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Cómo vencer la cuesta de enero

Qué hartura de mantecados y qué ganas de torrijas

Aquí no se acaba nunca de gastar. De fiesta en fiesta y tiro porque me toca, el español lidera el dispendio en Europa. Pero no llegan a la mitad quienes aseguran disponer de dinero suficiente para llevar una vida digna

10 ene 2017 / 07:31 h - Actualizado: 09 ene 2017 / 21:45 h.
  • Qué hartura de mantecados y qué ganas de torrijas
    El primer día de rebajas dibuja nuevamente un paisaje consumista –aunque ya no navideño– en las ciudades españolas. / Efe

«¿Y quién te dice a ti que el año que viene vamos a estar vivos?». Oyéndola hablar, uno siente que se ha estado equivocando todo este tiempo en la interpretación de los hechos. Su tono de desprecio hacia las miserias del dinero vibra de rebeldía y de irreverencia. Su sobrina, sentada al fin junto a ella y unas poquitas bolsas con compras en el autobús de línea 28 (las apreturas de Nervión quedaron atrás hace rato), protesta levemente por puro instinto racionalista sin reparar en que detrás de ambas hay un plumilla tomando notas. La joven forma parte de esa mitad de españoles a los que les quita el sueño lo poco que les queda tras pagar sus facturas, según cálculos de la compañía de gestión de crédito Intrum Justitia en su último Informe Europeo de Pago de Consumidores. Aunque ni la una ni la otra conocen probablemente las conclusiones del mismo.

–Pero tita, uno tiene que pensar en que va a estar vivo. Si no... ea, pos no le echo cuenta a na, ¡como me voy a morir...!

–Sí. Vivo. Sí. Fijate lo que le ha pasado a la Estrella. Con 63 años, ¡una chiquilla!, y muerta la pobre de un día pa otro. Te vas tú a preocupar por el dinero joío por culo y no sabes dónde vas a estar mañana.

Aunque la procesión vaya por dentro, la perspectiva desde las ventanillas del autobús es, efectivamente, la de una ciudad despreocupada y desentendida de toda posible amenaza, incluidas las económicas. Las rebajas acaban de comenzar, pero tampoco se observa tanto trasiego ni tanto berenjenal como anuncia el tópico. Los españoles vienen de gastarse 682 euros de media en las Navidades, según la consultora Deloitte, y todavía piensan en desprenderse de otros 103 en las rebajas –el dato es de la aplicación bancaria Fintonic–. Así que las preguntas son: de qué hablamos cuando hablamos de la cuesta de enero, qué está pasando en España a la altura de los bolsillos y si hay algo que esté cambiando los hábitos de consumo.

Por empezar por un dato escalofriante: en el referido informe europeo de 2016, solo el 47 por ciento de los encuestados afirman disponer del dinero suficiente para tener una vida digna. El resto, mayoría absoluta, se debaten entre los que directamente reconocen que no la tienen y quienes no sabrían qué decir. La dignidad, según el diccionario, es la cualidad del que se hace valer como persona, se comporta con responsabilidad, seriedad y con respeto hacia sí mismo y hacia los demás y no deja que lo humillen ni degraden. Más sencillamente expresado, se trata del valor que tiene una persona por el simple hecho de serlo. Con el diccionario en la mano, los informes sobre finanzas adquieren un dramatismo que las matemáticas por sí solas no aciertan a expresar. Humillación, degradación, respeto, responsabilidad... son otros términos asociados tras cuya pista se llega al estado actual de abatimiento que se observa en parte del paisanaje al hablar de estos asuntos. Estado que parece contradecirse con esos gastos aparentemente excesivos de las fiestas. En los prolegómenos de la Navidad, los reportajes del telediario y los especiales de la prensa se fijan mucho en a cómo sale el percebe y en el pescadero de manos sonrosadas que, estimulado por la presencia de la cámara, canturrea su mercancía mientras arroja a la báscula con desparpajo un papelón de estraza rebosante de anillas de calamar. Pero ni siquiera las inmensas tragaderas del español pueden con una verdad: que el primero de los gastos navideños no es en alimentación, sino en regalos. Y que el principal de los regalos es... efectivamente: la pasta. Dice el refrán que dinero llama a dinero, pero si lo llama será para quedar e irse juntos por ahí, porque al final la cartera acaba en estado comatoso, como todos los años por las mismas fechas. El que la gente obsequie a su prójimo con billetes no es tanto por cumplir con la tradición del aguinaldo como por quitarse un peso de encima, que en eso han quedado los regalos de tan entrañables fechas. Cualquiera podrá decir que bueno, al final y al cabo es una vez al año. Claro, una vez. Y las rebajas son otra. Y atención al correo electrónico que acaba de llegar mientras se escriben estas líneas (ayer): «Sé que muchos os incorporáis hoy, y dado que se acerca San Valentín, vais a tener en la bandeja de entrada millones de mails relacionados con regalitos para vuestros bazares. Como en [nombre de la empresa] somos muy friendly os hemos creado un link de Dropbox para que tengáis todas nuestras propuestas (info, fotos en alta y precios) juntas y organizadas. Las puedes descargar pinchando AQUÍ. Recoge las siguientes temáticas: regalos según el tiempo que llevas con tu pareja. Estancias para conquistar: 6 tipos de hombre y dónde llevarles por San Valentín. Beautiful Valentine’s: Los mejores regalos de belleza para él y para ella. Todo al rojo: shopping de prendas, complementos y productos de belleza rojos. Autorregalos de San Valentín para ellas. Alimentos para estar con el guapo subido en San Valentín». Tiene razón: es un correo electrónico entre otros muchos de la misma guisa. Así que... no es una vez al año; es todo el año de una vez, con pausas de por medio para comilonas.

