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Hospital de la Caridad: Obnubilados por la historia

Lugar clave para entender la ciudad de Sevilla, su relato artístico y social oculta a veces su valor arquitectónico

18 jun 2018 / 21:35 h - Actualizado: 19 jun 2018 / 09:20 h.
  • Imagen del patio porticado central del Hospital de la Caridad. / Reportaje gráfico: Jesús Barrera
    Imagen del patio porticado central del Hospital de la Caridad. / Reportaje gráfico: Jesús Barrera
  • Hospital de la Caridad: Obnubilados por la historia
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Siempre hay un motivo para acudir al Hospital de la Caridad. Se entra en él para escuchar un concierto en su Iglesia, para contemplar obras de arte o para asistir a una de las múltiples visitas teatralizadas que tienen lugar a lo largo del año. Pero pocas son las ocasiones en las que reparamos en su imponente arquitectura, muy cercana a la que identifican a otras señoriales casas palacio de Sevilla. No por nada, este edificio forma parte de Sevilla Walking Route, la iniciativa puesta en marcha hace unos meses que propone al turista un recorrido singular por espacios como la Casa de Salinas, el Palacio de las Dueñas, la Casa de Pilatos y la Santa Caridad.

En 1670, una vez terminada la iglesia, Miguel de Mañara impulsó la construcción del hospital, completando tres salas del mismo. Para su edificación se aprovecharon las naves colindantes de las antiguas atarazanas reales que había mandado edificar el rey Alfonso X, en 1252. La nave principal es de planta rectangular y la vemos rodeada por una galería de columnas en tres de sus lados. Aparece dividida en dos patios cuadrados iguales y contiguos a través de un pasadizo superior que se apoya sobre el mismo tipo de columnas de orden toscano. Sus muros están decorados con llamativos paneles de azulejos del siglo XVII y en tonos azules, que representan escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento. En el centro de ambos patios se encuentra una fuente de mármol con grupos escultóricos que representan a la Misericordia y la Caridad.

«Es muy habitual que el imponente barroquismo de la Iglesia haga que el visitante pase un tanto por alto la arquitectura del Hospital, aunque esta debería también llamar nuestra atención ya que representa un ejemplo excepcional de edificación típicamente hispalense», opina el historiador Javier Vergel. «Sevilla es mucho más que la Giralda, la Catedral o el Alcázar», asegura José Luis Olivares, hermano mayor del Hospital de la Caridad, quien lleva tiempo demandando a las instituciones públicas el apoyo necesario para que este espacio, con una media de 30.000 visitas al año, entre dentro del circuito turístico. Que este sea uno de los sitios con mayor concentración de obras de Murillo –por la amistad del pintor con el impulsor del edificio, Miguel de Mañara– es un detalle que, felizmente, no está pasando desapercibido en el año en que Sevilla celebra el 400 aniversario del nacimiento del artista. Un lugar que, a pesar de los avatares del tiempo, nunca ha perdido la función primigenia con la que nació, la de funcionar de albergue de ancianos necesitados. Actualmente son unos 80 los que tienen en estas instalaciones su hogar.

Los lunes por la tarde (de 15.30 a 19.30 horas) se entra gratis en este recinto sobrecogedor que a casi todos les impone respeto porque, sin dudarlo, confluyen aquí la vida y la muerte. Porque la Caridad, como la vejez, nos pone a todos en la misma situación, nos iguala, cuando se aproxima el punto y final. «Esta casa durará mientras a Dios temieren y a los pobres de Cristo sirvieren. Y en entrando en ella la codicia y vanidad, se perderá», leemos en uno de los muchos letreros que puntean el recorrido de un histórico que lugar que, por la poca afluencia de público y por sus propias características, parece mecido con un ritmo diferente al del resto de edificios turísticos, acaso porque este (todavía) no lo sea tanto.

Con todo el espacio abierto a los visitantes, la hermandad mejora también sus finanzas ya que el mantenimiento de sus inquilinos se hace gracias a las donaciones y el ingreso de las entradas. En sus orígenes, el hospital estuvo destinado a la atención de pobres y vagabundos. El hospicio existió durante ocho años, tras los cuales la Hermandad tomó la decisión de ampliarlo y convertirlo en hospital. «Que mucha gente que pasea por el Arenal no esté enterada de la significación tan especial de este lugar es algo que, como ciudad, deberíamos hacérnoslo mirar. Es más, casi podríamos decir que son más conocidas las Reales Atarazanas, de las que también participan la Caridad pero que están todavía cerradas, que el Hospital y todo lo que ello conlleva», a juicio de Vergel.

Joya del barroco sevillano –es una obviedad– el Hospital de la Caridad cuenta con una fachada realizada por Leonardo de Figueroa, la decoración interior de la Iglesia se debió a artistas tan prestigiosos como Bernado Simón Pineda, Pedro Roldán, Valdés Leal y Murillo, que plasmaron en sus pinturas, esculturas y retablos la inspiración de Miguel Mañara, primer hermano de mayor de una institución fundamental para entender el desarrollo de Sevilla.

Hoy, la hermandad de la Santa Caridad aún tiene una importante obra asistencial con una Casa Hogar para ancianos y discapacitados sin recursos a la que en época reciente ha sumado un economato para ofrecer comida a los nuevos pobres de la crisis.


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