miércoles, 19 junio 2019
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«Los pobres del barrio están cansados de ser tan estudiados y vivir cada vez peor»

Estrella Pérez Encinas, presidenta de la Asociación Educativa y Social de la Candelaria. Los monitores y voluntarios de esta entidad hacen una labor muy importante para encauzar el porvenir de niños y jóvenes de su barrio, uno de los más ignorados por Sevilla y más degradados de España

12 may 2018 / 22:04 h - Actualizado: 13 may 2018 / 11:44 h.
  •  Estrella Pérez, en la sede de AES Candelaria, que atiende a 400 niños y jóvenes. / Manuel Gómez
    Estrella Pérez, en la sede de AES Candelaria, que atiende a 400 niños y jóvenes. / Manuel Gómez

«Lo que más me gusta de la asociación es que todo el barrio la conoce, y a los niños les gusta mucho estar aquí. Es como un oasis. Pero lo que queremos es que todo el barrio sea un oasis». Me lo dice Estrella Pérez Encinas mientras descubro el estupendo ambiente que hay en todas las salas y aulas. Los rostros infantiles irradian felicidad junto a sus monitores y educadores. A sus 46 años de edad, y trabajadora en la Consejería de Agricultura desde hace 19, la presidenta de la Asociación Educativa y Social Nuestra Señora de la Candelaria lleva casi tres décadas vinculada a esta entidad muy representativa de la acción social en La Candelaria, Los Pajaritos y Madre de Dios (los llamados Tres Barrios), y en Amate. Un sector con un total de 19.000 habitantes. Algunas de cuyas barriadas aparecen año tras año en los informes del Instituto Nacional de Estadística a la cola española en renta per capita. Y sufriendo además el gravísimo acoso del narcotráfico para destruir la convivencia y parapetarse en guetos.

La AES Candelaria es una de las que ha organizado este sábado 12 de mayo, en la Plaza Dr. Andreu Urra, un encuentro lúdico y reivindicativo de entidades sociales radicadas en todo el sector de Tres Barrios-Amate. Con dos lemas. Uno es ‘Ponlo en positivo’, convocando al resto de la ciudad a conocer “la parte positiva de unos barrios que solo se conocen por lo negativo”. Y el otro es ‘S.O.S. Educación en Tres Barrios’, por las altas tasas de absentismo, fracaso, abandono y conflictividad escolar.

–¿Su apego a la Candelaria es de cuna?

–Mis padres llegaron a la zona en 1972, poco antes de nacer yo, cuando consiguieron un piso en la calle Candela. Mi padre procedía del Tiro de Línea y mi madre de Ciudad Jardín. Ahí residimos hasta 1988, viví una infancia de barrio muy feliz. Cuando cumplí 16 años nos fuimos cerca, a un piso en Amate, como otras familias obreras nos mudamos para alejarnos del deterioro que se estaba viviendo por la irrupción de clanes de la droga. Cuando me emancipé de mis padres, seguí en la zona y tengo mi domicilio al otro lado del Parque Amate. Tengo dos hijos, y la mayor, con 17 años, ya es voluntaria de la Asociación la Candelaria. Mi etapa escolar transcurrió en centros de Nervión: durante EGB en el Colegio Pío XI, después en el Instituto Beatriz de Suabia. Hice la carrera de Trabajo Social en la Universidad Olavide.

–¿Fue vocacional?

–Sí, desde pequeña he tenido vocación de trabajar por las demás personas de mi entorno. Comencé en la Parroquia de la Candelaria, cuando montamos un centro juvenil. Mis padres me transmitieron la importancia de ser una persona que se movilice, igual que yo se lo he enseñado a mis hijos. Con mis padres fui a muchas manifestaciones. Yo, con 17 años, quise tomar mi camino a través del movimiento juvenil en la parroquia, aunque mis padres no fueran personas de iglesia.

–¿Recuerda alguna movilización que le marcara en su carácter durante su infancia o adolescencia?

–Me impresionó vivir con siete años de edad la manifestación de diciembre de 1979 por la autonomía andaluza. Me llevaron mis padres y recuerdo el ambiente multitudinario, las banderas, el clamor, y también el miedo que pasé cuando los ultraderechistas de Fuerza Nueva lanzaron botellas desde su sede cerca del Ayuntamiento. En mi barrio había mucho movimiento obrero y la gente estaba muy implicada con la defensa de Andalucía. De mi adolescencia, recuerdo participar en la cadena humana en contra de la Expo’92 porque barrios como Torreblanca, Candelaria, etc., quedaron al margen de todas las mejoras en la ciudad. Y además nos enviaron a nuestros barrios a toda la delincuencia que quitaban de enmedio en el centro de Sevilla para que no afeara la imagen de la ciudad en 1992.

