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La ‘rara avis’ que sobrevive

En Nervión. El mercado de Marqués de Pickman es el único de Sevilla de titularidad privada, si bien los placeros pagan las tasas municipales

23 may 2017 / 15:18 h - Actualizado: 23 may 2017 / 21:40 h.
  • Víctor Vera, presidente de la comunidad de propietarios de este mercado. / Reportaje gráfico: Jesús Barrera
    Víctor Vera, presidente de la comunidad de propietarios de este mercado. / Reportaje gráfico: Jesús Barrera
  • De los 23 puestos, 15 están operativos.
    De los 23 puestos, 15 están operativos.
  • La construcción del edificio data del año 2002.
    La construcción del edificio data del año 2002.
  • Juanma, en la única frutería de este mercado de abastos.
    Juanma, en la única frutería de este mercado de abastos.

Como el resto de mercados de abastos, éste sobrevive gracias a la lucha diaria de sus placeros pero, además, es una rara avis. Es la única plaza de abastos de Sevilla privada y vive un leve repunte de sus ventas. A algunos les va mejor que a otros y hay quien achaca esta mejoría a la apertura de un supermercado al lado, pero lo cierto es que el mercado de Marqués de Pickman resiste con sus peculiaridades. Y son muchas.

Los 23 puestos –ocho de ellos cerrados– están rodeados de fruterías, supermercados y todo tipo de tiendas. La competencia en la calle es «brutal», pero «cada uno tiene su público» y «mientras más oferta fuera, más clientes se acercan». Eso dice el único frutero del mercado, el optimista Juanma. A las tres de la madrugada se levanta todos los días para tener un puesto de frutas cuidado al mínimo detalle. Es, con diferencia, el más bonito de la plaza. Rezuma alegría, pese a que atraviesa una delicada situación personal. Llama a sus clientas por su nombre y nos pide un reportaje positivo de su plaza. Del mercado al que llegó su padre en 1958, cuatro años después de que se inaugurase. Dedicación e ilusión no le faltan para ofrecer productos de la huerta que no venden los supermercados. Pero este reportaje, lamentablemente, no puede ser tan optimista como él.

Rafael regenta una de las dos carnicerías abiertas –junto a la pollería, la tienda de chacinas y la del bacalao–. Tiene 73 años y se quiere jubilar. Pero no puede. No hay forma de vender el puesto que lleva el mismo nombre desde hace 63 años. Si Rafael se jubila tendrá que seguir pagando la cuota de la comunidad de propietarios de la plaza: 300 euros. Y no se venden los puestos porque «al mercado sólo va a comprar la que sabe guisar, las viejas como yo», añade Encarna mientras compra.

Desde 1954 hasta 2002 el mercado fue municipal, pero por la dejadez del Ayuntamiento se declaró en ruinas y fueron los placeros los que decidieron tomar las riendas. Ellos se encargaron de la demolición y de la construcción de un nuevo edificio. Desde entonces, los puestos son en propiedad y el mercado se gestiona como una comunidad de vecinos. Entre 2007 y 2010 vivieron en una burbuja como la inmobiliaria: volvieron los clientes de siempre y se vendía de todo. Era un mercado modelo y moderno. Pero la crisis les golpeó fuerte. En 2007 uno de los puestos se vendió por 90.000 euros, sin embargo, el último cambió de dueño por 6.000 euros. La burbuja explotó.

«Desde hace unos años estamos mejor, sobre todo, en la temporada alta, en la campaña de Navidad», explica el presidente de la comunidad de propietarios, Víctor Vera, quien reivindica que el Ayuntamiento les quite las tasas municipales: 56 euros al mes por licencia, indica.

«El de Las Palmeritas tiene aparcamiento y parque infantil pagado por el Ayuntamiento, nosotros no tenemos nada y pagamos igual», defiende Diego, carnicero desde hace diez años en Marqués de Pickman. Al igual que Vera, reclama campañas publicitarias para que los jóvenes entren en los mercados atraídos por un género de calidad.

«Esta plaza destaca por la calidad de sus productos», remarca Paco Lama, uno de los seis pescaderos. Él tampoco es optimista: «Una chica de 28 años no se mete a harinar pescado». «Estamos cansados y quemados y no sabemos ya qué hacer», lamenta. Ni ampliar horarios –para lo que necesitarían más personal– ni apostar por el envío a domicilio. Hasta el bar cerró y ahora se ha transformado en un obrador de caracoles.

Diego, sin duda, es de los más tajantes: «Estamos destinados a desaparecer». «Los padres tienen que llevar a sus hijos al mercado a comprar, no al Mercadona». «Los jóvenes no saben ni cuánto es un cuarto de kilo de carne», le apostilla un cliente.

Y es que lo importante, las cuentas, no salen. Calculemos. 300 euros de cuota de comunidad, 50 euros de tasas municipales, 267 de autónomo, 100 por los módulos, 20 euros por la basura, otros 20 de teléfono, 115 por la luz y el agua... En total, «cerca de 900 euros al mes de gastos». Más la compra de la mercancía.

Con todo, en honor a Juanma, terminamos con un mensaje positivo. Si se vende mucho, los números cuadran. Diego –también una rara avis por sus ventas obtiene de la carnicería un sueldo de entre 1.400 y 1.600 euros al mes para él, su mujer y sus dos hijos. Algo que agradece a la clientela que «nos hace poder vivir bien, aunque sin lujos, en un momento en el que tener trabajo sí que es un verdadero lujo».


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