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«Sevilla ya ha recuperado todo lo que se invirtió en las Setas»

El exalcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín dice sentirse orgulloso de esa ‘Sevilla de las personas’ que marcó su «modelo de ciudad». Aquel que demostró que «las alpargatas, la bicicleta y el tranvía» también pueden ser «del siglo XXI».

10 mar 2018 / 16:47 h - Actualizado: 11 mar 2018 / 09:59 h.
  • El exalcalde de Sevilla (1999-2011), Alfredo Sánchez Monteseirín, en el plató del programa ‘Lo hablamos’. / El Correo TV
    El exalcalde de Sevilla (1999-2011), Alfredo Sánchez Monteseirín, en el plató del programa ‘Lo hablamos’. / El Correo TV

Tiene en su haber los títulos honoríficos de alcalde más longevo y, a la vez, más criticado. Y eso que transformó la ciudad de cabo a rabo. Pero no todos supieron entender las ventajas de aquel modelo al que, confiesa, le faltó comunicación. Siete años después de dejar la Alcaldía, ha concedido esta semana su primera entrevista televisiva al programa Lo Hablamos de El Correo TV.

—¿Cómo se ve la vida ahora?

—Se me pasan muchas cosas por la cabeza. La que más me reconforta es que el trabajo que realizamos para que la ciudad tuviera un modelo de desarrollo se hizo realidad. Una Sevilla amable con sus ciudadanos y visitantes que llamábamos la ciudad de las personas. Con todos los errores que pudimos cometer, conseguimos el objetivo de que ese sueño se transformara en una realidad cotidiana.

—Con la perspectiva que dan los años, ¿de qué se siente más orgulloso de su gestión?

—En esta ciudad ningún alcalde había tenido la posibilidad de plantear un modelo, implementarlo y ver cómo se desarrolla. Doce años dan para mucho, también para desgastarse. Me siento orgulloso de esa Sevilla, ciudad de las personas. Y no solo me refiero a peatones, ciclistas, usuarios del servicio público o gente que va los parques sino también a la convivencia cotidiana. Hay otra cosa, las viviendas. Hicimos muchas y las llaves las entregué una a una. Eso me daba energía para discutir aspectos internos.

—Cuando ve la Avenida llena de gente, ¿qué siente?

—Bueno un poquito de esa soberbia de decir ‘ya os lo dije, tenía razón’. Sabíamos que las medidas que íbamos a tomar serían incómodas, porque teníamos una rutina y eso nos los cambiaba. También que cuando todo estuviera remozado nos iríamos olvidando de esas molestias y entenderíamos que mereció la pena. Lo tenía muy claro. Lo que ahora me llena de orgullo y satisfacción es que la gente me lo dice por la calle, sobre todo aquellos que dicen «yo no lo voté o yo le critiqué mucho» y ahora dicen «tengo que reconocer que estaba equivocado y tenía razón». Eso reconforta.

—¿Llegan tarde los elogios?

—Cuando hay buena voluntad no se llega tarde pero en lo personal, los primeros meses tras salir del Ayuntamiento era cuando verdaderamente necesitaba un mayor retorno. Tengo claro que hicimos lo que teníamos que hacer, con nuestros errores y precipitaciones.

—¿Esa falta de retorno le empujó a marcharse de Sevilla?

—No sé si en el subconsciente hubo algo de eso. La razón fundamental es que durante algunos años había dejado de lado mi profesión y necesitaba recuperar el tiempo a marchas forzadas. Me fui a Madrid a formarme y me hice un curriculum que, cinco años después, cuando salió la plaza de jefe de la Inspección en Andalucía, me permitió optar a ella y ganarla.

—Hablemos de actuaciones concretas. ¿Sevilla aún debe dinero por las Setas? ¿Hubo sobrecostes en el proyecto?