–¿Se siente identificada con lo que evoca el cineasta Alberto Rodríguez en la película ‘Grupo 7’, que trata ese tema?

Mucho, lo que cuenta es real. Denuncia la otra cara de Sevilla durante la Exposición Universal. Y cómo ‘limpiar’ de delincuencia las calles de unos barrios a cambio de enviarle la morralla a los que ya sufríamos la presencia de la droga. Nuestros barrios se vieron perjudicados incluso en quedarse paralizado el asfaltado de muchas calles porque cuando se iba acabando el dinero para obras la prioridad era acabar las del centro de la ciudad y entorno de la Expo. Fue un momento en el que muchos jóvenes nos sentimos tan indignados que decidimos no ir ningún día a la Expo.

–¿Cómo fueron vertebrando todo lo que ahora ofrecen como servicios sociales?

–En 1990, todo era la voluntad de jóvenes como yo de ayudar a muchos chavales del barrio que veíamos en muy malas condiciones. Empezamos a montar clases de apoyo, talleres formativos, ir de campamento de verano con los curas,... Cuando en 2002 murió tiroteado el joven Marcos Ríos y hubo graves incidentes en el barrio, las autoridades de Sevilla tomaron conciencia de la envergadura de los problemas en la zona y empezaron a ayudar a quienes nos dedicábamos desde dentro a mejorar la calidad de vida.

–¿De qué manera está articulada la AES Candelaria?

–Somos unos 200 socios. La cuota es simbólica, un euro al mes. Atendemos a unos 400 niños y adolescentes, y a sus respectivas familias. Ya tenemos contratados a 15 personas como educadores. De ellos, cuatro acudían en su infancia a la asociación. Quienes formamos parte de la junta directiva estamos muy vinculados desde nuestra juventud. El vicepresidente fue un niño atendido en la asociación, estudió una carrera, ha sido educador con nosotros y ahora es profesor en el colegio SAFA Blanca Paloma. Él es uno de los modelos inspiradores.

–¿Y un joven que esté sirviendo de modelo?

–Por ejemplo, Yeray Montalvo, de 19 años, que está estudiando ingeniería en la Universidad de Sevilla. Su madre ha trabajado mucho con él, es un niño que ha estado siempre aprovechando en la asociación nuestras actividades. Necesitamos generalizar que las familias valoren la cultura del estudio.

–¿Su área de actuación incluye también todo Amate?

–Atendemos a La Candelaria, Los Pajaritos y Madre de Dios, y también a gente de Amate. Es importante que la normalización se haga con personas que están cerca y no viven en tu barriada. Si no, estaríamos haciendo guetos. Además, no solo actuamos en nuestra sede, también nos desplazamos a los colegios, en sus instalaciones se hacen las actividades deportivas.

–¿Tener su sede dentro de una parroquia les condiciona?

–Estamos muy agradecidos a sus sacerdotes, tanto los actuales como sus antecesores. Trabajan mucho por la gente del barrio. Somos una asociación laica y utilizamos casi todos los salones y dependencias de un edificio que es de la parroquia, y de ella hemos surgido como voluntarios. Además, disponer de tantos espacios en este edificio es doblemente importante en el barrio porque no hay un centro cívico municipal. Hasta el aula de Guadalinfo está dentro de la parroquia.

–¿Cuál es la actividad de su asociación mejor valorada?

–El refuerzo educativo. La gente valora mucho que sus hijos puedan venir a hacer los deberes todos los días por las tardes de lunes a jueves. Atendemos a escolares de 6 a 16 años. Los educadores nuestros también le dan refuerzo a los alumnos de la zona que van al Instituto Martínez Montañés y lo necesitan, en coordinación con sus profesores de dicho centro. Además, tenemos actividades extraescolares y de refuerzo en los colegios Victoria Díez y Candelaria, más actividades deportivas y de inglés. Estamos coordinados con el Instituto Municipal de Deportes para desarrollar las escuelas deportivas en los colegios, los únicos lugares en estos barrios con pistas para hacer deporte.

Dígame un detalle de organización que a primera vista no percibamos.

