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In fraganti

‘La Manada’: Así es el quinteto condenado por la Audiencia de Navarra

Desgranamos el suceso que conmocionó a toda España y lo comparamos con otros casos que también produjeron controversia

Juan-Carlos Arias jcdetective /
12 ene 2019 / 06:30 h - Actualizado: 12 ene 2019 / 06:30 h.
  • Los cinco integrantes de La Manada. / El Correo
    Los cinco integrantes de La Manada. / El Correo

La geografía delictiva española tiene en Sevilla referentes. El crimen de las estanqueras (1952) culpó y ejecutó a tres inocentes. El capricho de un gobernador franquista en aras del ‘orden público’ sustanció aquella barbaridad. Andando el tiempo el quíntuple crimen de ‘Los Galindos’ (1975) sentó la impunidad, la misma que asesinó y violó al niño Paquito Reyes (1984), en Torreblanca, aunque detuvieran a tres jesuitas.

La desafortunada Marta del Castillo hará 10 años que está ‘en paradero desconocido’, según la literatura policial-judicial. A finales de Enero de 2009 desapareció junto a amigos, que dieron tantas versiones de sus últimas horas como abogados tuvieron los encausados. La angustia de su familia la comparte hasta el sentido común. La verdad de este caso es escurridiza. Penosamente, hay intereses y negocios sobre las tragedias.

Esa ‘marca Sevilla’ se nubla más con unos ultras sevillistas que se divertían traspasándolo todo. Se hacen llamar ‘La Manada’, emulando a las bestias. José Ángel Prenda, Ángel Boza, Jesús Escudero, Antonio Guerrero y Alfonso Cabezuelo es un quinteto de condenados por el TSJ de Navarra. Agredieron sexualmente a una chica durante los penúltimos sanfermines. Fueron condenados en San Sebastián por hurtar gafas en una óptica y en Pozoblanco (Córdoba) por similar agresión que en Pamplona tienen pendiente juicio donde sus letrados tendrán trabajo para que los absuelvan.

La parte judicial

La controversia por subordinar la Justicia ante un clamor social de condena por violación, usarse por los penalistas el teórico consentimiento de la víctima -quebrado con el hurto de su móvil- nos interrogaron sobre el sexo grupal voluntario, no forzado. Si sumamos la miserable divulgación de la identidad de la afectada y defender lo indefendible el abogado de cuatro de cinco condenados llegamos hasta el sonrojo que abochorna a legos y juristas. Una cosa es la defensa a la que tiene el peor criminal y muy otra es hacer trampas, culpar a la sociedad o al sistema de actos propios.

La diferencia de impunidades del crimen de las Estanqueras, Cas Los Galindos y Paquito con lo conocido de ‘La Manada’ es que ahí Justicia encontró culpables. Esa ‘alarma social’ que tanto jalean los políticos y legislar ‘en caliente’ ya no da juego. El Tribunal Supremo tendrá la última palabra. Para no perder ‘cuota mediática’ se llegará hasta Estrasburgo...

La parte criminal

Hasta aquí la parte judicial de ‘La Manada’. En otros escalones, el fenómeno criminal que inventaron causó empatía hasta el punto que el efecto multiplicador de los medios e internet se imite. Agredir sexualmente en grupo a seres vulnerables, incapaces, menores, ebrias o drogadas lo sufrieron y denunciaron en varias ocasiones para vergüenza de quienes ven así un nuevo divertimento: la agresión grupal a indefensas.

‘La Manada’ se palpa en Sevilla por obra y gracia de unos sujetos de los que echamos de menos pidan perdón por su repugnante proceder, siquiera para rebajar condena. Lejos de disculparse ante la víctima intuimos su ‘operativa’ por las conversaciones por mensajería telefónica que trascendieron mientras ‘disfrutaron’ en Pamplona y Pozoblanco, antes y después de cometer sus fechorías. Queda claro que en ninguno de los dos lugares iban a divertirse como cualquier joven.

En Pozoblanco iban, los integrantes de ‘La Manada’, listos para adormilar a su víctima y proceder como ‘valientes’. En Sevilla y San Sebastián parte o toda ‘La manada’ hurtan gafas caras, artículo cotidiano imprescindible. Otro dato llamativo en ‘La Manada’ que dos de sus miembros son guardia civil (Guerrero) y militar de la UME (Cabezuelo) respectivamente. Que un miembro de la Benemérita y un soldado cuya misión es ayudar a ciudadanos durante catástrofes, añade escándalo al affaire ‘La Manada’. La chica agredida en Pozoblanco refirió a sus amigos que cómo iba a denunciar lo sufrido si en el cuartel podría tomarle declaración uno de sus agresores, el guardia civil que la noche de juerga usó su credencial oficial para incautar droga para consumo privado y gratis de ‘La Manada’. Lo desveló un reportaje televisivo sustentando en varios testimonios verbales.

Es decir, estimados lectores, el mundo al revés. Antes el delito se investigaba entre habituales de maldades que tenían hasta grados y estatus a los ojos policiales. Ahora, demasiadas veces, toca depurarlo entre ocupantes de despachos oficiales, hurgando en uniformes, quitando tricornios o acaso entre guerreras solidarias como estamos viendo.

Lo peor de ‘La manada’ es que ya ha traspasado muchas fronteras del bien común que intenta establecer la Justicia maridando con el Derecho. Pasó desapercibida la firmeza instructora de la jueza de Pozoblanco, Eva Sesma. Puso su talento investigador maridado con el de policías forales navarros desplazados al norte cordobés tras descubrirse en móviles de ‘La Manada’ imágenes de víctima drogada de la que abusaban estos individuos dentro de un coche. Ni la policía, ni la Justicia con mayúsculas, son tontas. El Ayuntamiento de Pozoblanco, por unanimidad, declaró a este grupo de trasgresores ‘personas non gratas’. ‘La Manada’ allí ya no es bienvenida

Quienes somos más racionales como humanos que ‘La Manada’ entendemos que el tiempo los pondrá en su lugar con todas las garantías legales. Deben percatarse que divertirse no es delinquir, ligar no es agredir y que los ciudadanos tenemos los mismos derechos que ellos a defenderse, pero también obligación de respetar normas que nos permiten convivir. Debemos mandar muchas señales de ‘stop’ a más manadas de humanos que sobrepasen lo que debe respetarse. Así, todos ganaremos.


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