—En las Setas no existieron sobrecostes. Lo que ocurrió es que tuvo que modificarse el proyecto para que fuera viable y eso supuso aportar más dinero. Pero no se pagó más por lo mismo sino más por más cosas. Además, nos empeñamos en sacar adelante el mercado de la Encarnación. Pretendimos que el mirador fuera gratuito para los sevillanos e hicimos un museo con los restos arqueológicos que otros querían destruir para hacer un aparcamiento. Y otra cosa, el dinero que puso el Ayuntamiento provenía de desarrollos urbanísticos. Cuando alguien dice que ese dinero se podía haber utilizado en otras cosas, se está equivocando. No se puede trasvasar de una partida a otra porque me dé la gana. Eso es malversación. ¿Ese proyecto tenía sentido entonces? Sí. En la época de la crisis económica es lógico que hubiera críticas pero está sirviendo para dinamizar una zona que necesitaba de una locomotora.

—¿Se ha recuperado con creces la inversión en las Setas?

—Desde el punto de vista de promoción, totalmente. No sé cuánto vale que las Setas estén en circuitos turísticos, presentaciones de coches, carreras, etc. Incluso la promoción política que supuso que fueran el centro de concentración para cosas tan diferentes como la celebración del Mundial de fútbol o el 15-M. Ya son un referente. En cuanto a la repercusión económica en los comercios y los ciudadanos, poco a poco se va logrando. En la crisis no se pudo sacar la rentabilidad que en potencia tienen.

—Le quedaron cosas por hacer. Entre ellas, el Metro. ¿Entiende las quejas de los vecinos de Sevilla Este? ¿Por qué linea empezaría?

—Yo creo que es más necesaria la línea 3 tal y como se está planteando por parte del Ayuntamiento. Es una prioridad conectar Pino Montano y el Hospital Macarena. Ahora bien, eso no tiene que ser contradictorio con que se apueste por conectar Sevilla Este con el resto de la ciudad.

—Y el tranvía a Santa Justa...

—Me parece bien la decisión que se ha tomado porque la comunicación de Santa Justa con el centro tendrá un empuje definitivo. Ojalá la hubiera entre el aeropuerto y la estación. Es una asignatura que dejé pendiente.

—Mire que le criticaron este proyecto del Metrocentro...

—Entonces y ahora las grandes ciudades europeas apostaron por este transporte. Con las nuevas tecnologías ya no tiene ni catenarias, ni postes y es una apuesta por la modernidad. Entiendo que haya quien piensa que las alpargatas, esas que usan los modernitos, las bicicletas y el tranvía son cosas del siglo XIX pero hemos demostrado que esas cosas son del siglo XXI.

—Más proyectos. Ahí está la Torre Sevilla, con un 95 por ciento ocupado...

—Las cosas merecen la pena cuando dan resultado y sobre todo cuando éste es consecuencia de un modelo de ciudad. La torre nació de un modo singular. Allí, en Puerto Triana, se iba a hacer un centro comercial y cultural pero la autoridad urbanística de la Junta dijo que no se podía ocupar tanto espacio en horizontal. Los técnicos propusieron que la solución era poner un edificio. Y ocurrió algo habitual en Sevilla y que a muchos dirigentes les hace venirse abajo, que eso de que digan «no vas a poder hacerlo» o «eso no te van a dejar». Sevilla no necesitaba un rascacielos para ser una ciudad moderna pero no podía vetarse a sí misma en relación a un edificio en altura que demuestra modernidad y que tiene un atractivo extraordinario para generar una dinámica económica desconocida por los sevillanos. Es un emblema, un icono, un hito.

—¿Pensó alguna vez que la Unesco le iba a retirar la condición de Patrimonio?

—Eso era imposible porque los datos que se dieron para que la Unesco entrara en el juego eran falsos en cuanto a la distancia entre la Catedral, el Alcázar y el Archivo.

—¿Quién mentía?

—Los que intentaron tumbar la torre y no tenían argumentos contundentes. Al final muchos de los que hablaron de tirarla se fueron a defenderla. Cuando se llega al sitio, se ve la responsabilidad y se conocen los temas sin manipulación hay que ser muy canalla para no hacer lo que se considera mejor para la ciudad.

—Cuando Zoido llegó a la Alcaldía dijo que había encontrado facturas sin pagar en los cajones y otras ocultas.

