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El turismo masivo como oportunidad y como reto

El Ayuntamiento explica que «aún hay capacidad de crecimiento» en Sevilla, aunque existen voces que hablan de la posibilidad de matizar el modelo turístico de la ciudad

22 may 2016 / 23:28 h - Actualizado: 23 may 2016 / 11:59 h.
  • La Puerta del León, entrada del Real Alcázar de Sevilla, atestada por la presencia masiva de turistas. / Manuel Gómez
    La Puerta del León, entrada del Real Alcázar de Sevilla, atestada por la presencia masiva de turistas. / Manuel Gómez

Sevilla no está en la situación límite de ciudades cuyas instituciones se plantean la búsqueda de soluciones ante la llegada de un número de turistas tal que no pueden asumirlo. Son capitales como Amsterdam, Venecia o Barcelona, o pequeños enclaves como la isla griega de Santorini. Sin embargo, en determinados lugares de la ciudad sí hay quien aprecia ya, justo en el mejor momento turístico de la historia de Sevilla, señales de saturación. Puede ser momento para pararse a pensar y debatir la manera en la que se debería gestionar ese turismo.

En 2014 se superó el límite de 1.000 millones de turistas en todo el mundo. La previsión para 2030 plantea como probeble la cifra de 1.800 millones. Es evidente que el turismo es un fenómeno global, que genera cerca del 10 por ciento del PIB mundial.

«Estar en contra del turismo es estar en contra del mundo en el que vivimos. No se trata de eso, se trata de buscar soluciones y alternativas a un modelo turístico que es muy agresivo», explica Javier Hernández, doctor en Antropología Social de la Universidad de Sevilla. Y lanza una pregunta extraña de escuchar: «¿Por qué plantear que está creciendo el volumen de turistas es necesariamente un dato positivo?».

El Ayuntamiento, por su parte, tiene clara su política turística. «Los objetivos son: captar más viajeros (...), incrementar la estancia media diversificando aún más la oferta turística y atrayendo a turistas de países de medio y largo radio con la búsqueda de nuevas rutas aéreas y desestacionalizando el sector –como está ocurriendo–». «En Sevilla no se dan problemas con la afluencia turística como se alega en otras ciudades», destaca el gobierno municipal. De hecho, «los indicadores turísticos y la capacidad hotelera» indican que «aún hay capacidad de crecimiento para el turismo en Sevilla».

En la línea de apostar por cierta regulación se expresó a comienzos de año el alcaide del Alcázar, Bernardo Bueno, preocupado por «lo que está ocurriendo en los puentes festivos en los que nos visita un número excesivo de personas, lo que hace que la presión sobre el monumento sea enorme». Han llegado a coincidir a la vez un número de visitantes «que es el doble de lo que nos gustaría». Baraja soluciones como establecer numerus clausus, prohibir los palos selfie o la entrada de visitantes con trolleys.

Coincide en parte en esta visión el presidente de la Asociación Sevillana de Empresas de Turismo (ASET), Gustavo de Medina. Los datos de los últimos años «son muy positivos, pero la cantidad y la calidad están reñidas a veces. El turista que está viniendo es de bajo coste». «El problema que está teniendo Sevilla es que su marca es enorme, y genera un flujo igualmente enorme. Puede haber una saturación, que la ciudad se resienta de un deambular de gente que no deja nada. Hay que trabajar en un turismo de calidad».

Sigue sobre la mesa la posibilidad de imponer una tasa a los turistas, cuestión que el delegado del ramo, Antonio Muñoz, calibró en un euro por turista. El proyecto era, explicó Muñoz en la jornada Reflexión sobre la marca Sevilla, sentarse con todos los sectores implicados para analizar la cuestión.

El gran reclamo turístico es el casco histórico, con sus tres grandes monumentos Patrimonio de la Humanidad a la cabeza: la Catedral, el Alcázar y el Archivo de Indias. Pero en ese entorno también vive gente. Como María José Rey, presidenta de la asociación de vecinos Amigos del barrio de Santa Cruz. «Entendemos que estamos en una zona monumental y tenemos que convivir con el turismo. No tenemos problemas con el turismo, lo que queremos es que esté ordenado», explica. También tienen sus peticiones: «Hay que tener una ciudad preparada y que la podamos exponer en condiciones. Entiendo que tenemos que ofrecer algo que esté a la altura de un turismo medio», aclara, y hace una referencia a un tema sensible, indicativo de muchas cosas: «No demandamos que no haya veladores, sino que se controlen. Pedimos un paso natural y que se cumplan las ordenanzas».

El presidente de la Comisión de Turismo de la Confederación de Empresarios de Sevilla, Pedro Sánchez-Cuerda, valora de manera muy positiva la evolución del turismo en la ciudad: «Tenemos una ciudad que se vende sola, con una monumentalidad y una historia detrás que es una gran ayuda».

Sánchez Cuerda destaca una cuestión: la unión del sector y el apoyo decidido de los gobiernos municipales desde la época de Monteseirín. «En los tres gobiernos puede decirse que, cada uno con su criterio, siempre se ha dejado un poco el turismo aparte de las vicisitudes políticas, porque se ha entendido que era como política de estado». Con motivo, en su opinión: «Mientras que otras industrias sufrían un castigo, ha sido el sector que más se ha mantenido en la crisis, el que más empleo ha creado», de forma que los gobiernos han dicho algo así como: «centrémonos en esto». Y hay otra cuestión clave, «el infortunio de los demás», expresión que quiere decir aquí «países con alta capacidad de turismo que, por su inestabilidad, han hecho que el turismo se haya desviado hacia un destino seguro. Y ese es otro de nuestros puntos fuertes: en nuestras calles hay seguridad».

La parte negativa también comienza con el Ayuntamiento, al que Sánchez Cuerda reclama más inversión, «un presupuesto acorde a la importancia que el turismo tiene en el PIB». Y queda el aeropuerto, otro punto en el que aprecia claras posibilidades de mejora.

Su apuesta coincide con otras propuestas: hay que atraer a un turismo «de mayor poder adquisitivo. No hay que buscar tanto un aumento en cantidad como en calidad».

Un 2015 de récord

2015 ha sido el mejor año turístico de la historia de Sevilla. Y lo ha sido porque mejoraron todos los parámetros, empezando por el número de personas que visitó la ciudad (2.307.018, un aumento del 10,96 por ciento respecto a 2014) y la cifra de pernoctaciones (4.604.780, lo que supone un incremento del 13,60 por ciento), lo que se ha traducido en que por fin se ha alcanzado la barrera de dos días de estancia media. Del carro han tirado sobre todo los turistas extranjeros, cuya cifra ha superado la de españoles por cinco puntos. De fuera de nuestras fronteras llegaron 1.212.197 visitantes (un 12,05 por ciento más), mientras que el mercado nacional aportó 1.094.821 (un aumento del 8,84 por ciento).

Barcelona se plantea cobrar una tasa a cruceristas o limitar el número de cruceros, Amsterdam quiere controlar la entrada de visitantes, pequeñas islas como Formentera o Santorini barajan también la opción de limitar la entrada de turistas. El referente es negativo es Venecia, cuyos habitantes debaten hace años sobre cómo no acabar convertida en un parque temático.


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