–Las equipaciones deportivas de los niños se lavan en una lavadora que conseguimos para nuestra sede. Los educadores traen la ropa tras los entrenamientos y partidos, aquí se lava y se tiende en el patio de la parroquia. Y un detalle que nos gusta mucho: A cualquier lugar donde acuden los niños, por ejemplo las visitas culturales, al terminar nos elogian por lo bien que se comportan.

–¿Qué actividades organizan en verano?

–El campamento de verano, que es un motivo de gran ilusión para los chavales, porque no salen a ningún otro sitio. En los últimos años lo estamos haciendo en La Fundición, en Cazalla de la Sierra, hemos llegado a tener hasta 80 niños en el campamento. Ahí nos ayuda mucho La Caixa. Y desde hace dos años también montamos en nuestra sede una escuela de verano, tanto en julio como en agosto. Con desayuno y con almuerzo, porque también nos ceden la cocina y hemos logrado que nos financien los gastos del almuerzo. Con sesiones de estudio, actividades lúdicas, de manualidades, juegos... Un día de cada semana lo pasan en las piscinas de Rochelambert.

–Pone mucho énfasis en las comidas. ¿Detectan carencias de alimentación en algunos niños?

–La mayoría está durante el curso en el comedor gratuito de su colegio. Si no tuviera estos refuerzos, y con dieta sana (el Banco de Alimentos nos aporta fruta), habría malnutrición infantil en la zona. Hace años, empezamos a detectar durante el periodo escolar que muchos niños que venían por la tarde al refuerzo educativo no traían merienda. Logramos un acuerdo con Cáritas, y a las seis de la tarde se hace una pausa para merendar, con lo mismo para todos los niños, con el fin de no hacer diferenciación entre unos y otros.

–Profesionales del teatro en Sevilla han elogiado la participación del grupo de teatro juvenil de su asociación en un certamen nacional celebrado en el Teatro Alameda.

–María José Salas, la coordinadora de proyectos en nuestra asociación, que está haciendo una labor extraordinaria, fue una niña que destacó en el grupo de teatro. Y ahora es ella quien usa mucho el teatro como herramienta educativa con los chavales. Han montado una obra, llamada ‘Litrona’, adaptada a la realidad del barrio. Con distintas tribus urbanas de jóvenes que confluyen en el banco de una plaza, con sus conflictos y problemas, y acaban diciendo qué van a hacer con sus vidas, qué podían montar juntos. La actuación en el Teatro Alameda ha sido muy importante para nuestros chicos, eso sí es salir fuera del barrio, y relacionarse con otras personas, y participar en algo de lo que sentirse orgullosos.

–¿Ejerce además usted su formación en alguna actividad específica?

–En un proyecto con familias, en las tardes de jueves y viernes, para que sepan gestionar mejor sus emociones y situarse mejor ante la vida. Hice hace dos años un máster en Pedagogía Sistémica y descubrí muchos detalles para aplicarlos en el trabajo social.

–¿Cuál es el gran intangible que aporta su asociación?

–En el sector de las entidades sociales debe cambiar la actitud de ‘trabajamos por’ hacia la de ‘trabajamos con’. La asociación es de todos, el barrio es de todos. No estamos aquí para dar, sino para construir juntos. No ir a una zona a hacer un trabajo y después irse. Como sucedió en nuestros barrios, pues cuando hubo más dinero para ayudas y proyectos, hubo entidades y asociaciones que se presentaron a esas convocatorias, las ganaron, realizaron sus intervenciones sociales. Bienvenidos eran, y fue estupendo. Pero cuando llegaron los recortes, dejó de haber esas partidas y ya no continúan en la zona, por ejemplo trabajando con jóvenes. Se van adonde pueden conseguir fondos para que sus profesionales puedan subsistir. En cambio, nosotros nos mantenemos porque somos de aquí, estamos aquí, y afrontamos la realidad de cada día con menos recursos y con más personas que atender.

–¿Eso les concede más autoridad moral para pedir y a la vez exigir?

–Mantener las actividades de la AES Candelaria ha costado un enorme esfuerzo, y ya tenemos a 15 personas trabajando con contratos para consolidar nuestros programas. Porque somos un barrio en eterna crisis, y cuando los gobiernos dicen que el país está en crisis, dan menos dinero a quienes estamos peor y sufrimos un subidón de problemas que resolver. Nosotros a la vez construimos barrio desde la acción social y formamos parte de la Plataforma Tres Barrios-Amate desde la que en ocasiones criticar a las mismas Administraciones Públicas que nos dan fondos. Nosotros no somos una ONG que se vaya a ir a trabajar a otra zona.

