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'¡Mira qué barrio!'

La gracia en frasco pequeño

El Barrio León es como los buenos perfumes, que no necesitan tamaño para ser grandes. Diez calles y una plaza le bastan para ser cuna del arte

15 jun 2018 / 18:00 h - Actualizado: 15 jun 2018 / 23:18 h.
  • Luis, tercera generación de las calesitas de Triana.
    Luis, tercera generación de las calesitas de Triana.
  • Andrés es el propietario de la semillería de Alvar Núñez.
    Andrés es el propietario de la semillería de Alvar Núñez.
  • El paseo por el Barrio León estuvo lleno de buenos momentos como el que ven. / Reportaje gráfico: El Correo TV
    El paseo por el Barrio León estuvo lleno de buenos momentos como el que ven. / Reportaje gráfico: El Correo TV
  • José Manuel García, subdirector del distrito junto al Mercado de San Gonzalo.
    José Manuel García, subdirector del distrito junto al Mercado de San Gonzalo.
  • Gasán es el cronista gráfico de Triana.
    Gasán es el cronista gráfico de Triana.
  • Juanma Labrador.
    Juanma Labrador.

Ha llegado el momento de volver a cruzar el puente de Triana para desembocar en un hermoso lugar de blancas casitas bajas y aroma de azahar en primavera que tiene por nombre el Barrio León, lugar en el que esta semana hace su parada ¡Mira qué barrio! Se trata de una de esas barriadas que dan vida a las entrañas mismas del distrito. Su nombre y el de la mayoría de sus calles están relacionados con el apellido del propietario de los terrenos –José León– en el que se construyeron las actuales viviendas.

En concreto, esta barriada situada junto al Muro de Defensa, se edificó sobre la conocida Huerta de La Torrecilla que, según escritos de la época, se extendía por algo más de 140.000 metros cuadrados. En ellos se construyó lo que algunos vinieron a calificar como un «barrio moderno», compuesto por diez calles y una plaza interior y delimitado por dos grandes vías: Alvar Núñez para separarla del Tardón y la Avenida de Coria, en el extremo opuesto, en lo que era la antigua carretera de San Juan.

Hoy en día el barrio es un oasis en la ciudad. Se respira silencio y calma, pero se altera cuando llegan sus días más grandes. De eso saben mucho Juanma Labrador y José Manuel García, trabajadores incansables del barrio, que fueron nuestros guías a lo largo de este paseo. De su mano conocimos a Andrés y su semillería con solo 6 días de vida; a Juan y María Iglesias, los hijos de Juan El Polvero, que han crecido en este barrio o Manoli Gaviño, esposa de Simón el de la Cristalería, que nos habló con el alma de sus raíces y nos cantó con el corazón una sevillana de las que se clavan hondo.

Aunque si hay que hablar de hondura en el Barrio León no hace falta más que visitar el Mercado de San Gonzalo, hogar que alimenta el cuerpo y el alma de los barrioleoneses, gentilicio con el que quedan bautizados para siempre los vecinos de este hermoso lugar. ¿Y qué decir del mérito y del trabajo de Gabriel Sánchez Gasán?, ese trianero de adopción al que le solo le faltó nacer en una cava del barrio para llevar en la partida de nacimiento el orgullo que ya lleva en el alma. Él, y no es poco, puede presumir sin reparos de ser el cronista gráfico de la historia de Triana. Tiene millones de fotografías que lo resumen todo a la perfección y que, además, valen su peso en oro.

Y todo eso sin que todavía le pesen los años. O al menos lo disimula muy bien. Tampoco nos pesaron a nosotros, salvando las diferencias, en el momento en el que decidimos liarnos la manta a la cabeza y volver a sentirnos como auténticos niños. Un reto que en el Barrio León solo tiene un camino, el de las calesitas de San Martín de Porres, la más antigua de toda Sevilla. Ahora es Luis el que la regenta, como antes lo hizo su padre –trianero de honor– y su abuelo, que fue de plaza en plaza hasta hallar el punto exacto en el que hacer felices para siempre a los niños trianeros.

Y para rematar, los dulces de la confitería Lola, marca de la casa y del barrio; los exquisitos chicharrones de Pablo, la cerveza y el marisco de un clásico como Mariscos Emilio y la cocina gallega y trianera de Casa Casimiro, con su plato de calabacines fritos y su pulpo a la gallega que estaban para quitarse el sombrero. Siempre con Triana, ese barrio que una vez más nos acogió como solo su gente sabe hacerlo. Así que nuestro aplauso para el Barrio León, ese hogar eterno de la devoción de un Lunes Santo, que nos enamoró con su aroma a azahar y nos enganchó con el abrazo eterno de unos vecinos que siguen siendo su gran tesoro.


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