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El techo del mudéjar primitivo

El Alcázar culmina la restauración de la techumbre de la Sala de la Justicia, que fue parte del primitivo recinto musulmán y en el que residió Pedro I antes de levantar su propio palacio

24 mar 2016 / 23:54 h - Actualizado: 24 mar 2016 / 23:59 h.
  • El techo mudéjar de la Sala de la Justicia del Real Alcázar ya se encuentra totalmente restaurado tras varios meses de trabajo. / José Luis Montero
    El techo mudéjar de la Sala de la Justicia del Real Alcázar ya se encuentra totalmente restaurado tras varios meses de trabajo. / José Luis Montero
  • Durante los trabajos de restauración han hallado numerosos escombros, creando un microclima ideal para los xilófagos. También había «hongos» de un gran tamaño. / El Correo
    Durante los trabajos de restauración han hallado numerosos escombros, creando un microclima ideal para los xilófagos. También había «hongos» de un gran tamaño. / El Correo
  • El techo del mudéjar primitivo

Ha llevado meses de trabajo, más de medio año que luego se ha alargado, pero no deja de ser una gota de agua de tiempo en comparación con la historia que atesora esta estancia. El Alcázar ha terminado la restauración del hermoso techo de la Sala de la Justicia (o del Consejo, que también recibía este nombre), uno de los más veteranos del recinto palaciego porque pertenece a la primera estancia mudéjar que se construyó. De hecho, este pequeño espacio se levanta sobre lo que fue parte de las primitivas instalaciones musulmanas, de las que sobrevive el anexo Patio del Yeso (el punto más antiguo de todo el Alcázar), con el que establece una singular conexión que tiene al agua como protagonista.

La Sala de la Justicia, así bautizada porque era aquí donde los visires administraban justicia, es una estancia en la que se conjugan historia y leyenda. La primera dice que la manda levantar Alfonso XI, para celebrar así la victoria sobre los benimerines en la batalla del Salado, llave para la conquista de Tarifa. El combate tuvo lugar en el año 1340, y en 1350 sube al trono Pedro I, por lo que es en esta década cuando se construye. Es por ello que estamos ante el espacio mudéjar más antiguo del Alcázar, ya que todavía ni el propio Pedro I había puesto en pie su palacio.

Volviendo a la techumbre, su restauración ha tenido un presupuesto de 72.156 euros y ha permitido la consolidación estructural y química de una pieza de madera de traza ochavada. Sobre esta armadura se han encontrado numerosos escombros (entre ellos hasta una caja de cerillas que costaba cinco céntimos de peseta) que, según el informe tras la intervención, «aportaban peso y creaban un espacio con un microclima ideal para que actuasen los xilófagos», los insectos que devoran la madera. Había también «hongos de considerable tamaño y depósitos de todo tipo datados a finales del XIX y principios del XX».

Al margen de la consolidación estructural de toda la techumbre, se han colocado reposiciones en zonas perdidas, pletinas de acero para reforzar el conjunto, apuntalándose el muro de apoyo y la zona posterior de las yeserías. Unas yeserías que, junto al propio tejado en sí, aportan a la estancia una decoración a base de motivos vegetales y heráldicos (castillos y leones y el emblema de la conocida como Orden de la Banda). En definitiva, concluye el informe, «ha sido una labor de envergadura, poco visible en la distancia de la altura» de la zona de intervención, que ahora ha quedado estabilizada «para muchos años».

Pero decíamos antes que aquí se conjugan historia y leyenda, que en este caso llega del mito de que fue en esta sala donde Pedro I asesinó a su hermanastro Fadrique de Trastamara. De aquello quedaría el mudo testigo de unas supuestas manchas de sangre en la fuente central de la estancia, de la que mana agua que, por un canal en la propia habitación, lleva a la alberca del Patio del Yeso, el centro del corazón del Alcázar más antiguo.


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