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Radiografía del Guadalquivir

Los dragados anuales son ahora ejemplo de gestión sostenible

Los científicos certifican que no tienen efectos negativos y que los vaciaderos son zona de cría para 12 especies

13 jun 2018 / 18:29 h - Actualizado: 14 jun 2018 / 11:03 h.

Los nuevos informes científicos sobre el estado del estuario del Guadalquivir incluyen algunas «sorpresas», según el coordinador José Carlos García-Gómez, catedrático de Biología Marina y director del departamento de Zoología de la Facultad de Biología de la Universidad de Sevilla. Una de ellas que los vaciaderos (donde se deposita lo extraído en los dragados de mantenimiento que realiza el Puerto) son zonas de crías para doce especies.

Según los técnicos del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), los vaciaderos terrestres han sido identificados como áreas alternativas de cría para la cigüeñuela común, la avoceta común, la gaviota reidora, la focha común, el chorlitejo patinegro, el chorlitejo chico, el charrancito común, el zampullín chico, el pato colorado, el ánade real, el porrón común y el abejaruco europeo.

«La gestión ambiental sostenible de los vaciaderos terrestres incidiría de forma positiva en la biodiversidad a través del establecimiento de un modelo de gestión adaptativa», reza en el informe presentado este miércoles, que añade que esta actuación es un ejemplo de gestión sostenible del estuario, ya que la propia actividad vinculada al Puerto de Sevilla contribuye directamente a favorecer la cría y a atraer nuevas especies al estuario.

Además, la Universidad de Sevilla indica que en los estudios de los dragados de mantenimiento no se han apreciado afecciones significativas desde el punto de vista biológico y sedimentológico.

El Laboratorio de Biología Marina de la Universidad de Sevilla ha abordado las comunidades animales asociadas a los fondos del estuario (comunidades bentónicas), con objetivos finalistas y otros centrados a largo plazo.

«Se han realizado dos estudios inherentes a los dragados de mantenimiento del canal de navegación sobre las comunidades del fondo (dragados de 2013 y 2015). El primero localizado en los últimos 40 kilómetros del estuario y el segundo centrado en dos tramos representantes de la zona oligohalina (tramo de La Gola) y polihalina (tramo de Salinas), respectivamente. Este último se ha realizado siguiendo un diseño experimental BACI (Before After Control Impact), considerado a nivel mundial de los más efectivos para la detección de impactos, tanto para detectar cambios directos en las comunidades del canal de navegación como indirectos en las aguas someras de la orilla izquierda (zona de mayor influencia marina en los estuarios del hemisferio norte)». «En ambos estudios –prosigue el informe– no se han apreciado afecciones significativas. En algunos casos se detectaron cambios justo en el momento del dragado y muy localizados espacialmente, pero con una rápida recuperación de los niveles de base. El efecto del dragado parece muy localizado en la zona del canal y durante un periodo de tiempo corto, si bien es cierto que la alta pobreza del bentos de esta zona puede influir en los resultados finales y encriptar posibles afecciones que serían bien caracterizadas si el ecosistema bentónico fuera más estructurado y biodiverso»


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