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La aventura del misterio

Fantasmas en el Hospital de San Juan de Dios de Sevilla

Son los hospitales lugares donde, usualmente, suelen suceder hechos extraños cuya realidad supera a cualquier ficción

14 ene 2017 / 21:24 h - Actualizado: 14 ene 2017 / 21:25 h.
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    Vigilantes de hospitales sevillanos –incluso en la ficción, como el de ‘Allí abajo’– refieren sucesos escalofriantes. / El Correo

Son los hospitales lugares donde, usualmente, suelen suceder hechos extraños cuya realidad supera a cualquier ficción y cuyos testigos viven inquietos una realidad más allá de los límites de su imaginación.

Bien porque son lugares donde se producen fallecimientos o bien porque el dolor inunda emocionalmente sus estancias, lo inexplicable, lo imposible, suele habitar en muchos de los recintos sanitarios de nuestro país y del mundo.

Uno de esos lugares donde se manifiesta lo imposible es el nuevo hospital San Juan de Dios de Sevilla, en la localidad de Bormujos al pie de la carretera A49 que une las provincias de Huelva y Sevilla. En el lugar, antaño, no había nada, terreno dedicado al cultivo del olivar y poco más se sabe del mismo, tierras de labranzas como tantas otras de nuestra Andalucía. Una vez levantado el edificio se comienza el trabajo en el mismo. En los meses iniciales de la actividad sanitaria no se registraron incidentes que pudieran tener un origen paranormal pero pronto comenzaron a surgir testimonios de personas que habían vivido experiencias muy particulares.

Uno de los pacientes nos comentaba: «Estaba en rayos X haciéndome unas placas, el chico muy amable me iba indicando lo que debía hacer, de repente algo pasó por el pasillo, cerca de nosotros, era como una mancha o silueta negra, sería difícil explicarlo, una forma; él se quedó parado mirando y luego me miró a mí y le dije: «Yo también lo he visto, algo ha pasado por aquí al lado» pero no le concedimos mayor importancia». Y es que la sombra negra del hospital de San Juan de Dios no es una desconocida para las personas que acuden al centro como trabajadores o, más tristemente, como pacientes.

En otra ocasión un empleado llevaba una camilla hacia otra zona del ala donde se encontraba, una sala «donde hay apartados, se llega a una sala donde se permite que los familiares estén, luego hay otras puertas divisorias donde sólo pueden acceder las personas autorizadas y donde se cambian, y ya tras la siguientes puertas la parte sanitaria. Allí pasaba con la camilla cuando vi salir a dos compañeros muy alterados, me sobresaltaron, y me dijeron: «¿Has visto pasar a una sombra por aquí?». Yo les dije que no pero por mi cara me dijeron: «¿Qué te pasa?» y les expliqué que en la zona en la que nos encontrábamos también yo viví la presencia y el paso de esa sombra».

Igualmente se han vivido situaciones extrañas, cuando menos, en una zona donde hay varios monitores de ordenador y se encienden o apagan a voluntad o tienen un comportamiento tan extraño que muchos empleados prefieren salirse del lugar hasta que aquella pesadilla pase.

Ahondando en todo el fenómeno que viven allí otras personas (todos los testigos están perfectamente identificados pero por confidencialidad no se hace referencia a ellos), una persona me decía: «No es de extrañar que suceda esto, ten en cuenta que en este hospital no hay nacimientos, nada más que atención a enfermos y defunciones y que la muerte está muy presente, es normal», y hasta se haya identificado esa misma sombra con un paciente que murió en el Hospital de San Juan de Dios, en aquella misma zona y que hoy sería la presunta causa de los fenómenos que describen sus inquietos testigos.

Sobre los fenómenos extraños que suceden en el sevillano Hospital de San Juan de Dios en la localidad de Bormujos, ahora se viene a sumar más experiencias que contrastan y amplían todo lo descrito.

