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Las biblias de ‘Don Jorgito’

George Borrow instaló en la plaza Nueva un kiosco para vender biblias protestantes en 1839, y como fracasó, arremetió furioso contra los sevillanos

20 mar 2017 / 08:47 h - Actualizado: 20 mar 2017 / 08:47 h.
  • Las biblias de ‘Don Jorgito’
    En este edificio del fondo, donde luego fue construido el Banco de España, de la plaza de San Francisco, instaló George Borrow la oficina de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, función mercantil que ejerció en Sevilla en 1839. / Fototeca Municipal de Sevilla-fondo Juan Barrera Gómez
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    El semanario británico The Illustrated London News (1839) publicó el grabado que reproducimos con el título ‘La venta de Biblias en Sevilla’. El dibujante recreó la esquina de la plaza Nueva frente a las calles Tetuán y Granada, el kiosco promovido por George Borrow y personajes ataviados con el ropaje de la época. / Francisco José de Jesús Pareja
  • Las biblias de ‘Don Jorgito’
    Vista de la plaza de San Francisco durante la Semana Santa de mediados el siglo XIX. / El Correo
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    Pregón de la Feria del libro (2002). / Francisco José de Jesús Pareja
  • Las biblias de ‘Don Jorgito’
    George Borrow (East Dereham, Norfolk, Inglaterra, 5 Julio 1803-Oulton, Lowestoft, 26 Julio 1881) fue uno de los viajeros extranjeros que llegaron a España en la primera mitad del siglo XIX. / Francisco José de Jesús Pareja

George Borrow (East Dereham, Norfolk, Inglaterra, 5 Julio 1803-Oulton, Lowestoft, 26 Julio 1881) fue uno de los viajeros extranjeros que llegaron a España en la primera mitad del siglo XIX (1836-1840) y escribieron sus experiencias con menor o mayor acierto, contribuyendo en ocasiones a difundir leyendas románticas que crearon un estado de opinión bastante desdibujado sobre las realidades españolas de la época.

El inglés George Borrow añadió a su condición de viajero y aventurero políglota la de agente de ventas de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, función mercantil que ejerció en Sevilla en 1839, logrando contar con varios colaboradores locales para difundir la Biblia protestante. Años antes actuó en Madrid, donde se hizo popular con el sobrenombre de Don Jorgito el inglés. Por causas diversas fue encarcelado en Madrid y Sevilla, logrando restaurar su fama tras probar que había sido vinculado a actuaciones punibles por error o animadversión.

Su obra La Biblia en España, que le hizo famoso, se publicó en 1842 por primera vez, y pronto fue traducida al alemán, el ruso y el francés. En 1921 se publicó por primera vez en castellano, traducida y anotada por Manuel Azaña, con el título completo de la edición de 1896 de Burke: La Biblia en España, o viajes, aventuras y prisiones de un inglés en su intento de difundir las Escrituras en la Península.

George Borrow fue amigo de los gitanos desde su juventud, y en España realizó una meritoria labor en su defensa, comenzando por dominar el caló. A Sevilla le dedico en su libro básico abundantes referencias, pero generalmente negativas. El proyecto de vender Biblias protestantes en nuestra ciudad fue un rotundo fracaso, que nunca perdonó. El capítulo cuarenta y nueve de la Biblia en España resume su desdén hacia los sevillanos, a los que dedicó comentarios insultantes, en contraste con la alta valoración que hace de la belleza y fertilidad de las tierras andaluzas.

En 1970 publicó Alianza Editorial un libro por entonces ya desaparecido en las librerías, La Biblia en España, escrito y publicado por George Borrow en 1842, en Gran Bretaña, y no conocido en España hasta 1921, cuando fue traducido por Manuel Azaña. Huelga decir que la edición española fue corta y sólo atractiva para quienes, como el mismo Azaña, valoraban el enfoque liberal del concepto histórico español, en contra de la visión tradicionalista de una España casi perfecta. Este es, esencialmente, el enfoque del libro de Borrow. (Así lo consideró José Cabrera Vicente, en un artículo publicado en ABC el 2 de diciembre de 1990).

La iniciativa de Alianza Editorial la esperábamos varios sevillanos conocedores de las aventuras de George Borrow en nuestra ciudad, primero en 1836, durante unos veinte días, y después durante casi todo el año 1839, cuando además instaló en la plaza Nueva el kiosco de la Sociedad Bíblica Británica para vender los libros sagrados según la versión protestante. Y nuestras inquietudes estaban fundamentadas en el conocimiento parcial de los durísimos, despiadados comentarios que George Borrow había dedicado a los sevillanos en particular y a los andaluces en general. Claro que hay que hacer constar que Borrow cosechó un rotundo fracaso con sus biblias protestantes, como no podía ser menos en la tierra de María Santísima, y su enfado se convirtió en rencor hacia los sevillanos.

Durante casi ochenta años, la obra de Don Jorgito el inglés, como fue conocido en España, alcanzó enorme popularidad y fue traducida al alemán, el francés y el ruso. Es decir, durante ese largo período de tiempo, casi un siglo, medio mundo pudo leer La Biblia en España, menos los españoles, y menos aún los sevillanos que estaban lejos del foco cultural selectivo de Madrid, de donde prácticamente no habían salido los ejemplares de la edición primera y única del año 1921.

Nuestros temores se cumplieron con creces. Creo que nunca ningún escritor extranjero arremetió con tanta saña contra los sevillanos, y su texto hizo, y sigue haciendo, mucho daño entre quienes desconocedores de las realidades sevillanas del siglo XIX, lo leen y creen en la palabra de Borrow. Es decir, que si negativa fue La España de Merimé, como sentenció Antonio Machado, lo mismo sucedió con La España de Borrow, escrita para el consumo anglosajón hambriento de leyenda anti española, según escribió José María Alfaro en ABC el 20 de noviembre de 1981.

Algunos de sus textos, dicen: «Vendo una mercancía que aquí no le importa a nadie. ¡Libros en Sevilla, donde nadie lee, como no sean novelas nuevas, traducidas del francés, y obscenidades! ¡Libros! ¡Ojalá fuese gitano, que entonces, vendiendo burros, sería al menos independiente y más respetado que ahora!».

«Pero en Sevilla hay una gran catedral con muchos curas y canónigos; de seguro irán a verle a usted algunos para comprar obras clásicas y libros de literatura eclesiástica».

«Dionisio: Si cree usted eso, Kyrie, conoce usted mal a los eclesiásticos de Sevilla. Yo trato a muchos y puedo asegurarle que es difícil encontrar una caterva de gentes con más declarada aversión a los trabajos intelectuales de toda especie».

El texto completo de Borrow es irreproducible. Nadie ha escrito con más odio de los sevillanos. Nosotros lo reproducimos íntegro en el Pregón de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, en 2002, que fue leído en el Ateneo.


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