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«Muchos jóvenes aún tienen que perder el miedo a vivir con atrevimiento»

Carlos de Ory es fundador de Happy Low Cost. Es uno de los jóvenes más emprendedores de Sevilla. Con 27 años ya ha creado varias empresas y ha organizado eventos en Nueva York, Berlín y Bali

15 abr 2017 / 21:53 h - Actualizado: 16 abr 2017 / 17:21 h.
  • Carlos de Ory, en la sede de Workincompany, el ‘coworking’ desde el que trabaja en Sevilla. / Manuel Gómez
    Carlos de Ory, en la sede de Workincompany, el ‘coworking’ desde el que trabaja en Sevilla. / Manuel Gómez

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La Expo’92 va a conmemorarse en su 25 aniversario y jóvenes como Carlos de Ory, de 27 años, con su pareja, la alemana Viktoria Tows, encabezan en 2017 la generación de quienes no esperan en Sevilla a que les traigan el mundo a casa, porque se atreven a convertir el mundo en su casa y en su medio de ganarse los cuartos. Hacen de su vida un continuo Descubrimiento. “Vivo de alquiler en el barrio del Arenal, y me organizo para alternar un mes en Sevilla y al siguiente paso la mayor parte del tiempo en otra ciudad: Nueva York, Berlín,...”. Cuando se publica esta entrevista, se encuentra en Tokio, donde se marcó el objetivo de residir por vez primera un mes en Japón, trabajar desde un ‘coworking’ y sufragárselo todo mediante una oferta a otros ocho emprendedores para compartir casa y apertura de miras. Es el mundo de los ‘knowmads’, los nómadas talentosos que van y vienen con su ordenador. Su puesto de trabajo está allí donde viajan y hay buena cobertura de internet para funcionar.

Nació en Cádiz, es descendiente del gran poeta Carlos Edmundo de Ory. Cuando tenía tres años de edad, su padre, militar con el grado de coronel, decidió dejar las Fuerzas Armadas para asentarse en Sevilla como profesor de Derecho. Casado con una funcionaria, Carlos de Ory Gordillo es su primogénito, tienen otro hijo, que vive en Londres y trabaja en un banco. “He tenido la suerte de formar parte de una familia donde mis padres dedicaban cada año las vacaciones de verano a viajar, cada año íbamos a un país: Italia, Francia, Suiza, Inglaterra...”.

–¿En qué centros educativos estudió en Sevilla?

–Estuve en el Colegio Vara del Rey, en el Instituto Fernando de Herrera, y el último curso en el Compañía de María. Me matriculé en la Facultad de Derecho, pero al cuarto año de carrera lo dejé. No me gustaba, y a la vez viví la experiencia de empezar a ganar dinero con el comercio electrónico. Cada vez me interesaba más el marketing digital, leía muchos libros de emprendedores, perfeccioné el inglés, y decidí aprender por mi cuenta, buscando conocimiento en internet, conociendo a gente valiosa, sin miedo a no poder enseñar un título académico.

–¿Recomienda a muchos jóvenes que cambien así de rumbo?

–Claro, porque cada vez hay más empresas que no eligen a quién contratar en función del curriculum universitario, sino por lo que has sido capaz de hacer.

–¿Quiénes empezaron a confiar en sus cualidades?

–Estuve seleccionado para el programa nacional Yuzz de fomento a emprendedores. Y fui finalista en el certamen Startupbus, competición en la que salimos desde Barcelona para convivir varios días en un autobús hasta llegar al Pionner Festival en Viena.

–¿Cuál fue el primer gran evento que organizó?

–El Startups Mansion, en Nueva York, en 2014. Conseguir una casa grande (tres plantas, 16 habitaciones, 3 cocinas, 7 baños, cerca de una parada de Metro...) donde, además de alojarnos los tres organizadores (Pascual Aparicio, Ignacio Hojas y yo) y nuestro equipo de comunicación, estuvieran 32 emprendedores españoles que pagaran cada uno 2.000 euros (vuelos incluidos) por convivir en ella durante 3 meses. Como experiencia de aceleración para desarrollar proyectos, con la presencia de buenos mentores, y acudiendo a eventos con potenciales inversores. Solicitaron inscribirse en España 750 personas para esas 32 plazas. Logramos mucha repercusión mediática, entonces apenas se hablaba del ‘coliving’. Apenas ganamos dinero, porque calculamos mal algunos costes, pero aprendimos muchísimo, tanto por el reto de organizarlo como por la relación con gente de bastante talento, que estaba creando empresas muy buenas. En años posteriores, hemos quedado todos juntos en España.