Así entre las nuevas experiencias que narran antiguos trabajadores del centro hospitalario tenemos a dos que, inquietos por lo vivido aquellos días, afirmaban: «Aquí hay una extraña sombra que se pasea por la planta y vaya que si asusta verla». La sombra referida se aparece en el pasillo de la esclusa y creen podría tratarse de un chico de 18 años que falleció en el box 8 luego de sufrir un accidente entre 2007 y 2009, aunque es un dato que no pueden precisar.

Pero abundan en sus experiencias y detallan más allá: «Muchas veces cuando estábamos de noche podíamos ver gente andar por ese pasillo cuando no tiene que haber nadie; también en un almacén de material cuando entrabas y abrías la puerta se notaba como una presión que empujara la puerta hacia ti, hoy día me dicen los excompañeros que aún pasa». La puerta en cuestión da a una sala cerrada y pudiera tratarse del mismo aire pero va acompañada esa presión de la visión previa de una sombra andando por esa zona, una zona donde no quieren ir muchos pacientes por temor a encontrarse con ese «algo» que ya han vivido.

Igualmente hay otras vivencias: «Cuando sedan a los pacientes siempre ven a una niña en la sala, ha pasado con unos cuantos pacientes y todos dicen lo mismo: todos ven a una niña». El caso es que allí se registró el triste fallecimiento de una niña (no suele ocurrir) que se ahogó en una piscina. ¿Una nueva casualidad?

Seguimos la investigación y seguimos tras la búsqueda de lo imposible, en esta ocasión en un hospital tan conocido como el de San Juan de Dios.

Noches de terror en el Policlínico de Sevilla

El edificio del Hospital Virgen Macarena guarda en sus pasillos secretos y misterios de otros mundos, enigmas que han sobrepasado la frontera de la vida y de la muerte en un lugar que está acostumbrado a lidiar con esta última.

En muchas ocasiones el mundo de la investigación se une para desvelar misterios de sus más insignes edificios. En esta ocasión el sevillano Javier Lobato Bernal es el que más y mejor siguió la vivencia personal de un testigo que se enfrentó a una situación límite en el llamado Policlínico de Sevilla, un edificio que pertenece al complejo hospitalario Virgen de la Macarena y que se encuentra muy próximo al Hospital de las Cinco Llagas, hoy Parlamento de Andalucía.

Los sucesos se vienen dando en la quietud de la noche ante el asombro de muchos de los vigilantes de seguridad que han pasado por allí y que se han visto desagradablemente asaltados por lo imposible.

Javier Lobato tuvo conocimiento del caso y pudo hablar con el testigo quien narró su terrible experiencia aquella noche, así le contó cómo él llevaba poco tiempo en la empresa de vigilancia y aquella noche era su primer servicio en aquel edificio. El trabajo consistía en comprobar si dentro quedaban personas para lo cual debía realizar rondas de comprobación por las consultas, revisándolas y verificando que estaban vacías. Una vez revisadas procedía a cerrarlas con llave.

El testigo así procedió una a una aunque su experiencia tendría lugar en la tercera planta, en uno de los pasillos en forma de L, largo y que acaba en un giro a la izquierda donde se encuentra otra consulta. Una vez que realizó la ronda por la planta baja y la primera planta subió a la segunda (o tercera si la baja se cuenta como primera) y se sorprendió por el impresionante frío que hacía, aunque no le dio más importancia. Siguió con su rutina y una vez cerradas todas las consultas del pasillo, sólo le quedaba la última puerta, entró y vio que estaba todo normal, cerró la puerta con llave, pero unos 5 o 6 segundos después, al salir de ese punto en forma de L, observó como todas las puertas estaban abiertas de par en par, más de una decena de puertas y todos los extintores en el suelo. El testigo se llevó un gran susto y pensó que era una broma por ser nuevo en el destino, pero era imposible gastar una broma abriendo con llave esa cantidad de puertas y bajar los extintores en tan poco tiempo para salir, finalmente, sin hacer ruido. El trabajador salió corriendo y una vez en el coche se quedó casi estado de shock intentando asimilar lo que había ocurrido. No quiso volver a ese servicio.

