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“Mi tecnología permite a cada persona descubrir todas las músicas que le gustan”

Ingeniera de telecomunicaciones y presidenta de la Sociedad Internacional de Computación Musical (Ismir). Los logros para favorecer en la música su búsqueda, su disfrute, su aprendizaje o su creación la han aupado al primer nivel mundial en su especialidad

03 sep 2017 / 08:00 h - Actualizado: 03 sep 2017 / 08:22 h.
  • Emilia Gómez, en Barcelona, donde reside y lleva a cabo sus investigaciones desde la Universidad Pompeu Fabra. / El Correo
    Emilia Gómez, en Barcelona, donde reside y lleva a cabo sus investigaciones desde la Universidad Pompeu Fabra. / El Correo

“Soy el típico caso del bicho raro, como casi todas las mujeres de mi ámbito: una de las dos mujeres que eligió dibujo técnico en mi promoción; una minoría en Ingeniería de Telecomunicaciones en Sevilla; una de las dos mujeres de mi promoción en el máster en Acústica, Procesado de Señal e Informática Musical del Ircam en París; la única doctoranda hasta ahora de mi director de tesis y la única profesora de mi grupo de investigación en Barcelona. También soy la primera mujer presidenta electa de la Ismir (International Society in Music Information Retrieval), y la primera en muchas otras cosas, no por ser muy buena sino por cuestiones estadísticas. De hecho soy a menudo una mujer dando clase a un grupo de hombres. Y además soy zurda”.

Así se define Emilia Gómez Gutiérrez, sevillana de 41 años, que este año asume la presidencia de la Ismir, una de las organizaciones de referencia en la tecnología y computación aplicadas a la música. Ya estará al frente del congreso mundial que celebrarán en Suzhou (China) del 23 al 28 de octubre. Seguro que muchos asistentes no solo le preguntarán sobre avances tecnológicos sino también sobre Barcelona. A causa del terrible atentado en las Ramblas, suceso de impacto mundial. Y en función de lo que para entonces haya sucedido en Cataluña con el independentismo.

A sus numerosos galardones por la calidad y repercusión internacional de sus investigaciones, este año Emilia Gómez ha sumado el Premio Andaluz de las Telecomunicaciones, concedido por las asociaciones y colegios de ingenieros del ramo. Está casada con un ingeniero también especializado en investigación musical, y tienen dos hijos.

¿Cuáles son sus orígenes en Sevilla?

Mi padre era períto agrícola y abogado, las dos cosas. Mi madre era profesora de Pedagogía Musical en la Escuela de Magisterio. Ambos están jubilados. Tengo una hermana cinco años mayor que yo, se dedica a la Física. Mi barrio siempre ha sido Los Remedios, estudié primero la EGB en el Colegio Santa Ana, y después pasé al Colegio San Francisco de Paula para hacer BUP y COU. Además, desde pequeña estudiaba música y piano en el Conservatorio. Como me gustaban mucho las ciencias, y quería ejercer alguna profesión que ayudara a resolver problemas, me decanté por hacer la carrera de Ingeniería de Telecomunicaciones.

¿Qué problemas quería resolver?

Cuando empecé en la Universidad no lo tenía claro. Era una carrera que entonces empezaba a impartirse en Sevilla y me parecía muy atractiva porque combinaba la ingeniería y la informática. Como estuve dudando si dedicarme a la ingeniería o hacer carrera musical, decidí que mi camino podía ser ayudar a las personas a oír y entender la música, resolviéndoles ese problema mediante la tecnología que desarrollo, para que cada persona descubra todas las músicas que pueden gustarle.

¿Cómo internacionalizó su especialización?

Gracias a estudiar un año como Erasmus en una escuela de ingeniería en París, y trabajando en Sevilla durante mi último año de carrera en el Joint Research Centre de la Comisión Europea, que está en la antigua sede de la Expo'92. Durante mi estancia en París había descubierto el Ircam, el prestigioso centro de investigación en música y acústica que fundó el compositor y director de orquesta Pierre Boulez. Está asociado al Centro Pompidou. Y me fui allí para hacer un máster en acústica, procesado de señal e informática aplicada a la música. Comencé a conocer a fondo el mundo de la investigación tecnológica sobre la música.

