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«Es muy gratificante poder ayudarles»

Funcionarios de la Junta aprenden lengua de signos para facilitar la atención a las personas sordas

14 jun 2017 / 06:59 h - Actualizado: 14 jun 2017 / 11:32 h.
  • Santiago Vázquez explica algunos signos en la clase que, cada martes, se celebra en el centro cívico San Julián. / Fotos: Jesús Barrera
    Santiago Vázquez explica algunos signos en la clase que, cada martes, se celebra en el centro cívico San Julián. / Fotos: Jesús Barrera
  • Dos alumnas practican algunos de los signos.
    Dos alumnas practican algunos de los signos.

«Es un nivel muy básico, pero por lo menos pueden comprender y hacerse entender», dice Santiago Vázquez, profesor de lengua de signos y presidente de la Asociación Cultural de Personas Sordas de la Provincia de Sevilla. Él es el encargado de formar a un grupo de diez funcionarios de la Junta de Andalucía con el objetivo de que en sus respectivos servicios puedan atender al colectivo de personas sordas. «Es muy gratificante poder ayudarles», asegura una de las alumnas que está dispuesta a seguir avanzando de nivel.

Cada martes en el centro cívico San Julian los diez alumnos se dan cita con Santiago. «El primer día estuvimos acompañados durante una hora por un intérprete para que no se asustaran», dice Santiago entre risas, también acompañado hoy por Rocío, la intérprete que nos ayuda a poder realizar este reportaje. «Toda la clase es en lengua de signos, es la única forma de que aprendan de verdad y se esfuercen», añade Vázquez, que reconoce que «les doy caña e intento que aprendan más de su nivel», que es un A1.

El curso tiene una duración de 90 horas y se desarrolla desde marzo a septiembre en una clase semanal de seis horas. «No es lo mejor, porque lo ideal sería dos o tres clases a la semana de dos o tres horas cada día, porque es agotador. Requiere mucha atención visual y normalmente las personas oyentes no están acostumbradas», indica. Con este ya son cuatro los años que la entidad viene formando funcionarios, gracias a un proyecto que presentaron en el Instituto Andaluz de Administración Pública, dependiente de la Consejería de Hacienda, y que fue aprobado y subvencionado. «Otras veces hemos hecho de una vez el A1 y el A2, lo que ya les permite mantener una conversación con cierta soltura», pero este año solo están impartiendo el A1. No obstante, los alumnos tienen claro que «si ofertan el A2, lo voy a pedir», dice una de ellas, «y yo, y yo», repiten todos casi al unísono.

La mayoría de ellos decidieron apuntarse a este curso y no a otro de los que oferta el IAAP «por curiosidad. Siempre me había llamado la atención y ahora que lo he descubierto me encanta. Es otro mundo y comprendes las limitaciones a las que se tienen que enfrentar todos los días. Si, además, esto sirve para poder ayudarles, pues mejor aún», señala una de las funcionarias, mientras el resto asiente con la cabeza.

Vázquez coincide con sus alumnos, él también tiene la percepción de que «a todos les acaba enganchando». Así, de hecho, fue como empezó Rocío, la intérprete, ya que ella no tiene en su familia ninguna persona sorda. «Yo soy trabajadora social, comencé a aprender por curiosidad, me enganchó y me saqué el ciclo». Uno de los alumnos –el único hombre de la clase– asegura que ya le ha sacado partido en su vida personal. «Suelo jugar al tenis con un chico que es sordo y ahora me puedo comunicar mejor con él», afirma.

En el ámbito laboral también han podido hacer ya un pinito que otro, aunque cuenta una de ellas que un día llegó una chica sorda y «yo dispuesta a atenderla, saqué mis apuntes y todo, pero resultó que era china y no sabía lengua de signos española. Ella iba acompañada por un chico sordo español, pero él no sabía lengua de signos, así que tuve que buscarme la vida como pude», relata.

Los alumnos de este curso trabajan en el SAE, en el Centro de Valoración de Personas con Discapacidad, en Menores, Salud y en Economía y Conocimiento; todos servicios con atención al público. «En el SAE en el que estoy van muchas personas sordas. Allí va una pareja que la conozco de hace muchos años, pero ahora que estoy aprendiendo no los veo porque, afortunadamente, están trabajando», explica otra alumna. «Yo llego a casa y se lo explico a mis niños. Son esponjas», apunta una compañera.

Todos reconocen su «complejidad» porque «hay que tener una memoria de elefante» y «prestar mucha atención»; pero han sido capaces de superar «el miedo inicial y la vergüenza» y afirman convencidos y satisfechos que «ya no me asusta si tengo que atender a una persona sorda. Ahora puedo comunicarme».


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