El investigador sevillano le consultó si alguna vez le hablaron de «fenómenos extraños en el lugar» y sólo acertó a decir que recordaba algún comentario de «hoy saldrás corriendo» y cosas así. El testigo que vivió tal experiencia se negaba a creer que aquel incidente lo hubieran originado fantasmas, pero ante la magnitud de los hechos tuvo que dudar.

El vigilante, con tan impresionante experiencia, tardará mucho en poder olvidar siquiera lo que le ocurrió.

Curiosamente en el Policlínico hay otras zonas donde, según mis propias investigaciones, suceden otros tipos de eventos extraños: la zona de laboratorios, pruebas con sondas o rayos X son especialmente proclives a este tipo de sucesos donde tiene su acto de presencia lo inexplicable.

El investigador Javier Lobato lo achaca al antiguo cementerio del Hospital de las Cinco Llagas que se encontraba en aquel mismo emplazamiento, pero hay otras causas como la tragedia sucedida durante la construcción de los edificios o, simplemente, porque lo paranormal elige donde y como manifestarse.

Cerca del Policlínico se ubicaba el viejo cementerio perteneciente al Hospital de las Cinco Llagas de Sevilla, hoy Parlamento de Andalucía. Puede que su influjo sea el causante de éstas apariciones.

Fantasmas en el Palacio de Monsalves

Sevilla es una de esas ciudades que no deja de sorprender a quien la visita e, incluso, al propio ciudadano de la ciudad; su historia, gran historia -como la de Cádiz-, le hace haber sido testigo de momentos que tienen más de tres milenios, culturas, guerras y misterios, muchos misterios.

Nos detenemos en la capital hispalense para desvelar los fenómenos paranormales que se producen en uno de sus palacios más emblemáticos; hablamos del palacio de Monsalves, un edificio que siempre se tuvo por encantado y en cuyo interior se contaban experiencias extrañas que no se lograban explicar satisfactoriamente, quizás el ser propiedad de la Junta de Andalucía, con el silencio que ello conlleva, no ha animado a muchos trabajadores a hablar públicamente de sus experiencias.

El edificio es conocido popularmente como Palacio de Monsalves, también es denominado como Palacio del Marqués de Aracena, en pleno casco histórico de Sevilla y obra, en el siglo XX, de Francisco Javier Sánchez-Dalp y Calonge, marqués de Aracena, con el insigne arquitecto Aníbal González y la participación de José Espiau.

No obstante durante la grabación de la serie de Antena 3 Allí abajo sus actores han tenido interesantes experiencias que sí se han atrevido a narrar en el transcurso de una entrevista promocional en el programa de Pablo Motos El Hormiguero. La actriz sevillana María León comentaba cómo durante el rodaje han tenido sensaciones de estar siendo acompañados u observados, incluso ella misma cuenta lo que le sucedió: «Estaba en el servicio ya que necesitaba orinar, es un baño antiguo con una ducha frente, de repente sentí algo y se abrió la ducha sola, vi cómo se abría, entonces me dije que eso era imposible y dije: Rocío déjate de cachondeo, llamé a un compañero y la ducha volvió abrirse, y dije que si podía abrirse de nuevo y se abrió, muy fuerte».

El equipo ha bautizado incluso al fantasma, dicen que pertenece a una niña y la llaman Rocío. Pero no es la única experiencia, en la sala de maquillaje las luces presentan un mal funcionamiento, encendiéndose y apagándose a voluntad, suficiente para que, con la risa nerviosa, digan aquello de: «Ya está aquí Rocío». El equipo técnico no le encuentra explicación.

El actor onubense Mariano Peña también habló de las particulares bromas que les gasta el fantasma de Rocío.

Ya hace unos años, durante la redacción e investigación de mi obra Guía Secreta de Sevilla un vigilante de seguridad me narraba cómo por las noches sentían pisadas y ruidos extraños en la planta superior, cómo sentían llorar a alguien o experimentaban caídas fortísimas de temperatura, incluso recogió alguna psicofonía en su móvil que le invitaba a irse del lugar.

El Palacio de Monsalves se alza sobre un edificio del siglo XVI pero conserva muy poco de su disposición primitiva y hoy es el hogar de algo inexplicable que inquieta a todo el que trabaja en su interior.


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