¿Pudo beneficiarse de becas y ayudas para avanzar?

Sí, empecé mi doctorado en la Universidad Pompeu Fabra, en Barcelona, en el Grupo de Investigación en Tecnología Musical, que es uno de los más importantes del mundo en este ámbito, fundado por Xavier Serra, que había trabajado en la Universidad de Stanford (EEUU). Desde que me integré en ese grupo, pude aplicar mi proyecto de investigación gracias a financiación de la Comisión Europea. Y logré una beca Marie Curie en una convocatoria europea. Años después, también tuve una beca del Gobierno español. Todo ello me permitió hacer estancias de investigación en la Escuela Politécnica de Estocolmo, en la Universidad McGill de Montreal y en la Queen Mary University de Londres.

Usted es profesora e investigadora en la Pompeu Fabra, la universidad española que mejor está situada en el ránking mundial. ¿Por qué la Pompeu supera a las demás?

Es una universidad muy orientada a la investigación. Al ser reciente y pequeña, hay más flexibilidad y agilidad en la gestión, hay menos resistencia al cambio como en universidades más antiguas. Los profesores tenemos gran facilidad para plantear proyectos con el fin de investigar, y se conceden apoyos, se favorece la reducción de docencia, se facilita hacer fuera estancias de investigación. Todo eso motiva y es clave. El otro gran factor es la internacionalización dentro de la propia universidad. Por ejemplo, en el departamento donde trabajo, el de Tecnología de la Información y la Comunicación, la mayoría de los 40 profesores procedemos de fuera de Barcelona, porque hay voluntad de captar al talento y que produzca investigaciones de impacto internacional. En el programa de doctorado que coordino, de los 150 estudiantes, un alto porcentaje son de fuera.

Destaque un ejemplo de esos apoyos a los que alude.

En 2015 me concedieron el galardón Icrea Academia, es una modalidad de ayuda a la investigación durante cinco años, se otorga a profesores de universidades públicas catalanas para premiar su excelencia. Eso me facilita dar menos clases y poder impulsar más a nivel internacional mis investigaciones.

¿Qué problemas intenta resolver en la relación entre tecnología y música, entre comunicación y cultura?

Actualmente, todos tenemos acceso a mucha información gracias a internet y a las redes de comunicación. Y en la música también es así. Tenemos acceso a muchísima música que podemos escuchar. Mi trabajo consiste en hacer sistemas que puedan a ayudar, automáticamente, a organizar toda esa cantidad de información. Intento entender cómo los humanos, al escuchar una música, por ejemplo, podemos describirla: “esta música tiene esta tonalidad, estos instrumentos, esta estructura, es alegre, es rock-pop, y el estilo de su artista se parece a tal otro...”. Ese análisis, que lo haría un experto, intento articularlo computacionalmente para que, automáticamente o semi-automáticamente, con cantidades muy grandes de música (que también son datos, es decir, también son big data), cualquier persona pueda resolverlo. Y pueda hacer búsqueda, y pueda hacer recomendaciones sobre la música que te gusta.

Intente concretarlo más.

Por ejemplo, cómo puede saberse si una música es alegre o triste. Intentamos aprender qué quiere decirse como alegría o tristeza según cada cultura. Intentamos ver qué parámetros de la música se relacionan con la emoción, y luego, automáticamente, analizar las señales sonoras y extraer dichos parámetros.

¿No ha querido crear una empresa para aplicar comercialmente sus investigaciones?

Fui cofundadora de Bmat, siglas de Barcelona Music and Audio Technology. Mis investigaciones pueden aplicarse a sistemas de recomendación de música. A establecer modelos automáticos sobre los conceptos de similitud y estilo. Ahora no estoy involucrada en la empresa, para centrarme al 100% en mis proyectos de investigación. La empresa continúa, en ella están varios compañeros. Monitorizan toda la música que se escucha en el mundo, en todas las radios, en todas las televisiones, y sus análisis sirven a empresas y a sociedades de derechos de autor para saber cuáles son los gustos de la población, qué artistas son escuchados, etc. Por ejemplo, un antiguo alumno mío ahora trabaja en Spotify para establecer sistemas que permitan recomendar música que te pueda gustar según tus criterios.