—Eso es falso de toda falsedad. ¿Facturas sin pagar? Yo dejé facturas pendientes con respecto a los plazos habituales, como yo me encontré cuando llegué, como ha encontrado Juan Espadas y como encontrará el que venga, porque las tramitaciones tienen un tiempo. Aquello de la deuda heredada es un mal argumento para justificar la falta de iniciativa política. Pero no importa lo que diga yo sino lo que dijo el Banco de España en 2011. Las ciudades más endeudadas eran Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Málaga y luego ya, con mucha diferencia, Sevilla. Me gustaría que todo el mundo hiciera como yo con Soledad Becerril. Cuando llegué al Ayuntamiento la respeté. ¿Qué hice cambios? Sí, pero siempre desde el respeto. Me gustaría recuperar ese respeto hacia mi sucesor (Zoido), una vez que él recupere ese mismo respeto institucional hacia mí.

—¿Qué pasó para pasar de 12 años de gobierno socialistas a los 20 concejales del PP?

—Muchas veces los políticos locales, quizás influenciados por el ambiente en el que nos movemos, pensamos que lo que hacemos es determinante en unas elecciones. No lo es tanto. La influencia de la política nacional en unas elecciones de Sevilla capital es fundamental. En 2011 había un boom del PP en España, Zapatero estaba en horas bajas y aquello repercutió.

—¿Entonces fue la política nacional la responsable?

—Sin duda. Pero no solo lo digo yo, también Zoido. Alguien le comentó en 2015: «usted ha perdido muchos concejales ahora porque el viento nacional del PP no podía estar más en contra». Y respondió él, con razón, «lo tuve a favor hace cuatro años».

—¿Zoido ganó las elecciones con denuncias judiciales?

—No. El problema no fueron solo las denuncias judiciales en un momento concreto sino la prolongación. En todo el mandato quisieron ganar la disputa política con denuncias que sabían que no llegarían a ninguna parte. Sí hicieron algún daño y eso les sirvió para deteriorarnos pero no para afianzarse. Cuando llegas a un gobierno tienes que gobernar y no puedes estar con las excusas de lo que hizo el anterior. Una de las cosas que no he entendido en estos años es como quien tiene tantas cosas que hacer esté siempre acordándose de Monteseirín. ¡Qué pérdida de tiempo!

—También salpicaron a Torrijos. Hace poco le definió con una palabra: lealtad.

—Fue una lealtad mutua. Mire, los comunistas son muy pesados. Hay que hablar mucho con ellos pero, si llegas a un acuerdo, son muy leales y tienen un respeto extraordinario al alcalde. Después de Alejandro Rojas-Marcos había una sensación de que ser alcalde en Sevilla era ser medio alcalde, porque dependíamos mucho del PA. Había que recuperar eso de que el alcalde es el alcalde y el socio de gobierno, aunque es importante, es solo eso. Lo hice con el PA y me costó un disgusto. Y luego con IU la cosa fue mucho más fácil.

—Espadas está teniendo dificultades para encontrar socios. La izquierda le dio la Alcaldía pero la derecha le ha sacado el presupuesto.

—Hay que felicitarlo por cómo lo ha sacado adelante. ¿Pactar con la derecha? Bueno, también hay un pacto a nivel de Andalucía y cuando pactamos con el PA tampoco es que fuera la extrema izquierda. Siempre he preferido acordar con la izquierda y lo sigo manteniendo. Pero si no tienes otra posibilidad está justificado por la estabilidad de la ciudad. Creo que el esfuerzo que está haciendo Espadas es grandioso.

—Hablando de Espadas, ¿su modelo se parece al suyo?

—Cada maestrillo tiene su librillo y Juan (Espadas) tiene su estilo. Es cierto que está recuperando eso del modelo de ciudad, que para mí fue importante. Eso es un valor que hay que reconocerle.

—¿Espadas era su candidato ideal cuando se marchó?

—Era mi candidato ideal porque era el que decidió el partido. Yo tenía pensando irme un año antes y que me sustituyera Gómez de Celis, una persona de mi propio equipo. Se pensó otra cosa y se hizo lo que el partido creyó que era más conveniente.

