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Llega el verano

El verano de 2018 será menos caluroso que el del año pasado

El tiempo. Los primeros modelos de la Aemet apuntan a un trimestre «estándar» en el que las temperaturas estarán ligadas a los «valores normales» de la climatología

21 jun 2018 / 22:00 h - Actualizado: 22 jun 2018 / 08:51 h.
  • Sevilla tendrá un verano de calor y estiaje, pero dentro de unos valores normales. / Jesús Barrera
    Sevilla tendrá un verano de calor y estiaje, pero dentro de unos valores normales. / Jesús Barrera

«Aunque la mona se vista de seda, mona se queda». Este refrán podría resumir los primeros modelos meteorológicos para el verano de 2018 presentados por la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). Todo apunta a que este periodo estival será algo más suave que el de 2017. Pero el verano no deja de ser verano, con todo lo que ello conlleva. Sería irresponsable e incongruente hablar de un trimestre frío o lanzar el mensaje de que no hará calor y es que, aunque suene a perogrullo y sea una tautología, en verano hace calor.

Es la principal característica climatológica de esta estación del año y a dichas características se remite la Aemet, cuyos modelos apuntan a un «verano estándar». Así calificó su delegado para Andalucía, Ceuta y Melilla, Luis Fernando López Cotín, lo que aguarda la meteorología para los próximos tres meses: temperaturas medias cercanas a los valores normales propios del verano para la mitad occidental del país. Para el arco mediterráneo se prevén temperaturas por encima de esos valores a causa de los vientos de componente Oeste que se esperan, que propiciarán vientos de terral en el levante aumentando ligeramente las temperaturas.

La temperatura media que la Aemet toma como referencia es la que se registró en el periodo 1981-2010, la cual se sitúa en los 23,1 grados. Sí es cierto que los últimos años han experimentado veranos más calurosos de lo normal, pero los modelos para esta época estival parecen indicar un trimestre de valores algo más suaves que los últimos años. Para que el dilecto lector se haga una idea: a nivel nacional, el verano de 2017 registró una media de 24,7 grados, lo que comportó una anomalía térmica de 1,6 grados, convirtiéndose así en el segundo verano más caluroso desde 1965, solo por detrás de 2003, que registró una temperatura media de 25 grados.

Estos modelos son muy genéricos, por lo que resulta harto complicado establecer a estas alturas –el verano comenzó este jueves a las 12.07 horas– una predicción centrada en Sevilla. No obstante, la capital hispalense se integra en la mitad occidental peninsular, en la que se esperan unas condiciones veraniegas propias de la climatología del periodo estival. Algo parecido ocurrirá en las provincias de Huelva y Cádiz, donde veranea una parte importante de la población sevillana. En este sentido, López Cotín señaló que no se espera un verano «especialmente cálido» en Andalucía Occidental.

Sea como fuere, todo apunta a que el verano de 2018 será menos caluroso que el de los últimos años. El motivo se encuentra en el oceáno Atlántico, concretamente en su parte tropical. Estas masas marinas se encuentran más frías de lo habitual –algo que no ocurre desde 1994– debido a que sobre esta zona geográfica se ha estancado un anticiclón que ha intensificado la evaporación del agua. Ese líquido que se evapora deja hueco a aguas más profundas y frías que, igualmente, se evaporan. Los vientos que proceden de esta parte del océano son las encargadas de suavizar las masas de aire subtropical que azotan a España durante el verano.

Por otro lado, los modelos de la Aemet prevén la ausencia de precipitaciones importantes, sin olvidar aquellos episodios de lluvias o tormentas de verano puntuales. Esto se debe, precisamente, a esos «valores normales» de la climatología, puesto que el verano es una época de estiaje y falta de precipitaciones. Especialmente seco será el nordeste peninsular y Baleares, que presentan una probabilidad de registrar una variación negativa respecto a los valores medios del periodo de referencia 1981-2010. Asimismo, López Cotín no descartó la existencia de olas de calor durante un verano que durará 93 días y 15 horas, finalizando el próximo 23 de septiembre.

Una primavera fría

La meteorología es un ámbito muy ducho en refranes. Este año, sin ir más lejos, se ha cumplido casi al milímetro esa expresión que afirma que «hasta el 40 de mayo, no te quites el sayo». Y los datos lo corroboran: la primavera de 2018 ha sido más fría de lo normal. En concreto, la anomalía térmica –variación de temperatura media de una estación respecto al periodo de referencia 1981-2010– arrojó un saldo negativo de 0,2 grados y se situó en los 13,5 grados. En este sentido, la pasada primavera se convirtió en la cuarta más fría del siglo XXI, por detrás de los periodos de 2004, 2013 y 2016.