¿Algún otro uso de sus investigaciones?

Hicimos un proyecto de recomendación de músicas para personas que han perdido la memoria o que tienen enfermedades degenerativas. Musicoterapia que les ayude como la banda sonora de su vida.

¿Cómo se puede determinar con un sistema computacional si a una persona que, por ejemplo, tiene predilección por los fados, o por el son cubano, o por la bossa nova, le va a gustar o no una obra musical?

Los sistemas de recomendación se trabajan sobre todo con tres conceptos: similitud, variedad y transparencia. Se intenta medir la similitud: si te gusta un tipo de música o un tipo de voz, es probable que te gusten voces parecidas a esa, canciones con una instrumentación parecida,... Pero sería aburrido usar solo ese criterio, porque siempre te recomendaría lo mismo. Introducimos el concepto de variedad, para recomendar lo que sea similar pero con alguna diferencia. Por ejemplo, música parecida con influencias de otros estilos o culturas, o voces parecidas que mezclan varios estilos. Y, además, introducimos el concepto de transparencia, para que el sistema te explique por qué te recomienda una música. Por ejemplo, porque le gusta a un amigo.

¿Son conscientes de que pueden favorecer la apertura de miras hacia lo desconocido o estrechar la curiosidad solo hacia lo ya trillado?

Sí, por eso un sistema de recomendación puede configurarse de modo más atrevido para irte sugiriendo que conozcas y disfrutes canciones con menos parecido que también pueden ser de tu agrado. O un sistema que sea de recomendaciones más conservadoras. Para todo ello, manejamos tanto información acústica como información cultural. Y los comentarios de los músicos sobre las influencias que hay en su música, los comentarios de todas las personas que escuchan algún tipo de música, la información que éstos comparten con sus amigos, etc.

¿A qué le llama información cultural?

Por ejemplo, poner en relación de contexto la música de Ravi Shankar, que está considerado el más representativo de la música india, y a su hija Norah Jones, norteamericana, cuya música no se parece en nada acústicamente. Pero ser padre e hija es un factor de interés.

¿Quién se interesa desde la industria musical por sus investigaciones? ¿Compositores? ¿Productores? ¿Discográficas?

Tenemos un proyecto donde intentamos hacer tecnología que te ayude a aprender música. Por ejemplo, quien está aprendiendo a tocar el violín, puede disponer de una especie de tutor personal virtual que hace un análisis tecnológico de cada una de tus interpretaciones. Las tecnologías que desarrollamos se pueden utilizar para escuchar, para interpretar, para componer.

¿Alguna que pueda desvelar?

Estamos trabajando en el proyecto Telmi, apoyado con fondos europeos, para favorecer que cualquier persona practique mejor, y de modo más divertido, cuando está aprendiendo a tocar un instrumento, y no sea un obstáculo que no disponga de medios para pagarse un profesor durante muchas horas. Porque en la educación musical es habitual que los profesores solo pueden estar con cada alumno una vez a la semana, y se avanza poco.

¿Y para aprender a cantar?

Estoy coordinando Casas, un proyecto apoyado por el Gobierno español, para crear tecnología que permita aprender a cantar en coro, y ayude a la práctica del canto coral, a leer una partitura, a aprender a afinar.

¿Todo esto generalizará el aprendizaje musical, y dejará de percibirse como algo pesaroso?

Se está avanzando mucho en la aplicación de tecnologías para aprender a tocar, o cantar, o componer. Van a favorecer que la curva de aprendizaje no sea tan empinada, que se reduzca la tasa de abandonos.

¿A qué se dedica Ismir?

