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Sociedad

Felicidad para los no estándar

DiveRTinA trabaja con niños con necesidades especiales que no cuentan con recursos a los que saca una sonrisa mientras los educa en valores

31 may 2015 / 12:00 h - Actualizado: 31 may 2015 / 12:33 h.
  • Los pequeños trabajan con los animales a lo largo de la tarde. / Pepo Herrera
    Los pequeños trabajan con los animales a lo largo de la tarde. / Pepo Herrera
  • Rabito posa mientras los niños y voluntarios de la asociación realizan una actividad. / Pepo Herrera
    Rabito posa mientras los niños y voluntarios de la asociación realizan una actividad. / Pepo Herrera
  • Realizan un mural con tapones reutilizados pues uno de los valores que tratan de inculcar a los niños en DiveRTinA es la importancia del reciclaje. / Pepo Herrera
    Realizan un mural con tapones reutilizados pues uno de los valores que tratan de inculcar a los niños en DiveRTinA es la importancia del reciclaje. / Pepo Herrera
  • Los pequeños trabajan con los animales a lo largo de la tarde. / Pepo Herrera
    Los pequeños trabajan con los animales a lo largo de la tarde. / Pepo Herrera
  • Algunos de los niños que cada viernes acuden a las actividades de DiveRTinA. / Pepo Herrera
    Algunos de los niños que cada viernes acuden a las actividades de DiveRTinA. / Pepo Herrera

Es viernes por la tarde y como cada semana, Mariluz organiza en el maletero de su coche un tetris de jaulas con Rabito, Pulgarcito, Marisol, Vincent... unos peculiares terapeutas que desde hace meses ayudan a los miembros de la Asociación DiveRTinA a hacer un poquito más felices a un grupo de niños especiales, o «no estándar».

A las puertas del colegio de Las Artes de Sevilla Este esperan Javi, Ale, Triana... pero es tanta la expectación que hasta los miembros de un equipo de fútbol del cole se cuelan en el aula para jugar con los animales. Esta vez toca hacer un mural con tapones usados, «porque el reciclaje es uno de los valores que tratamos de inculcar a los pequeños», comenta Mariluz, la impulsora de este proyecto que lleva en marcha desde noviembre.

La idea de DiveRTinA básicamente reside en que niños con necesidades especiales y sin muchos recursos sean felices haciendo terapia asistida con animales y diversas actividades. «Nuestro objetivo está en los pequeños de familias con pocos recursos, porque la gente adinerada si tiene un pequeño malito puede invertir todo lo que tenga en su felicidad, pero los que pasan necesidades, ¿cómo pueden acceder a estas actividades?», dice Mariluz.

Con un equipo multidisciplinar formado por un animal entrenado, el niño especial, el guía canino y el terapeuta, normalmente un psicólogo infantil especializado en niños con necesidades especiales, se realizan actividades encaminadas a conseguir unos objetivos que posteriormente se evalúan. «Es una terapia pasándolo bien», comenta Mariluz, «los niños que tenemos (ahora mismo acuden nueve a las sesiones) tienen diversos problemas: discapacitados físicos o psíquicos, con trastornos psicológicos, con enfermedades graves y crónicas, huérfanos o procedentes de familias desestructuradas, que han sufrido abusos... así que con DiveRTinA aprenden a relacionarse entre ellos, a socializarse y a aceptar al otro como es». Pero no es solo eso, también aprenden a respetar y valorar a los animales, todos ellos adoptados por los miembros de la asociación y que provienen de abandonos. «Les explicamos que no son juguetes, que merecen un respeto, les enseñamos a cuidarlos, a alimentarlos...».

En este «centro lúdico, terapéutico y educativo», sobre todo se juega y se ríe mucho. Rabito, un perro que bien podría jugar en un equipo de fútbol; Pulgarcito, un conejo de tan solo tres meses; o Vincent, un agapornis al que le viene el nombre del famoso pintor impresionista pues tiene dañada la pata izquierda... hacen las delicias de los miembros de esta asociación mientras dibujan o juegan al teje en rigurosa fila para darle a la perra Panda uno de los elementos que le muestra María José, de Wecania, una experta en terapia con animales que como otros de los miembros de la asociación Belén, Fran, Santiago, Vero, Pilar... ponen empeño en que este proyecto salga adelante. «Es que detrás de DiveRTinA hay mucha gente buena», relata Mariluz. «Además, contamos con la ayuda de muchos artistas que nos donan obras para que podamos mantenernos». Porque aunque la asociación no tiene ánimo de lucro, precisa de unos ingresos y «jamás vamos a cobrar a los niños porque el objetivo no es lucrarse con esto, es hacerlos felices».

Entre las iniciativas que tienen en mente, además de dar alguna charla en «colegios estándar», como le gusta decir a Mariluz, sobre el cuidado de animales y la concienciación y el respeto a la naturaleza, está la venta de camisetas, un cuadro donado por David Romero Moreno, los complementos de Antonio Moro, donaciones... y aunque no dé dinero, «queremos montar una exposición en la Casa de Las Sirenas con los trabajos de los niños. Va a ser un subidón para ellos y sus familias».

Todo este proyecto parte de una situación personal, de la vivencia de una madre. «Yo tenía una familia normal y feliz hasta que un día me dicen que mi hijo Alex, de seis años, tiene un tumor cerebral y que es irreversible. Así, sin prepararte para nada», rememora con tristeza Mariluz. «En ese momento más que nunca quieres hacer feliz a tu hijo, llevarlo al parque, a jugar, exprimir cada segundo. Pero yo no sabía dónde llevarlo. No quería estar con familias estándar, quería compartir mi situación con otras personas que pasaban lo mismo y con niños que no rechazasen a mi hijo por ser distinto».

Cuenta la directora de la asociación que fue en ese momento cuando se dio cuenta de que hay infraestructuras para los niños «estándar» pero no para quienes tienen que ir en sillas de ruedas, con muletas o tengan parte de su cuerpo paralizado, por ejemplo. Y así surgió DiveRTinA.

Los últimos meses Alex, transcurrieron entre la casa y el hospital, «sin más posibilidad de acudir a ningún otro lugar que reuniera las condiciones de accesibilidad adecuadas para su estado». «Sin embargo», cuenta Mariluz, «mi hijo fue feliz». «Lo que la sociedad no le pudo ofrecer dada su inexistencia, lo creamos entre sus familiares y sus amigos». Su casa se convirtió en un «mini-DiveRTinA, en ese parque especial que él necesitaba». Se llenó de amigos que entendían y respetaban su deterioro físico. Los juegos y actividades que practicaba eran siempre acordes y adaptados a las limitaciones físicas que iba padeciendo, por ello, «jamás se sintió frustrado e impotente, y además, se benefició intensamente de lo que ahora sé que existe y se conoce como actividades asistidas con animales con su hámster Rayo McQueen, su conejita Flor, Marisol un agapornis papillero que Alex crio con papilla y su inseparable y peluda perra chucha Rita».

Así, de las inyecciones, los tratamientos, las batas... que vivía en el hospital «decidimos que en casa tuviera un paraíso». Un «área de felicidad» que ahora quiere hacer extensible a otros niños con necesidades especiales.


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