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«El trasplante era una aventura; hoy una alternativa consolidada»

Los coordinadores del Virgen del Rocío destacan las mejoras técnicas y de los fármacos, junto a la evolución en el perfil del donante

05 jun 2017 / 14:33 h - Actualizado: 05 jun 2017 / 22:14 h.
  • De izquierda a derecha, Miguel Ángel Gómez Bravo, Rafael Medina y José Miguel Borrego.
    De izquierda a derecha, Miguel Ángel Gómez Bravo, Rafael Medina y José Miguel Borrego.

De 42 trasplantes en 1991 a 212 en 2016. Cinco veces más y en constante progresión. Una evolución imparable la de la actividad trasplantadora en el Hospital Universitario Virgen del Rocío de la que han sido partícipes y testigos privilegiados los actuales coordinadores de los distintos grupos de trasplantes (renal, hepático y cardíaco), con alrededor de dos décadas de experiencia. Los tres coinciden en señalar los enormes avances que se han producido en el terreno de las técnicas quirúrgicas o de los fármacos que ayudan a evitar el rechazo al órgano, así como en el perfil del donante.

Rafael Medina, responsable del equipo de trasplante renal, lo explica: «En los inicios y hasta hace una década el perfil del donante era el de joven que sufría una muerte por accidente de tráfico y, en menor medida, por hemorragia cerebral. Eso ha ido evolucionando y hoy día hay tres tipos de perfil totalmente diferentes: la muerte encefálica; a corazón parado o en asistolia, que es una persona que fallece en la calle y el dispositivo lo traslada rápidamente al hospital; y el donante vivo, normalmente con algún vínculo familiar».

Miguel Ángel Gómez Bravo, responsable de los trasplantes hepáticos, lo corrobora: «Hoy exploramos otro tipo de donaciones: en asistolia, de donante vivo, incluso con partición del hígado, de modo que de un único hígado se trasplanta a dos personas», explica.

Y de similar modo se expresa José Miguel Borrego, responsable de los trasplantes cardíacos del hospital: «Antes el 60-70% eran personas jóvenes, el típico accidente de moto. Ahora es un donante de más edad que fallece por causa cerebral. Sin embargo, los avances técnicos han permitido que los resultados no empeoren, al contrario».

Los de riñón fueron los primeros en realizarse, desde el año 1978, aunque Medina se incorporó en 1999. En estas dos décadas ha observado avances significativos «en el ámbito quirúrgico, ya que hemos incorporado técnicas de cirugía laparoscópica para extraer los órganos de personas sanas». Aunque también se ha progresado mucho «con los fármacos inmunoterápicos que mejoran la defensa del receptor para que no se produzca rechazo al órgano, que además tienen menos efectos secundarios». De modo que los resultados son «han mejorado exponencialmente».

Medina subraya que «en los últimos cuatro años hemos duplicado la actividad, fundamentalmente por las donaciones a corazón parado y de donante vivo». La cifra récord de 2016 (137) va camino de pulverizarse este año: «En cinco meses llevamos 82 trasplantes, hay una actividad frenética».

Para el responsable de los trasplantes renales, «las mayores satisfacciones las percibimos con los infantiles. Cuando un niño tiene una insuficiencia renal deja de crecer y su calidad de vida se resiente. Al ponerle un nuevo riñón retoma su actividad normal y vuelve a crecer. Eso es emocionante», concluye.

El primer trasplante de hígado en el Virgen del Rocío se practicó «el 7 de octubre de 1990», evoca Gómez Bravo, que ya estaba en el equipo. «En los inicios el trasplante era una aventura, hoy es una alternativa terapéutica consolidada. Ya llevamos 1.264 en todos estos años», dice antes de añadir que «con el de anoche ya van 34 trasplantes en 2017».

Uno de los grandes cambios a su juicio es que «toda la población tiene acceso a un trasplante en un centro cercano –en Andalucía se trasplantan hígados en Córdoba, Sevilla, Málaga y Granada–, si bien «el problema es que no hay hígados para todos», lamenta. Gómez Bravo recalca que «el trasplantado necesita medicación para toda la vida y los fármacos inmunosupresores han mejorado mucho», igual que «los tratamientos antivirales». En suma, «ha mejorado la técnica quirúrgica, el manejo anestésico, los pacientes ya casi no se trasfunden».

El responsable de los trasplantes hepáticos apela por último al «trabajo de coordinación para generar donantes», en el que hay «muchos profesionales implicados (anestesistas, enfermeros, conductores de ambulancia...)».

Los trasplantes cardíacos empezaron en el año 1991, con «una muy buena evolución. Hoy el trasplantado tiene una magnífica calidad de vida», destaca Borrego, que apunta a mejoras «desde el punto de vista quirúrgico, las técnicas de preservación del órgano, la circulación extracorpórea, los fármacos para el control de la hipertensión pulmonar, y para evitar el rechazo de órganos». «En 1992 los tratamientos eran muy agresivos y tenían efectos indeseables», como «infecciones sistémicas», añade.

El responsable de los trasplantes de corazón apunta otro cambio relevante, el receptor: «Casi el 50% son urgentes, en pacientes que tienen un mecanismo de asistencia ventricular, mientras antes estaban en lista de espera y venían de casa. Muchas veces no hay que correr, vale más la pena colocar un sistema provisional para que el paciente vaya al trasplante en mejores condiciones».

Los pacientes con cardiopatías congénitas complejas suponen «un reto importante», para el que «antes no había los recursos de ahora».

Borrego calcula que «realizamos entre 15 y 25 trasplantes al año. A diferencia de otros órganos, el corazón tiene que funcionar desde el principio y correctamente, es una bomba y no puede estar defectuosa. Antes el donante era un varón joven y sano y hoy puede ser una persona de 75 años cuyo corazón igual no es útil», lo que explica el estancamiento en este tipo de trasplantes.


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