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Sabores de hoy y siempre

Nochebuena en familia... o no. Los nuevos tiempos alimentan alternativas impensables hace unos años, pero la tradicional cena familiar aún no tiene competencia

24 dic 2016 / 09:39 h - Actualizado: 24 dic 2016 / 09:39 h.
  • Sabores de hoy y siempre

Sandra vive para el trabajo. Sus sueños se han quedado en el camino. Una familia con hijos, un marido que ya no tiene, una carrera frustrada, problemas para llegar a fin de mes... ella dice que vegeta, que sus ilusiones se mueven al ritmo de sus emociones, y que la tristeza y la sensación de soledad van con ella día a día en el bolso. Sandra no tiene depresión, vive con sus padres y su mayor alegría la traen a casa sus sobrinos –cuando el cole lo permite–, que sí que entienden de Navidad, que se embriagan de ilusiones terriblemente contagiosas y que aún sueñan con un mundo ideal. Sandra no existe con DNI, pero sí es el prototipo de una española media. De una mujer para la que la Navidad no deja más que frustraciones de lo que pudo haber sido y no fue. Que ya no disfruta de las cenas navideñas y que prefiere ahorrar cada año para largarse a otra parte, lejos de las luces de su ciudad, lejos de los sonidos de su mundo y donde en cada rincón no se encuentre con un reflejo de sí misma.

El caso de Sandra es solo el ejemplo de esa Navidad alternativa, alejada de la imagen navideña tradicional que evoca a toda la familia alrededor de una mesa cargada de delicatessen culinarios. Imaginarnos esa escena no es difícil, es con la que nos han educado y la que aún se repite, año tras año, en la mayoría de los hogares, aquellos en los que generación tras generación se heredan las tradiciones que cada casa ha desarrollado a lo largo de décadas. Si bien es cierto que el sentido religioso originario de estas fechas para muchos se ha ido diluyendo, la Navidad es, ante todo, nos guste o no, una época de recuerdos familiares.

Sudáfrica, Nigeria, Canadá, Estados Unidos, Etiopía, India, Paquistán, China, Japón, Malasia, Filipinas, Singapur, Líbano, México, El Salvador, Nicaragua, Argentina, Venezuela, España, Francia, Reino Unido, Alemania, etc.... Las celebraciones navideñas no conocen fronteras, pero las tradiciones varían de un país a otro. Ya sea por devoción, afición o consumismo enviar tarjetas, intercambiar felicitaciones, observar las reglas religiosas como la Misa de Gallo o las vísperas de Nochebuena, poner árboles o belenes, y dar y recibir regalos tienen un aroma especial en este periodo tan importante para el cristianismo. Aunque parodójicamente estas fechas tienen repercusión sea cual sea la devoción religiosa principal de cada estado.

¿En qué momento se han tomado otros caminos? La posibilidad de elegir lo da la libertad y con los años la formación, la proliferación de las nuevas tecnologías, las facilidades con los transportes y el ansia por hallar lejos lo que no tenemos cerca rebelan a muchos que no entienden de parámetros sociales, que pasan por un momento personal difícil o que han renunciado a esa felicidad ficticia que para algunos tiene, en estas fechas, su mayor representación.

El consumismo en este periodo del año no es bien entendido desde las culturas más puristas, pero sí practicado en todas las sociedades, incluso en las no cristianas. Pueden no participar de los ritos, pero sí dar rienda suelta al negocio.

En el ámbito gastronómico, uno de los más importantes en estas fechas, en las mesas españolas más tradicionales no hay Navidad sin langostinos, carnes asadas y dulces. Existen tres comidas en la celebración culinaria de nuestro país: la de Nochebuena, la de Nochevieja y la de Reyes. Cabe destacarse los turrones (principalmente los tradicionales, turrón blando o de Jijona y turrón duro o de Alicante), los polvorones, dátiles, mazapanes, peladillas y alfajores, entre otros. Como platos típicos principales predominan el cochinillo, la pularda, el pavo, el cordero y el besugo, la escudella o el marisco en general. Ya en Nochevieja las uvas para la entrada de año y los churros con chocolate en los albores del nuevo día son lo más típico, pero el rey de los dulces viene con los Reyes Magos el 5 o el 6 de enero y llega en forma de roscón de nata, de cabello de ángel o chocolate.

La Navidad es el hábitat natural de la tradición y de las costumbres familiares. Llenar la mesa con sabrosas viandas, con el amor como ingrediente especial, nos lleva a hilar en la memoria un año con el otro a base de recuerdos, sabores y olores. El jamón, las croquetas, la ensaladilla, los canapés caseros, los espárragos, la sopa, uno o dos segundos platos con carne y pescado, el postre, dulces típicos, copa y café han sobrevivido a los tiempos y perviven pese a las nuevas tendencias cada vez más generalizadas


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