisamente, uno de los lastres. Un informe reciente de CCOO indicaba que, si bien los viajeros aumentaron sobre un 41 por ciento desde 2008, eso en la práctica sólo ha generado 320 empleos en los hoteles, es decir, apenas un 8,48 por ciento. «La actual coyuntura sólo está dejando más dinero en los bolsillos de un puñado de empresarios», recriminó la secretaria general de Servicios del sindicato CCOO de Sevilla, Pepa Cuaresma.

Los aludidos –los hoteleros– tampoco están para tirar cohetes. Han tenido que abaratar los precios para contribuir al cambio de tendencia, lo que se traduce en un margen de beneficios limitado. El ingreso medio por habitación es de 61,3 euros, algo por encima de la media nacional y en crecimiento –un 12,7 por ciento más que en el año 2015. Sin embargo, Sevilla está por detrás, en rentabilidad, no sólo de Barcelona o Madrid, sino de San Sebastián, Palma de Mallorca o las vecinas Málaga y Cádiz, ocupando el séptimo lugar.

Para ello, una base es mejorar la oferta. La oferta hotelera ha variado, sobre todo, en calidad. Los establecimientos de una y dos estrellas han ido perdiendo protagonismo con respecto a los de tres y, sobre todo cuatro estrellas –un 8,1 por ciento más–. Un incremento que crecerá con los nuevos proyectos que están previstos en el centro y que, además, aspiran a tener una calificación idónea para emprender ese salto de calidad.


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