–¿Su familia no le decía que, siendo un veinteañero, era demasiado osado organizando eventos como éste y en el extranjero?

–Siempre he sido atrevido. Tiene de bueno que haces cosas diferentes, que muchos no intentan. Tiene de malo que cometes errores. Pero así se aprende.

–¿Y qué puso en práctica de ese aprendizaje en Nueva York?

–Ignacio y yo organizamos en Miami el ‘coliving’ 10 Entrepreneurs, ya con otro formato. Solo diez emprendedores y durante un mes. Cogimos una casa super moderna y con jardín. La energía de los participantes fue sensacional. Después reuní a otros diez emprendedores en una casa perfecta en el centro de Berlín. Y la última fue en la isla indonesia de Bali. En un lugar de ensueño, durante 10 días, mi pareja y yo reunimos a ocho participantes, cada uno pagó 750 euros solo por el alojamiento, más todo el programa de actividades que organicé, con mentores e inversores en startups. Fue la primera vez que ya le gané algo más de dinero, aunque confirmé que estas experiencias son estupendas para vivirlas pero no para vivir de ellas.

–¿Realmente sirven esas convivencias para crear mejor un modelo de negocio?

–Hay por el mundo muchas empresas que ahora valen 100 o 200 millones de euros, nacidas de los certámenes Startup Weekend durante un solo fin de semana. Nunca se sabe. A mí me encanta conocer a gente con talento, y crear comunidad, descubrir qué nos podemos aportar mutuamente.

–¿De qué actividad continuada vive usted?

–Tras regresar de Bali, me centré en convertir en negocio mi hobby de publicar en las redes sociales avisos sobre vuelos baratísimos. Así nació la empresa Happy Low Cost. Descubrí que se podía ganar dinero con el marketing de afiliación. De 30.000 fans subimos a 330.000. Publicamos en español, alemán, francés e italiano. Lo que más atrae son las ‘tarifas error’, que pueden comprarse si te das prisa. Por ejemplo, vuelo a Nueva York ida y vuelta por 120 euros (yo lo aproveché y fuimos con mis padres); vuelo a Cuba, 150 euros ida y vuelta, o un Milán-Tokio, directo, ida y vuelta por 66 euros.

–¿Por qué se equivocan las aerolínes con las tarifas? ¿No es un ‘gancho’?

–La automatización de las tarifas en internet está basada en un modelo informático ya antiguo, a veces se equivocan en las tasas. Hasta que subsanan el error, si tú has comprado a tiempo el vuelo con ese precio tan bajo (a veces dura diez minutos, a veces cinco horas), la mayoría de las veces te respetan el precio, no te cancelan la venta. Y, si somos rápidos, nos da tiempo a compartir la información sobre esa ganga, y a ganar dinero.

¿Vio un filón para tener ingresos en función de una incidencia informática?

–Que no suene mal. Es legal. Compartimos información sobre vuelos que son mucho más baratos de lo normal. Desde un ordenador rastreamos entre miles de vuelos y combinaciones aéreas. Cada vez tenemos más competidores, como Holiday Guru, empresa con sede en Berlín. Porque la información sobre un vuelo barato no es exclusiva de alguien. Cada uno enlaza y alerta.

–¿Qué ganan ustedes?

–Nos pagan los grandes portales de búsqueda de ofertas turísticas: eDreams, Booking, etc. Pensemos que una compañía aérea, por ejemplo Iberia, le paga a eDreams, que es quien le ha facilitado la venta de esos billetes. Y eDreams le paga a la plataforma Tradedoubler, porque saben que una de cada quince personas que entra para buscar algo acaba comprando, aunque sea otra cosa. Y nos paga a nosotros porque le generamos tráfico, del que saben que un porcentaje son personas que compran. Por ejemplo, ayer entraron a través de nosotros 7.000 personas, y 700 de ellas cliquearon vuelos. Además, también cobramos a través de Skyscanner, nos pagan una comisión de unos 40 céntimos cada vez que alguien pincha el enlace ‘ver vuelo’. Aunque no compre. Y la comisión mayor la obtenemos cuando se realice una reserva de hotel, entonces nos pagan entre el 5% y el 9%. Por ejemplo, una reserva de avión más hotel en Nueva York durante una semana, ganamos entre 50 y 90 euros. Pero de esas logramos pocas.

–¿Por qué divulgan cada día siete ofertas, y no más?

