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Sevilla no sería Sevilla

Aníbal González levantó la Plaza de España en 15 años de trabajo y falleció un mes después de la inauguración de la Expo de 1929. En su construcción colaboró Cayetano González, orfebre que labró años después el paso de plata del Señor de Pasión

19 jun 2017 / 09:13 h - Actualizado: 19 jun 2017 / 22:35 h.
  • Sevilla no sería Sevilla

El emblema arquitectónico del siglo XX sevillano es sin lugar a dudas la Plaza de España, símbolo de la Exposición Iberoamericana de 1929, hito que fue propuesto por el militar Luis Rodríguez Caso en 1909. Fue Aníbal González el ganador del concurso que fomentó el carácter artístico de la exposición. El proyecto estaba planteado inicialmente para construir un pabellón en el Huerto de Mariana, lugar donde hoy se encuentra la Plaza de América. Aníbal González Álvarez-Ossorio pensó construir un estadio permanente a la romana con forma de anfiteatro que fue nombrado Plaza de Honor.

La fuente dispuesta en el eje central de la plaza fue diseñada a raíz del modelo de Gabriel Davidoud y Jules Burdais para el Palacio del Trocadero de la Exposición Universal de París de 1878. Aníbal González, presionado por decisiones políticas, se vio obligado a modificar su proyecto en numerosas ocasiones, siendo la última de ellas en 1917.

Ocho años más tarde se inauguró el icono del regionalismo sevillano. Hoy nadie concibe Sevilla sin esta plaza, Londres sin Hide Park (1851) o París sin la Torre Eiffel (1889). Quién le iba a decir al arquitecto cuyos descendientes más directos aún viven para contar sus hazañas, que años después, los más de dos millones de viajeros que llegaron el pasado mes de mayo a Sevilla, lo harían en parte motivados por ver este maravilloso edificio con forma de media elipse atravesada por cuatro puentes.

El estilo de la plaza recuerda al utilizado por Bernini en la gran columnata del Vaticano, siendo además la orientación del río un guiño al agua que continúa su caudal en el mar que llega hasta América. Está rematado por la parte central de mayor altura en la que se erigen dos torres de 74 metros en sus extremos; una altura que por cierto fue objeto de críticas por las comparaciones que generó respecto a la Giralda. Apuesten qué pensaría sobre la mastodóntica Torre Sevilla Aníbal González si levantara la cabeza...

La Plaza de España comenzó a construirse en 1914 gracias a la colaboración del arquitecto Aurelio Gómez Millán y a su sobrino Cayetano González Gómez, siendo éste último el orfebre que tallara años después el paso de plata de Jesús de la Pasión.

La técnica se basa en ladrillo con revestimiento de cerámica sevillana, el otro gran emblema de la arquitectura hispalense cuyo interés será analizado y reservaremos para otra ocasión. Hoy el protagonismo lo merece la construcción sin cuya existencia ningún sevillano concibe la ciudad, y que sirvió para alojar la Exposición Iberoamericana de 1929. Pasado mañana se cumplen 87 de la clausura de tal acontecimiento.


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