–¿En la Plataforma Tres Barrios-Amate saben evitar que les instrumentalicen desde algún partido político?

–Lo mejor de la Plataforma es que trabaja en serio por el vecindario y no se decanta por ningún partido político. La gente se siente muy utilizada por todos los partidos políticos, como conejillos de indias. Parece que somos el barrio más estudiado del mundo. Grupos de investigadores de las universidades, o encuestadores para saber cómo viven los inmigrantes, o políticos que encargan informes y planes... La gente está cansada de ser objeto de tanto estudio y vivir cada vez peor. Está cansada de promesas. Por ejemplo, sobre las viviendas que construir o rehabilitar.

–¿Echa en falta más movilización social? ¿La pobreza ya no es una lucha obrera?

–Falta más implicación por parte de mucho vecindario. Darse cuenta de que son los protagonistas para que la vida en el barrio sea de una manera o de otra. Nos cuesta despertar esa inquietud en muchas personas que se quejan de cómo está el barrio pero no hacen nada para mejorarlo.

–Con iniciativas como el Encuentro de Entidades, ¿consiguen que se incremente el número de sevillanos de otros distritos que conecte con ustedes?

–Es útil, nos da visibilidad, participa mucha gente del barrio, y refuerza la autoestima del movimiento asociativo, cada uno con su expositor y sus actividades. Aunque nos gustaría que lo fuera mucho más, que acudieran más sevillanos de otros barrios. Quienes lo hacen se dan cuenta de que somos barrios con buen ambiente, se llevan una agradable sorpresa, porque llegaban con el recelo en sus mentes sobre si se pasa miedo o no.

–¿El vecindario es consciente de que en las estadísticas y en los noticiarios el nombre de su barrio aparece como uno de los más pobres de España?

–Claro. Pobreza hay mucha. A la gente no le duele ser considerada pobre, lo que le molesta es que a todos se les ponga el sambenito de delincuentes. Cuando la mayor parte de la población es gente honrada. Y muchas veces acude a nosotros con el fin de sentirse escuchada, contándonos sus problemas para subsistir.

–¿Tiene que defenderse muchas veces de la estigmatización social?

–Sí. A compañeros de trabajo en la Junta de Andalucía les daba miedo ir a mi casa, ya se han dado cuenta de que no es un lugar inseguro. A mí me gusta el barrio. He tenido posibilidades de mudarme a otras zonas de Sevilla y no he querido.

–¿Por qué ha llegado a formar parte del furgón de cola de los barrios en España?

–Ha sido un barrio atendido por las Administraciones Públicas, pero no bien mirado. Algo hacemos mal, tanto los poderes públicos como los que trabajamos desde dentro, cuando, por mucho que trabajamos y por muchos proyectos y por mucho dinero que invierten, seguimos siendo el barrio más pobre de España. O algo se hace mal o no conviene que salgamos de la exclusión porque eso también es un negocio.

–¿Quién se beneficia de los barrios donde se sufre exclusión?

–Se destina dinero a técnicos para que hagan planes sobre exclusión social. Somos barrios idóneos para campañas políticas. Por aquí pasan todos los políticos, se fotografían con la gente, van a hacer muchas cosas... Y se conceden ayudas sin contar con la gente de la zona, sin preguntar qué se quiere, qué se necesita. Y se organizan cursos de albañilería, de cuidado de mayores... Eso es mantener marginados a estos barrios respecto a la vida al otro lado de la Ronda del Tamarguillo. Es muy distinta la vida de los hogares a los que van a limpiar. También han de aspirar a una vida como esa, y no ser solo una población que limpie casas, cuide mayores o trabaje de albañil.

Indique un factor que, a su juicio, esté agravando la brecha en Sevilla entre unos distritos y otros.

–La concentración de colegios concertados y privados en unas zonas de la ciudad causa que otras zonas como la nuestra queden diferenciadas. Tenemos el colegio concertado SAFA Blanca Paloma, que es bueno. Pero nadie que vive en Nervión va a empadronarse en nuestra zona para llevar ahí a sus hijos. Falta mezcla entre niños, jóvenes y adultos de diversos sectores. A lo largo de mi vida he notado cómo ha habido más mezcla o más diferenciación. En mi niñez, éramos habitantes de barrios diferenciados en relación a los demás. En mi juventud eso cambió, muchos íbamos a la universidad. Ahora vuelve a abrirse la brecha de diferenciación y la falta de mezcla.

