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«Lo peor es la logística, lo demás se solventa con cariño y generosidad»

Reconstituida / Zahira y Jorge tienen cada uno dos hijos de sus matrimonios anteriores. Los seis, aunque no siempre conviven juntos, son una familia ensamblada.

15 may 2017 / 06:23 h - Actualizado: 15 may 2017 / 06:23 h.


En casa de Zahira y Jorge unos días conviven seis, otros son cuatro «pero no siempre los mismos cuatro» y a veces «tenemos momentos de novios y estamos solos». Es el resultado de que ambos aporten a esta nueva relación dos hijos cada uno de sus respectivos matrimonios previos. Niños cuya custodia comparten con sus exparejas, en el caso de ella en régimen alternándose por semanas y en el caso de Jorge, sus hijos viven habitualmente con la madre pero pasan fines de semana alternos y la mitad de todas las vacaciones con él además de una tarde a la semana.

«Es un trasiego de calendario. Sólo en las vacaciones coincidimos siempre los seis, porque por casualidad, nuestros convenios reguladores coinciden y los dos tenemos a los niños en la misma parte de las vacaciones de Navidad, en Semana Santa y en verano, pero es casualidad», explica Zahira. Asegura que los cuatro pequeños «tienen clarísimo con quién están en cada fiesta y saben perfectamente el ciclo que siguen».

Sus hijos tienen 8 y 5 años y los de Jorge 9 y 5 años. De hecho, los dos pequeños han sido hasta hace poco compañeros de clase. «Eso facilitaba mucho porque tenían los mismos horarios, el mismo círculo de amigos y pare ellos estar juntos era algo natural antes de vivir juntos», relata. Con todo, asegura que también los mayores de ambos han vivido la transición a la nueva estructura familiar (que recibe el nombre de reconstituida o ensamblada) de forma «paulatina y muy natural». Reconoce que en eso influye mucho la edad porque «no es lo mismo enganchar en esta dinámica familiar a un adolescente que a un niño que se ha criado así». En su caso, todos eran pequeños cuando ambos se separaron. «El mío de 5 años tenía dos, él no recuerda haber vivido con papá y mamá juntos. El mayor tenía 5 años y con el tiempo sí me ha preguntado cosas y yo siempre les he explicado la verdad, a los niños no hay que mentirles ni disfrazarles la realidad», subraya. Asegura que ella trata a los hijos de Jorge como si fueran suyos y siente que su pareja hace lo mismo con sus hijos.

Para Zahira, en estas familias «el equilibrio es complicado pero no tanto cuando la gente tiene inteligencia emocional y es generosa. Lo peor es la logística. Lo demás –la convivencia, cómo se llevan los niños o la relación con los ex– se solventa con cariño y generosidad». «Hacen falta muchas dosis de respeto y generosidad» afirma. Los problemas surgen cuando un progenitor toma decisiones «unilaterales» porque aunque lo que compete a cada niño lo acuerdan sus progenitores, «afecta al resto de personas que conviven con ellos».

«Al final se comparte la vida y ninguno tomamos decisiones importantes sobre nuestros hijos sin contar con el otro progenitor pero las comentas con tu pareja porque afecta a la organización y creo que es fundamental porque al final es una crianza en dos familias», dice. Y considera «egoístas» a quienes no les gusta que otros den cariño a sus hijos porque piensan que les van a dejar de querer. «Para mí el amor nunca divide, siempre multiplica y pienso que cuanta más gente quiera y cuide a mis hijos mejor».


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