En el conjunto nacional, cabe destacar la presencia de varios episodios destacados de frío. Concretamente, los periodos que registraron las menores temperaturas fueron los comprendidos entre el 15 y el 26 de marzo y entre el 28 y el 3 de mayo. Como contrapunto, el episodio más destacado de calor tuvo lugar el 24 de mayo, donde se llegó a registrar una máxima de 32 grados en Almería.

Otro de los datos más llamativos del resumen climatológico de la primavera de 2018 es el referente a las precipitaciones. En total, se registraron lluvias que acumularon 317 litros de agua por metro cuadrado. Esta cifra, que es un 83 por ciento superior a la media del periodo 1981-2010, hizo de la primavera de 2018 la más lluviosa desde 1965. Solo en Sevilla –en la estación meteorológica del aeropuerto–, se registraron precipitaciones en 44 de los 90 días que suele durar la primavera. Es decir, se podría afirmar que llovió uno de cada dos días. Este dato bate el récord que se registró en 1971, cuando se dataron precipitaciones en 37 días.

En términos generales, el mes de marzo tuvo un carácter muy frío en Andalucía, salvo en Córdoba y Jaén, donde la primavera fue extremadamente fría, y Málaga, donde no se registró ninguna anomalía térmica. En Sevilla, la temperatura media mensual se situó en los 13,6 grados. Esto comporta una variación térmica de 2,1 grados por debajo de la media mensual del periodo de referencia 1981-2010. Marzo fue, además, un mes extremadamente húmedo en Andalucía. Solo en Sevilla se registraron 139,1 litros por metro cuadrado, lo que supone un 388 por ciento más que la media para el periodo de referencia.

El mes de abril, que tuvo un carácter cálido en la península, registró en Andalucía un balance frío, si bien en Granada se alcanzó una anomalía positiva de 1,5 grados. En Sevilla, por su parte, esta variación fue de -1,1 grados, llegando a registrar una media de 16,3 grados. En cuanto a precipitaciones, Andalucía tuvo un mes de abril húmedo o muy húmedo. Sevilla acumuló 78,9 litros de agua por metro cuadrado, lo que supone un 146 por ciento más que el periodo 1981-2010.

Aunque mayo ha sido frío en Andalucía, en provincias como Jaén o Sevilla fue muy frío. Mientras que la provincia jienense registró una anomalía térmica negativa de 1,1 grados, en Sevilla este dato alcanzó la cifra negativa de 1,5 grados, por lo que la temperatura media fue de 19,3 grados. Por su parte, en cuanto a precipitación, mayo tuvo un carácter normal o seco en Andalucía, siendo húmedo en Granada y Jaén. En Sevilla se recogieron 16,5 litros por metro cuadrado, solo un 54 por ciento más que la media del periodo de referencia.

Durante el mes de junio, en concreto para el periodo comprendido entre los días 1 y 16, las temperaturas fueron notablemente inferior a sus valores normales para el conjunto del territorio. Asimismo, durante estas dos primeras semanas de junio se han acumulado precipitaciones por encima del valor normal del total de un mes de junio. Esto se debe a las tormentas especialmente intensas los días 2, 9 y 10. Desde el 13 del mismo mes, las precipitaciones son muy escasas.

Este incremento de las precipitaciones durante la primavera de 2018 ha repercutido positivamente en las cuencas hidrográficas. Tal es así que si en octubre de 2017 existía un déficit hidrológico del 58 por ciento, las lluvias del invierno y la primavera han propiciado que estas cuencas tengan un superávit del 15 por ciento. Es decir, se han recuperado numerosas cuencas hidrográficas, fundamentalmente las situadas en el norte peninsular. No obstante, la cuenca mediterránea sigue sin beneficiarse de los buenos datos pluviales, pues todavía mantiene un déficit hidrológico.

A pesar de estos datos, el de 2018 es el cuarto mes de mayo con la media mundial de temperatura más cálida desde 1880. En este sentido, mayo confirma una subida de 0,8 grados respecto al promedio del siglo XX, sumando ya 42 meses de mayo superior a dicho promedio. Estas cifras vienen a confirmar una tendencia alcista de la temperatura media anual, la cual no ha parado de ascender desde 1850, con algún que otro altibajo.


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