–Porque la mayor parte de nuestro tráfico se logra a través de nuestras páginas en Facebook, y hemos entendido cómo funciona Facebook. No puedes publicar dos temas muy seguidos porque entonces no alcanzas a todos los fans. Por eso los espaciamos cada dos horas, desde las 9 de la mañana hasta las 11 de la noche. Y comprobamos que siete es la cifra de inserciones adecuada. Si pusiéramos catorce, saturaríamos. Por lo general, cinco son solo oferta de vuelos, y en dos creamos un paquete de vuelo con hotel. Gustan mucho destinos como la isla griega de Santorini, o Islandia, o las Islas Maldivas.

–¿Cómo les condiciona Facebook en tanto que intermediario?

–Facebook te quiere más cuanto más le pagas, como cualquier empresa. Con sus cambios, cada vez se está encareciendo más. Nosotros facturábamos más cuando teníamos 40.000 fans que ahora con 300.000. Entonces le llegaba la publicación a más personas. Hemos optado por crear subpáginas monográficas, y nos está beneficiando, es una estrategia que también están siguiendo gigantes de la venta on line como Amazon y Zalando. Por ejemplo, en enero de este año creamos la dedicada solo a Santorini, y ya tiene más de 66.000 fans.

–¿Cuál ha sido la siguiente empresa que ha creado?

–Beetripper, un intento de ser el Uber de los guías turísticos. La creamos entre varios emprendedores sevillanos, fue mentorizada por Red Innprende, de la Fundación Cruzcampo, y por el Programa Minerva. En dos años me ha servido para aprender mucho, porque no ha funcionado comercialmente. Hay muchas personas dispuestas a ganar dinero enseñando su ciudad a turistas, pero casi no hay gente dispuesta a pagar por tener de esta manera un guía. En dos meses conseguimos 2.000 personas que se registraron como guías. En dos años, solo logramos 15 reservas. Y cuando la gente no está dispuesta a pagar por un servicio, hay que aprender de ello y centrarse en idear algo que sí es valorado como una necesidad que remediar y por la que pagar. En el turismo, hasta ahora, es el alojamiento, el transporte y la alimentación. Por eso triunfa Airbnb.

–¿Qué se le ocurrió emprender?

–Me presenté en 2016 al certamen Startup Weekend Sevilla centrado en crear empresas de turismo y/o gastronomía. Ganamos con Groupifly, para organizar viajes en grupo con gente que comparta inquietudes y para destinos que son lejanos y caros, donde agruparse es rentable y sociable. Así uno mis dos pasiones: el mundo del turismo y el de las startups. Viktoria y yo hemos materializado esa idea en empresa y elegimos Tokio para la primera experiencia real. Alquilamos una casa y hemos ofrecido alojamiento durante un mes por 390 euros cada persona, para un máximo de 10 personas, a elegir entre dos periodos, en abril o en mayo. Lo anunciamos el pasado mes de diciembre, y en solo una semana estaban ya todas las plazas reservadas y pagadas. Cada uno se ha buscado el vuelo, y no hay actividades obligatorias en común, salvo en la excursión a la antigua ciudad imperial de Kyoto, en lo que todos nos hemos puesto de acuerdo. En el primer mes estamos nosotros dos, en el segundo ya no, habremos vuelto a Sevilla.

–¿Quienes se apuntan son jóvenes que pueden trabajar con un ordenador desde cualquier lugar del mundo?

–Son la mayoría. En nuestra comunidad de contactos y seguidores cada vez hay más así. Por ejemplo, diseñadores de páginas web. O la ejecutiva de una empresa online que ofrece comer en casas particulares, ella fue a nuestro evento en Nueva York y ahora repite en Tokio. O un joven español que se gana la vida como ‘youtuber’. Cada vez hay por todo el mundo más ‘knowmads’, profesionales a través de lo digital, capaces de establecerse temporalmente en una ciudad que les apetezca conocer. A nosotros, mediante este modelo de oferta, nos ha salido gratis.

–¿Qué criterios ha seguido para elegir la casa en una metrópolis como Tokio?

–Que fuera moderna, con cinco habitaciones y una cocina. Cerca tanto de un coworking como de un gimnasio, igual que busqué en Sevilla. Así, por la mañana temprano hago ejercicio y después me voy a trabajar, conviviendo con emprendedores en la capital de un país como Japón. Y por la tarde-noche, a hacer turismo. Me gusta levantarme a las seis de la mañana, estar a las seis y media en el gimnasio, comenzar a trabajar a las ocho, y terminar a las tres o cuatro de la tarde. En Sevilla también sigo esa dinámica, aunque reconozco que prolongo más tiempo mi actividad de trabajo.

–¿Y no le sobrepasa en Tokio tener que trabajar en horarios asiáticos y dar respuesta a sus compromisos en horario europeo?

