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La tradición, por delante

La retirada de los veladores de la confitería La Campana es muestra del error de tratar por igual a franquicias y negocios locales que dan identidad a nuestra ciudad

20 abr 2017 / 09:02 h - Actualizado: 20 abr 2017 / 09:02 h.
  • La tradición, por delante

Sevilla tiene en su historia una serie de símbolos, de puntos inamovibles que son parte de su identidad más profunda. Lugares, edificios, monumentos y establecimientos sin los que no se entiende la vida de nuestra ciudad.

Una de estas claves, de sobra conocida por cualquier sevillano de a pie, es la confitería La Campana. Se trata de un negocio centenario que representa a los comercios tradicionales de la ciudad de Sevilla. Allí donde tantas personas han acudido tarde tras tarde a saborear la artesanía de sus dulces y congraciarse con un ambiente ameno y peculiar.

Se trata de un lugar emblemático, donde paraban nuestros abuelos a descansar con un café y una torrija, donde muchos jóvenes continúan la tradición acudiendo con sus parejas a recordar el olor de los pasteles más especiales y míticos en nuestra localidad.

La Campana es un local familiar, un negocio de gente sevillana y trabajadora que lleva por bandera las costumbres de nuestra capital. Ni que decir tiene que está por encima de cualquier hamburguesería impersonal, donde no se siente ni se defiende ninguna identidad, donde Sevilla no significa más que una ubicación donde seguir vendiendo un producto sin personalidad.

Uno de los puntos fuertes de esta confitería tan singular a la que los sevillanos ya estamos más que acostumbrados, son sus veladores, que desde hace más de treinta años ocupan parte de uno de los sitios principales del casco antiguo. Un lugar para el descanso y disfrute de quienes tengan la oportunidad de sentarse a recordar la esencia de nuestra ciudad.

Una nueva normativa obliga a retirar mesas y sillas de éste y otros establecimientos de la zona. La norma tiene como objetivo salvaguardar la seguridad de los viandantes de la plaza, que por proliferación de veladores se ha visto peligrar.

Pues bien, cierto es que ha habido un crecimiento en exceso de veladores en este lugar. Todo ha sido producto de las ideas de varias franquicias vecinas a la confitería, que han ocupado buena parte del acerado. Ahora es cuando nos cuestionamos si es lícito comparar un negocio señero y asentado en nuestra cotidianidad desde muchos años atrás, con nuevas franquicias que llegan para quedarse con un proyecto sin alma, con idea de hacerse sitio entre la población local pero sobre todo turista, de nuestra ciudad, sin otro fin ni decoro que sacar la mayor rentabilidad a coste cero en espíritu. Estos negocios tienen el derecho de existir, nos guste o no, pero estamos hablando de que se trata por igual a quien respeta Sevilla, su cultura y su gastonomía, que a quien inculca costumbres alienadas sin valores ni arraigo. ¿Acaso no es injusto?

Se han retirado todos los veladores, no sólo unos pocos. Teniendo en cuenta que, por espacio, dentro del local no hay ni mesas ni sillas, la conclusión es que la medida tomada desde el Ayuntamiento va a suponer casi seguro una profunda brecha en este negocio local. Familias completas trabajan en este lugar y van a ver peligrar su puesto de trabajo. La Campana tendrá que renunciar al porcentaje de ingresos que supone tener veladores en la calle. Mientras, las franquicias, poco o nada van a sufrir este drástico cambio. Algo no va bien en la balanza.


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