Es una asociación internacional que engloba de modo interdisciplinar a investigadores y profesionales relacionados con el procesado, búsqueda, acceso y organización de todos los datos musicales y sobre la música. Cada año organiza un foro mundial sobre este tema. Para elegir la sede vamos alternando entre Europa, América y Asia. Este año es en Suzhou (China), el pasado fue en Nueva York y el próximo en París. Ya no solo acuden investigadores universitarios de la computación, de las bibliotecas digitales o de la musicología, cada vez interesa más a empresas como Spotify, Google, Microsoft, Shazam, Smule, Yousician, entre otras, que van a estar presentes. Es muy buena la transferencia de tecnologías y experiencias entre el ámbito académico y el empresarial.

¿Qué repercusión alcanza?

A esos foros acuden unos 300 especialistas. Además, les llega información directamente a más de dos mil personas inscritas en el Ismir. Y los artículos de investigación que se presentan convierten a esta conferencia anual en la sexta de mayor impacto científico en el ámbito de la ingeniería de computación, y la primera en impacto dentro de la categoría de música y musicología.

¿Cómo la han elegido presidenta?

Porque llevo muchos años publicando en esta conferencia anual, y estoy implicada en varias iniciativas, como Women in MIR (Music Information Research), porque me importa mucho incrementar la presencia y participación de mujeres en esta comunidad de investigación tecnológica. Además, en Ismir tenemos una revista de acceso abierto en la que soy una las editores jefe. También mi equipo y mis estudiantes en la Pompeu Fabra son muy activos para aportar trabajos. Y hace dos años, cuando ya era vocal de la directiva, me propusieron ser presidenta electa, para ir aprendiendo del presidente, Fabien Gouyon, que es de Pandora, empresa norteamericana. Y desde octubre de 2017 tomo el relevo, después de haber aprendido mucho.

A usted le gusta esforzarse para resolver problemas. ¿Qué puede innovarse para que la música ayude a mejorar la paz en el mundo, y no se cometan salvajadas como el reciente atentado terrorista en Barcelona?

Mi sentimiento, como barcelonesa, es de tristeza y de total repulsa a la violencia de cualquier tipo. Como también sentí en otros atentados en ciudades como París o Bruselas. Nuestra sociedad debe trabajar por la paz y por una educación que, desde las diferentes maneras de ver la vida, nos una en una sola cultura: la del ser humano. Es algo por lo que trabajan a diario educadores y maestros, también en Cataluña. Y, desde el ámbito musical, la orquesta se utiliza a menudo como un símbolo de cómo se pueden lograr grandes metas aunando esfuerzos individuales, ya que más de un centenar de músicos se unen para interpretar obras complejísimas. Y como vienen defendiendo Daniel Baremboim o Jordi Savall, la música tiene el poder para encontrar puntos de diálogo y de entendimiento entre culturas.

Como sevillana y barcelonesa, ¿de qué manera está viviendo la creciente tensión política y social por el intento de separar a Cataluña del resto de España?

Soy feliz como sevillana en Cataluña, y sigo teniendo mucha relación con Sevilla, y viajo mucho por un entorno internacional. He vivido en varios países, por lo que me considero ciudadana del mundo, y me da una perspectiva que me permite relativizar hechos y opiniones. Necesitamos más tolerancia, más empatía, ponernos más en la piel del otro, no dedicarnos solo a echarles las culpas al otro, no tomarse a mal las opiniones divergentes. En la Universidad Pompeu Fabra me he sentido siempre apoyada para desarrollar mi carrera académica en un entorno internacional y competitivo. En el terreno personal, me encanta cuando hablo mi catalán de Girona y de pronto cambio al castellano con mi acento sevillano. La gente se queda con la boca abierta y me pregunta: “¿Pero tú no eres catalana? ¿De dónde eres?”. Mis hijos viven de modo enriquecedor la mezcla de culturas: salen en Sevilla cada Domingo de Ramos en la hermandad de La Borriquita, y son unos enamorados de las montañas del Valle de Nuria, y del Barça.

Si la dinámica de nuestra época es ser ciudadanos del mundo, y todos procedemos de mestizajes, ¿por qué fracturar en Cataluña la identidad individual y colectiva?

Como dijo John Lennon en la canción 'Imagine', ojalá en el mundo pudiéramos vivir todos en paz. En mi entorno universitario, que es de procedencia muy heterogénea, lo que predomina es el diálogo.


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