—¿No siguió porque no quiso o porque no le dejaron?

—Porque no quise. Lo había planteado a Manuel Chaves y a Pepe Griñán. Lo tenía clarísimo. Soy de la opinión de que los mandatos deberían ser de cinco años, con un límite de dos. Diez años.

—Entonces, se pasó dos años.

—Sí, pero no porque quise sino porque cuando lo planteé mi partido no lo consideró oportuno. Al final me quedé. Pero me había planteado dejar la Alcaldía dos años antes.

—¿Tan diferente se ve la vida desde fuera como para cerrar la puerta a la política?

—No he cerrado ninguna puerta. La política no solo es estar en la primera línea. Yo estoy haciendo análisis e informes que pongo en manos de la ejecutiva nacional a través de Gómez de Celis.

—Algún pajarito nos ha dicho que se le ha visto últimamente por Ferraz...

—Pues sí, a través de Alfonso (Gómez de Celis) estoy haciendo una aportación que puede ser interesante, una perspectiva desde Andalucía pero no desde el aparato o la dirección política sino desde otro punto de vista. Me sigo sintiendo útil en ese sentido.

—¿Y si le plantean volver?

—Después de haber sido alcalde de Sevilla tanto tiempo... No me lo he planteado. Hay una broma de Felipe González que decía que había tardado 50 años en darse cuenta que lo que le gustaba no era mandar sino influir. Algo parecido me pasa a mis 60 años (sonríe). Se trata de aportar desde la experiencia, no decir desde la prepotencia que hay que hacer eso porque lo hice, sino de que me escuchen cuando diga «no hagas eso porque yo lo hice mal» en su día.

—Si volviera atrás, con lo que sabe, ¿repetiría?

—(Lo piensa unos segundos). Pues sí, mereció la pena. No es fácil, eh. Por el carácter que tenemos los sevillanos, esa mezcla entre que somos lo mejor del mundo y luego una autoflagelación por lo que hacemos fuera de nuestras tradiciones. En muchos proyectos de ciudad hemos necesitado el empujón del que ha venido de fuera y nos ha dicho «no os dais cuenta de la ciudad que tenéis». El ombliguismo sevillano, el brillo de nuestros monumentos, no nos deja ver otras cosas que son muy valiosas. Algo quisimos hacer, combinando tradición y modernidad. Eso sí, nunca destruimos nada antiguo para hacer lo nuevo.

«NO AMPLIÉ LA FERIA PARA QUE NO NOS LLAMARAN FIESTEROS»

En 12 años de Alcaldía a Sánchez Monteseirín le dio tiempo a hacer muchas cosas. Otras prefirió no hacerlas, como la ampliación de la Feria que ha ejecutado el actual gobierno local. «Me parece bien. Yo no lo implementé, aunque tenía propuestas en este sentido, porque no quería que por ahí dijeran que somos demasiados fiesteros. Podía hacer algo de daño a la imagen de los sevillanos». Por eso se frenó, por lo que se pensara fuera. Lo mismo que ocurrió con los incidentes de la Madrugá de 2000, comparados por muchos con lo que sucedió el pasado año. En relación a las medidas que de seguridad que impulsa el Ayuntamiento dijo ser «partidario» de esta intervención. Una postura pensando en los sevillanos y en el turismo. Sobre este sector, cree que es necesario «mejorar la oferta e intentar cualificar la demanda» y rechaza la implementación de una tasa turística.

Monteseirín aseguró que el acuerdo al que llegaron las tres administraciones en la firma del Plan Integral para el Polígono Sur fue «que la comisaría se construyera dentro del barrio» y que considera que son «razones policiales» las que finalmente lo han desaconsejado. No rehusó hablar del Plan Centro, uno de los buques insignia de su mandato. «Me pareció bien en su momento pero no lo explicamos suficientemente. ¿Ahora? No me toca a mí decirlo». Y una última curiosidad. Se confesó espectador del mapping de Zoido, que calificó como «muy bueno» desde el punto de vista «profesional».


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