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La fotosíntesis de los edificios urbanos

Los revestimientos fotocatalíticos absorben óxidos de nitrógeno y azufre, y reducen la contaminación y los olores

14 dic 2016 / 23:04 h - Actualizado: 15 dic 2016 / 08:00 h.
  • Diego García, delegado territorial de Keim, delante de una fachada tratada con fotocatálisis. / Manuel Gómez
    Diego García, delegado territorial de Keim, delante de una fachada tratada con fotocatálisis. / Manuel Gómez
  • La fotosíntesis de los edificios urbanos

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Con un proceso similar a la fotosíntesis, los edificios pueden reducir la contaminación atmosférica y mejorar la calidad del aire. En lugar de dióxido de carbono, que las plantas convierten en oxígeno, otro dióxido, de titanio, permite transformar el óxido de nitrógeno, que procede, por ejemplo, de los tubos de escape de los vehículos, y el azufre que vierten a la atmósfera las fábricas en nitritos y nitratos mineralizados que son evacuados con el agua.

Para ello, como en la fotosíntesis, solo se requiere la acción de ese agente catalizador y la presencia de luz. Y gracias a este proceso, que se denomina, precisamente, fotocatálisis, las edificaciones con este tipo de revestimientos contribuyen a mejorar la calidad ambiental del aire y a reducir de forma significativa los olores, «esto último ha motivado que cadenas hoteleras, –también restaurantes– se estén decantando por esta aplicación para sus establecimientos porque disminuyen los olores de espacios que habían sido utilizados años atrás por clientes fumadores», señala David Almazán, presidente de la Asociación Ibérica de Fotocatálisis.

Sin embargo, es la administración pública quien demanda más este servicio, no solo porque su coste es superior un 20% al revestimiento habitual –«aunque depende, en todo caso, de los metros cuadrados en los que se vaya a aplicar el material»–, sino porque este novedoso sistema en nuestro país posibilita que los ayuntamientos y demás instituciones públicas puedan «vender, y con razón, una gestión basada en la sostenibilidad y el respeto al medio ambiente», subraya.

El Ayuntamiento de Barcelona, en este sentido, ha incluido este criterio en los pliegos de condiciones que saca a concurso público. Y los grandes arquitectos se están haciendo eco de esta tecnología y la aplican en sus proyectos cada vez más. «Ello obedece a que además de las dos grandes ventajas apuntadas –calidad del aire y reducción de olores–, esta técnica logra un efecto autolimpiante porque evita que se adhiera lo orgánico, con lo que su aspecto estético será igual que el primer día y, si hablamos de fachada, no se verán ennegrecidas», comenta Almazán.

Pero este proceso no solo está pensado para fachadas sino que está concebido para pavimentos urbanos –el tramo reurbanizado de San Vicente cuenta con este tratamiento–, aceras y cubiertas, puesto que el agente catalizador puede estar en la composición de una pintura, en un mortero monocapa o en un revestimiento de cerámica. Además, su aplicación es viable también en interiores siempre que haya luz artificial, «esto evitaría el síndrome del edificio enfermo, con sustancias nocivas derivadas de aerosoles, moquetas y fotocopiadoras», apunta el presidente de AIF.

Andalucía, por su enorme potencia de luz solar, podría convertirse en una de las comunidades más beneficiadas por este proceso. Sevilla, de momento, cuenta con un edificio con estas técnicas, ubicado en la avenida de la Constitución y fue el segundo de España en el que se implantó esta novedosa técnica pero con escasa implantación de momento, por lo que desde el sector se piden más subvenciones.

«Se trata de un proyecto que otorga grandes ventajas porque mientras exista una capa de pintura, el efecto fotocatalítico está vivo», asegura Diego García, delegado técnico–comercial de Keim en la zona Sur. «No debemos olvidar que el decapado o picado de las fachadas que se encuentran en mal estado también tiene sus costes económicos al margen de los residuos generados».

CERTIFICACIÓN

El principal problema que denuncia el sector es el fraude que puede existir con este tema porque no existe un sello que certifique el correcto tratamiento de estos productos y es «relativamente fácil incluir en el etiquetado la presencia del dióxido de titanio y decir, sin más, que ofreces un tratamiento fotocatalítico», apunta García.

Desde la asociación, que aglutina al 50% del mercado, reconocen la dificultad a la hora de obtener ese sello de garantía y piden a las administraciones un mayor control. «Las empresas que desean formar parte de nuestra entidad deben demostrar a través de un laboratorio externo que son aptas para aplicar estos procesos», puntualiza Almazán.

El otro inconveniente con el que se enfrentan estas empresas es la falta de concienciación de las administraciones públicas. «Mientras esa apuesta por la sostenibilidad se produce, el esfuerzo se centra en los arquitectos, que son quienes tienen la última palabra porque los constructores siempre suelen buscar lo más económico sin tener en cuenta otros criterios», comenta el delegado territorial de Keim.

A pesar de todo ese desconocimiento, España está abanderando un sistema que empezó en Japón a principios de los 70 del pasado siglo. En estos momentos se están practicando ensayos con el objetivo de extraer, en 2019 como fecha límite, una serie de conclusiones sobre la duración de un producto, que «debe ser idéntica a la del soporte sobre el que se aplicado el compuesto».


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