–Disponer en la zona de línea de Metro, con dos paradas, ¿qué ha movido y qué no ha cambiado?

–El Metro es caro para mucha población de Tres Barrios. Usan más el autobús porque ofrece el bonobús solidario, que el Metro no da. La línea 1 ha servido para que muchos sevillanos sepan que Amate existe, al ver el nombre de las paradas cuando van a la Olavide o a Montequinto. Estamos al lado de Nervión y mucha gente no nos conoce. Me ha sucedido en numerosas ocasiones con compañeros de trabajo en la Junta de Andalucía. No saben situar a Amate en el mapa de Sevilla.

–¿Y viceversa?

–Muchas familias casi no salen del barrio. Se sienten seguras en su ámbito de vecindad, y son reticentes a moverse fuera de él. Por ejemplo, con mi grupo de familias hacemos una vez al mes visitas culturales por la ciudad, que sirve también de taller para incorporar dinámicas culturales a la vida de familia. Es la actividad a la que menos asisten. En cambio, van muchas más a los talleres que hacemos los viernes de 4 a 8 de la tarde en nuestra sede, y con merienda: de punto, de baile... Hay familias a las que tanta vida de proximidad les crea dependencia y tienen poca pasión por descubrir. Y eso reproduce patrones de comportamiento que conducen a reproducir la pobreza: considerar que su futuro ha de ser quedarse embarazadas muy jóvenes, no apetecerles a los jóvenes salir del barrio...

–¿Y disponer de teléfonos móviles con internet no les lleva a superar esa mentalidad inmovilista?

–Aquí lo más usual es manejar redes sociales como Facebook para estar en contacto con la gente de su entorno. Insisto mucho a los niños y jóvenes en que somos parte del mundo. No nos podemos excluir. La exclusión no puede partir de nosotros mismos. Me encanta que mi hija, con 17 años, tiene una visión del mundo que yo no tenía a su edad, me dice que quiere hacer una carrera fuera de Sevilla.

–¿Cómo intenta convencer a quienes son más remisos?

–Les digo: «Somos parte de la ciudad. Es nuestra. Pagamos los mismos impuestos». A quienes tienen desgana por aprender y consideran que su vida es arrastarse por la supervivencia, les inculco que deben situarse de otro modo ante la vida. Que no están predestinados a vivir simplemente pidiendo una ayuda aquí, otra allá, e ir tirando. Que pueden empoderarse para sentirse importantes y conformar un barrio mejor para sus hijos.

–¿Es usual que las familias, por desconocimiento, no sepan inculcar en sus hijos y nietos cómo prosperar en una sociedad global?

–Damos réplica en los colegios e institutos a los chavales que le dicen a los demás: «¿Para qué voy a estudiar si no hay nada?». Han asumido un modelo de vida de mera supervivencia, de salir del paso día a día, y replican el mensaje que escuchan a algunos adultos: “De aquí solo vas a salir para cuidar viejos”. Nosotros insistimos en que hay que estudiar, esforzarse, apasionarse con un proyecto, esperanzarse. Tampoco era fácil conseguir empleo cuando yo era joven, y he hecho mi carrera profesional. Muchas familias agradecen la labor de refuerzo educativo de nuestra asociación. Si no estuviéramos, el nivel de fracaso escolar sería muy grande.

–En una situación difícil, ¿qué le afianza en su fuero interno para seguir perseverando?

–Querer a la gente, querer a la vida, querer lo que tú haces, amar y creer que cualquier persona tiene posibilidades aunque yo no las vea. Nos mantiene seguir queriendo a nuestro barrio, y creemos en que es posible aspirar a más opciones que cursos para cuidar a mayores o para ser albañil.

¿Qué recomienda usted a las autoridades para que acierten en sus decisiones e inversiones?

–Contar con la gente y con las asociaciones que trabajamos aquí, para tomar las decisiones y para llevarlas a cabo. Eso, además, permite crear comunidad. Mejoraría las políticas para que las inversiones no consistan en mantenernos como barrios diferentes sino para tener lo mismo que los demás y ser como los demás.

–¿Qué ha mejorado más en Sevilla, y qué es lo que más ha de mejorar?

–La red de carril bici es un paso adelante. En esta zona es llamativo cómo se usan mucho los patinetes eléctricos. El transporte público ha mejorado en Sevilla. Una de las cosas que más ha de mejorar es que la sociedad sevillana, y la andaluza en general, crea más en sí misma y en sus posibilidades de desarrollo. Ni somos catetos ni atrasados.


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