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Medio ambiente

Emasesa emplea un millón en tres años en limpiar de toallitas la red

En Sevilla se producen 700 avisos anuales de desatasco por arrojar estos productos al inodoro

30 nov 2015 / 09:00 h - Actualizado: 30 nov 2015 / 08:12 h.
  • Atasco de una gran bomba de aguas residuales en la que se observan las toallitas que la bloquean totalmente.
    Atasco de una gran bomba de aguas residuales en la que se observan las toallitas que la bloquean totalmente.
  • Emasesa emplea un millón en tres años en limpiar de toallitas la red
  • Emasesa emplea un millón en tres años en limpiar de toallitas la red
  • Las toallitas no se deshacen con el agua.
    Las toallitas no se deshacen con el agua.

La empresa metropolitana de aguas de Sevilla, Emasesa, calcula en 940.000 euros al año los sobrecostes que ha afrontado durante los últimos tres años por la limpieza y el mantenimiento de sus instalaciones debido al problema, cada vez más generalizado, de arrojar toallitas húmedas al inodoro.

Este mal hábito, lejos de disminuir, va en aumento, con los consiguientes problemas que ello genera, materializados en atascos en la red doméstica y en la red pública de saneamiento. Fernando Estévez, jefe del departamento de Aguas Residuales en Emasesa, alerta sobre una problemática que va en aumento: «Es cierto que se llevan usando desde hace tiempo, pero en cantidades inferiores a las de ahora. En los últimos cinco años, el incremento en el uso de las toallitas en los hogares se ha disparado de manera exponencial, lo que nos ha obligado a encender todas las alarmas».

Las viviendas y comunidades de vecinos son el primer punto conflictivo cuando se arrojan las toallitas al inodoro. Los bajantes y las arquetas de los edificios sufren atascos que se traducen en intervenciones frecuentes al objeto de evitar obstrucciones mayores y fuertes olores. Según los datos ofrecidos por Emasesa, «sólo en Sevilla se producen hasta 700 avisos de desatasco por particulares al año debido a las toallitas», una mala práctica a la que ha contribuido la confusión que existe en el etiquetado de estos productos. Es por ello que desde las empresas gestoras del ciclo integral del agua se reclama a productores y fabricantes que sean más claros en sus mensajes al consumidor, que muchas veces desconoce las repercusiones reales del impacto del mal uso de estas toallitas higiénicas. «Existe una confusión entre los términos biodegradable y desechable. Es cierto que las toallitas se degradan, sí, pero tardan hasta 600 años. Y en algunas etiquetas no se transmite de forma clara que no deben ser desechadas por el inodoro». Valga el dato de que una toallita arrojada al váter necesita siete veces más tiempo en ser eliminada que otra toallita arrojada a la papelera.

Al contrario que la celulosa en el caso del papel higiénico –que se deshace con el agua–, las toallitas suelen estar compuestas por un conglomerado de fibras que, al contacto con el líquido, pueden aumentar de tamaño y descomponerse en hilachas que acaban enredándose y provocando atascos en su transporte por las tuberías, un problema que se agrava en Sevilla. «Al ser una ciudad llana y sin grandes pendientes para que las aguas arrastren estas toallitas, se favorece su sedimentación », apunta Fernando Estévez.

De este modo, las toallitas que no se quedan en el camino en la red doméstica llegan hasta una estación de bombeo de aguas residuales, que Emasesa se ve obligada a desatascar «cada dos o tres días» por la ingente cantidad de desechos de toallitas que llegan hasta aquí procedentes de los sistemas de saneamiento. A pesar de todo, toneladas de toallitas logran escapar al filtro que representan las estaciones de bombeo y acaban llegando a una planta depuradora de aguas residuales donde siguen ocasionando más quebraderos de cabeza. Sólo en esta planta de Sevilla se recogen unos 30.000 kilos de toallitas al mes.

Repercute en el ciudadano

Pero aparte de crear atascos en las viviendas, desbordamientos del WC, malos olores, insalubridad, incrementos de consumo y daños al medio ambiente, las toallitas acaban incrementando los costes de gestión «y todo ello –advierte Fernando Estévez– acaba repercutiendo en los bolsillos de los ciudadanos».

Emasesa se ve obligada a realizar labores de limpieza sistemática de la red y a afrontar continuas inversiones para reducir los efectos perjudiciales que la problemática de las toallitas causa en sus instalaciones. Estas tareas adicionales de mantenimiento, que incluyen en ocasiones gastos de reparaciones y sustituciones de equipos afectados, han supuesto un sobrecoste de unos 940.000 euros en los últimos tres años. El inodoro no es una papelera y los consumidores deben cambiar sus hábitos


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