–Siempre te resulta complicado durante los primeros días, después lo resuelves bien si eres una persona muy organizada. Por ejemplo, para Happy Low Cost programamos con antelación la publicación de las ofertas al día siguiente en horario español.

–¿Qué ventaja le aporta trabajar en los ‘coworking’ en lugar de tener una oficina solo para ustedes?

–Porque a la vez me centro más en el trabajo y aprendo de personas que descubro. En Workincompany, hace dos años casi todos éramos sevillanos, pero cada vez hay más extranjeros, ya suele ser el 50%. Por ejemplo, así he conocido trabajando en la mesa de al lado a un joven francés, creador de páginas web, gana mucho dinero con ellas, en algunas entran más de 40.000 personas cada día. Le gusta viajar y decidió estar dos meses en Sevilla. Quedamos para conversar y en dos horas he aprendido más con él que en veinte meses de tutorías.

–¿Para los jóvenes talentos foráneos, Sevilla ya es una ciudad más atractiva para asentarse por desarrollo profesional?

–La mayoría de los que llegan a Sevilla ya tienen una actividad funcionando, y les atrae ser una ciudad barata y agradable. Quien busca mucha gente de talento con la que formar equipo, en Sevilla hay menos donde elegir que en Madrid o Barcelona. Quien opta por una vida más cómoda y ya gana dinero online, sí se plantea probar en Sevilla. Todavía no existe una Sevilla emprendedora con tal dimensión que sea atractiva a ojos de quienes conocen el ecosistema de la innovación en Berlín, Londres o Nueva York. Cada vez se organizan más eventos, pero falta mucho para que los haya a diario y de interés, como en Madrid o Barcelona.

–¿Tan importante es para las personas de su edad asistir a esos eventos con el fin de entablar relaciones?

–No son imprescindibles, pero son una opción necesaria. Es verdad que en algunos eventos solo hay postureo y no se aprende nada. Y piensas: “Acabo de perder dos horas, podría haber hecho otra cosa”. En grandes ciudades, como París y Londres, ir a esos eventos es una buena manera de conocer gente e integrarte. Cuando vivo en las grandes capitales, me gusta ir a un par de ellos a la semana. Cada vez voy a menos, soy más selectivo porque en muchos se escucha lo mismo. Por eso acuden más los veinteañeros y le sacan más partido. Porque han vivido menos experiencias profesionales de las que aprender directamente.

–Cuando está fuera de Sevilla y le preguntan por emprendedores de referencia, ¿qué ejemplos pone?

–Empresas como Glamping Hub, les va muy bien, le dan caché a la ciudad. Ojalá crezcan mucho más y haya en Sevilla cinco o seis startups de éxito mundial. También hablo de Oblumi. Y de Jaime Aranda, por todas sus iniciativas para potenciar el emprendimiento. Y de talentos como Javier Duro, que estuvo con nosotros en Beetripper y del que se aprende mucho.

–¿Percibe si ya es común que los jóvenes sevillanos distingan entre optar por vivir en Sevilla y saber que los ingresos han de captarse fuera?

–Todavía muchos no se dedican a lo que les gusta, porque tienen miedo. Para mí, hay dos tipos de personas: las que hacen lo que quieren, y las que no se atreven. Creo que los emprendedores somos más felices.

–¿Cómo se le ocurrió la idea que origina BagFly, para ganar por segunda vez el Startup Weekend Sevilla de Turismo?

–Es el proyecto que más me ilusiona de todos los que he creado. Empecé a pensarla en octubre de 2016 cuando viví en Barcelona lo que les sucede a muchos asistentes a eventos. Y las innovaciones surgen cuando los emprendedores sufren un problema y deciden pensar cómo solucionarlo. El evento terminaba a las 16:30, yo debía salir de mi alojamiento a las 11:00 porque llegaban otros clientes y mi vuelo no salía hasta las 22:00. ¿Qué hago con mi maleta? ¿Me voy tres horas a un cibercafé y no hago turismo? Lo que planteo es, como en Airbnb o Blablacar, una red de personas y lugares donde te guarden la maleta durante unas horas.

–¿Por eso sí está dispuesto a pagar mucha gente?

–Creo que sí. Te da autonomía para hacer cosas que valoras. Hemos fijado que quien la deposita paga 6 euros, quien la custodia (ya sea un comercio o un domicilio) cobra 5, y la plataforma se queda con el euro restante.

–¿Cómo van a preservar la seguridad de las maletas?

