lunes, 10 diciembre 2018
21:07
, última actualización

La natalidad pasa de largo

Somos menos. La capital hispalense ha perdido 10.000 habitantes en estos últimos cinco años. La huida de los inmigrantes y la caída de la tasa de natalidad son las principales causas

08 oct 2016 / 08:00 h - Actualizado: 09 oct 2016 / 13:07 h.
  • La población de Sevilla encadena cinco años de caída libre y se sitúa en niveles similares a 1992. La bajada de la natalidad y el freno en la llegada de inmigrantes, entre los motivos. / Pepo Herrera
    La población de Sevilla encadena cinco años de caída libre y se sitúa en niveles similares a 1992. La bajada de la natalidad y el freno en la llegada de inmigrantes, entre los motivos. / Pepo Herrera
  • La natalidad pasa de largo

La crisis mundial de los últimos años no solo ha ahogado a las economías domésticas sevillanas sino que ha supuesto un freno importante en el crecimiento demográfico de la ciudad. Las cifras son así de contundentes: en Sevilla hay menos población que hace un lustro. Entre los años 2010 y 2015 –el último dato del que se dispone hasta el momento– se ha registrado una pérdida de 10.000 habitantes. Un descenso progresivo que, a pesar de los intentos de los diferentes gobiernos locales, ha ido siendo cada vez más acusado sin que las políticas municipales hayan logrado contenerlo.

En la capital hispalense hay en la actualidad 693.878 habitantes censados. Para encontrar una cifra tan baja como ésta habría que remontarse hasta el año 1992, justo antes de la celebración de la Exposición Universal, cuando el padrón municipal contaba con 683.028 inscritos. Por segmentos, los datos de 2015 recogen que, por un mínimo margen, la gran parte de ellos (un 52,5 por ciento) son mujeres frente al 47,5 por ciento de hombres. También existe una abrumadora mayoría de ciudadanos españoles sobre la población extranjera que, compuesta por 32.485 personas, solo supone el 4,7 por ciento del total.

Pero, ¿qué consecuencias tiene para Sevilla descender de la cifra de 700.000 empadronados? Cuando en 2014 la ciudad perdió 3.493 habitantes y bajó de este margen se dispararon todas las alarmas. No solo por el debate interno que supuso la constatación del fracaso de las políticas demográficas sino también por las repercusiones negativas que suponía en el reconocimiento de Sevilla como una de las grandes capitales del país. Aunque la normativa vigente requiere un descenso aún mayor para perder esta condición, la caída del padrón sí supuso un descenso en el número de concejales de la corporación municipal de 33 a 31 ediles y, lo más importante, una rebaja considerable en los tributos a recibir del Estado y la administración autonómica.

Este crecimiento negativo –entre los años 2004 y 2014 fue del -1,08 por ciento– contrasta con lo ocurrido en el resto de las principales ciudades de España. Frente a la situación que se estaba viviendo en Sevilla, capitales de provincia como Madrid (+2,47 por ciento), Barcelona (+1,49) o Valencia (+0,09) experimentaban un aumento de diferente calado en su población. Cierto es que mientras la cifra de la capital hispalense descendía, la de los municipios sevillanos, especialmente la de los más próximos a la ciudad, era notablemente superior. Localidades como Alcalá del Río, La Rinconada, Mairena del Aljarafe, Coria del Río o Alcalá de Guadaíra crecían en márgenes que incluso llegaban a superar el 20 por ciento.

Unos datos que confirman que durante aquellos años el éxodo de habitantes de la capital tenía un motivo claro, más allá de las posibles consecuencias directas que se derivaran de la crisis económica. Los sevillanos se marchaban de la capital para mudarse a otras localidades limítrofes las conocidas como ciudades dormitorios por la posibilidad de acceder a unas viviendas más amplias, más cómodas y, fundamentalmente, más económicas. Incluso algunos ayuntamientos facilitaron este trasvase con una política fiscal mucho más ventajosa para sus nuevos vecinos.

Pero esta realidad cambió por completo el año pasado. En 2015, al descenso registrado en la capital le acompañó una tasa de crecimiento cero en el conjunto de la provincia. Ni las hipótesis de ser ciudades dormitorio ni el trasvase de población al Aljarafe se sostenían en un insignificante aumento de 125 habitantes, muy lejos de los más de 25.000 empadronados que se sumaban durante los años 2008 y 2009. Solo un pequeño ramillete de municipios próximos a la capital, como Bormujos, experimentaron un crecimiento en la cifra de habitantes.

Sin solidez para este argumentario provincial, las causas de que se mantenga este descenso se centran en el cambio de tendencia de la población extranjera y, especialmente, en el brusco descenso de la tasa de natalidad. La evolución del saldo migratorio confirma esta evolución, con un número de emigrantes superior al de inmigrantes. En la última década, solo se observa un cambio de esta tendencia en el año 2010 que no se sostuvo en el tiempo.

En lo que se refiere a los nacimientos se constatan dos tramos de evolución. Por un lado, de 2004 a 2008 la tasa de natalidad fue en aumento, mientras que a partir de 2008 cayó en picado. Esto ha provocado que desde 2006 el índice de envejecimiento sea superior a 100. O lo que es lo mismo, desde entonces la población mayor supera a la de los jóvenes. Unos detalles que no invitan a pensar que los datos de 2016 sean mucho más halagüeños.


Todos los vídeos de Semana Santa 2016