No es de extrañar que una cuarta parte de los españoles, según el informe de Intrum Justitia, no pueda hacer frente a sus deudas. El 24 por ciento, para ser exactos. El tuitero @taca_2 escribía: Qué larga se me está haciendo la cuesta de enero. Fecha de publicación del tuit: 1 de enero. La broma es muy elocuente del estado con el que se afronta un mes de 31 días en el que a uno no le ha quedado ni siquiera para contratar a un sherpa que lo ayude en la escalada de este traicionero ocho mil.

Lejos de desanimarse, los españoles cada año gastan más. Un cuatro por ciento más, esta última vez, aceptando los datos de Deloitte. Puede que en ello tenga mucho que ver –de nuevo, al diccionario– la palabra confianza. Según el estudio de esta consultora, el 74 por ciento de los españoles creen que la situación económica está estable o ha mejorado, y todavía hay un 71 por ciento que piensa que 2017 seguirá esos mismos pasos. No se sabe si los demás han estado leyendo los periódicos y enterándose de que la Unión europea está en tenguerengue con el Brexit, que Trump va a ser de aquí a diez días el hombre más poderoso del planeta y que estaríamos en puertas de una nueva recesión (la breve traca final del ciclo depresivo actual). Pero la psicología funciona y la gente sigue soltando papel moneda como si creciera en los árboles. España ha sido levemente superada por Dinamarca el país europeo que más ha gastado en Navidad, un 30 por ciento por encima de la media europea. Dos novedades parecen haber ayudado a ello: el fraccionamiento del gasto gracias a la eclosión del Black Friday –el 25 de noviembre pasado–, que animó a ir acumulando regalos con cargo a la nómina del mes anterior, y la venta en línea por internet. Esta última modalidad ha abarcado una cuarta parte de todo lo que se ha adquirido en estas pasadas fiestas. La facilidad para tramitar las operaciones –lo cual estimula además la compra compulsiva– y la rapidez en los envíos a domicilio parecen haber creado una tendencia irrefrenable que promete intensificarse sensiblemente de un año para otro. No obstante, puestos a ponerles nombre en inglés a los días de la semana, el próximo que viene es el Blue Monday. Dicen que no, que es una patraña que se inventó una compañía de viajes hace doce años para hacer caja, pero lo cierto es que los medios de comunicación empezarán a hablar de un día para otro de este Lunes Triste que se avecina el 16 de enero –o sea, el que viene–: la fecha en que la gente está más deprimida.

Como reacción de desahogo, el humor tiende a compensar todos los excesos y los periódicos, revistas y –por ende– redes sociales se llenan de viñetas cómicas que juegan con estas ideas y con la cuesta de enero, sus barrancos laterales y su precipicio final. En estos chistes de aprecian sobre todo dos moralejas: lo que pasa si gastas lo que no tienes y –más curioso todavía– lo que sucede si gastas en lo que no quieres. Ambos casos conducen a la frustración, pero cada uno por un camino diferente. Como remedio, la misma tecnología que nos ayuda a derrochar en línea nos ofrece una ruta de salvación en el fenómeno de la reventa a través de eBay y otros. Si ello consuela más o menos, cada cual lo dirá. En esta vida es todo tan imprevisible...

–O si no, mi madre, la pobre –prosigue la señora de delante–, que cuando veía a su amiga Lolita decía ay que ver la pobre Lolita lo malita que está, veremos a ver lo que dura la pobre... y lleva mi madre once años enterrá y todavía está Lolita viva, con lo gorda que está. ¿Y quieres tú que me preocupe yo por el dinero?

Fuera, el sol deslumbra y los mismos coches desbocados pitan, desaforados, en los mismos cruces. Ya va haciendo tiempo de torrijas.


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