–Con una aseguradora de ámbito global. Cualquier persona se preguntará: ¿Qué pasa si abren mi maleta, o se apropian de ella? La confianza se genera a través de un sistema de puntuaciones, como sucede en Blablacar y en otras plataformas similares. De esa manera, sí es posible que la gente confíe para dejar su equipaje a un desconocido.

–¿Habrá muchas personas interesadas en ser guardadores de maletas?

–Seguro. Si guardas un promedio de cuatro maletas al día, ganas 600 euros al mes, y da muchos menos problemas que tener limpio un apartamento, y con sábanas y toallas limpias, para nuevos turistas. Es solo hacer el ‘checking’ de un equipaje, basta un par de minutos. Con ingresos de ese tipo, muchas personas pueden pagar la hipoteca.

–¿Quiénes se han unido para articular empresarialmente BagFly?

–Otros participantes en el Startup Weekend no tenían disponibilidad total para hacerlo, porque están trabajando o estudiando. Y he conformado un equipo muy complementario, necesitaba a personas que supieran mucho de crear aplicaciones para iPhone, para iOs, para Android. Lo he logrado con Manuel Fernández-Aramburu e Iván de Cabo. Los tres entramos como socios, aportando dinero, empezamos aunando 10.000 euros. Y, además, contamos con Talal Benjelloun (Glamping Hub) como consejero asesor. No olvidemos que, a ojos de un inversor, la idea es solo un 5% de lo que le atrae. Lo más importante de un proyecto son las personas. Cuando yo regrese de Tokio y rematemos los preparativos, vamos a planificar el lanzamiento. La experiencia piloto será en Barcelona.

–¿Dónde tiene residenciadas fiscalmente sus diversas actividades empresariales?

–En Sevilla. Siendo los ingresos procedentes de cualquier lugar del mundo. En España no se favorece a quien crea empleo. Me parece una burrada cómo se obliga a pagar una cuota fuerte a los autónomos aunque facturen cero euros. Y, ya como empresa, mi criterio siempre es reinvertir los beneficios para que la empresa crezca y tenga más trabajadores. Pero quitándole a las empresas, a través de impuestos, entre el 48 y el 50%, muy poco me queda para reinvertir. No sería raro que, en el futuro, tengamos que llevarnos la empresa fuera de Sevilla, a otro lugar donde se den más facilidades.

–¿Qué tiene de bueno y de malo el modelo de startups para acelerar la dimensión de una empresa?

–Lo bueno es que puedes llamar rápido la atención de inversores y, si ponen dinero, dar un gran salto. Lo malo es que pierdes libertad, tienes que demostrar resultados, y plantearte que el objetivo es vender la empresa. ¿Cuál es el modelo de negocio de Wallapop? Que les haga una oferta eBay, o Amazon. Quiero ser capaz de crear una empresa de las que se vende por 100 millones de euros. Para que eso ocurra, puedo pasarme bastantes años equivocándome mucho. Y no me obsesiona ser o no millonario. También soy feliz yendo al gimnasio a las seis de la mañana. Lo interesante de la vida es hacer camino.

–¿Usa las redes sociales para buscar candidatos con los que compartir proyectos?

–Sí, en Linkedin tengo ya 24.400 contactos. Cuando necesito algún perfil profesional en concreto, selecciono, lanzo un mensaje, y, en función de lo que me responden, concierto citas con ellos. Busco jóvenes dispuestos a implicarse de lleno, a trabajar por objetivos.

–¿Qué protocolos establece para formalizar ese tipo de acuerdos?

–Es firmar un pacto de socios. Me he descargado modelos como los redactados por la aceleradora Y Combinator, la más famosa de Silicon Valley. Y son útiles. Firmamos un compromiso para detallar los porcentajes para cada uno a lo largo de dos años. Y cómo uno de los socios no lo percibe si no cumple con sus obligaciones. Hasta ahora no he tenido ningún problema, nadie ha traicionado los compromisos ni la confidencialidad.

–¿Qué le gustaría ver mejorar en Sevilla?

–Esa actitud de ‘Sevilla es lo mejor, lo más bonito del mundo’. A mí me gusta la ciudad, pero me rechina esa minoría que llora en la calle delante de un Cristo durante la Semana Santa, y en todo el año nunca va a misa. Me gustaría ayudar a la gente de más edad a autoemplearse. Si son buenos en algo, que lo desarrollen en lugar de trabajar como asalariados de otra persona. Mi padre, que se jubiló hace dos años, va todas las semanas a Cáritas para colaborar. Y me informa de cuánta gente lo está pasando mal. Si son capaces de rentabilizar por sí solos sus capacidades, sin depender de que sean elegidos por un empleador, vivirán mejor.


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