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Si con la fuerza de voluntad no es suficiente...

El apoyo del profesional sanitario público o técnicas privadas como el láser y la hipnosis son opciones válidas para el que quiera y no pueda dejar de fumar

15 ene 2017 / 20:02 h - Actualizado: 11 ene 2017 / 18:45 h.
  • Terapia de grupo en un centro de salud sevillano. / José Luis Montero
    Terapia de grupo en un centro de salud sevillano. / José Luis Montero
  • Terapia de grupo en un centro de salud sevillano. / José Luis Montero
    Terapia de grupo en un centro de salud sevillano. / José Luis Montero

No por manida deja de ser menos cierta la afirmación de que si se quiere dejar de fumar hay que tirar de fuerza de voluntad. Claro que esta no siempre acompaña y, por eso, a veces es necesario un empujón que haga que los malos humos terminen saliendo del todo de nuestras vidas. Entre las opciones más comunes para los 294.220 sevillanos que, según los datos de 2015 del Plan Integral de Tabaquismo (PITA) de la Junta de Andalucía, son fumadores, se encuentra acudir al médico de cabecera quien, en función de si el paciente lo requiere, derivará a las terapias grupales en los centros de salud, pero también existen técnicas privadas como la hipnosis o el láser. Lo importante, en cualquier caso, es tener claro el objetivo para aumentar la posibilidad de éxito.

Así, si el futuro exfumador se decide por pedir ayuda en la sanidad pública, el primer paso es pedir cita en su consulta de atención primaria. Es lo que hizo Sandra Hernández, una sevillana vecina del Polígono de San Pablo que probó con este método hace ahora unos seis años: «Fumaba muchísimo y probé con las consultas de mi médico. Te pesaba, te medía la capacidad pulmonar, te preguntaba cómo lo llevabas, por tus rutinas y tus hábitos», recuerda.

Pero su miedo al «mono» le obligó, aparte de a seguir consejos como cuidar la alimentación, beber agua o hacer ejercicio, a medicarse como complemento. «Con el asesoramiento del médico empecé a tomar Zyntabac, unas pastillas carísimas que se compraban sin receta y con las que no podías tomar alcohol. Empezabas con ellas y seguías fumando durante la primera semana, y a la segunda ya lo dejabas. Funcionaron», asegura Sandra.

Fue en ese momento cuando, para reforzar ese primer gran paso que ya había afrontado, le aconsejaron la terapia grupal para completar el tratamiento. Según la Consejería de Salud, durante el año se realizan unos cinco grupos en cada una de las Unidades de Gestión Clínica (UGC) que los llevan a cabo, con una participación media de unos ocho pacientes en cada grupo, los cuales se reúnen durante una hora a la semana y durante cuatro o seis sesiones dirigidas, por lo general, por un médico y un enfermero. Actualmente, lo que se conoce como intervención avanzada grupal la realizan en Sevilla las UGC Mercedes Navarro, Cisneo Alto y Greco, aunque desde Salud apuntan que hay grupos en otras UGC pero no están siempre disponibles. Su funcionamiento es sencillo, se incorpora un tratamiento farmacológico en caso de que sea necesario y se ofrecen herramientas cognitivas y conductuales eficaces para dejar de fumar, explica la Consejería y corrobora Sandra, rememorando las «técnicas para relajarte que debías hacer a diario y otras pautas a utilizar cuando sentías la tentación de fumar».

El componente grupal que tienen estas terapias supone, además, un aliciente añadido: «Cada uno de los asistentes contaba cómo se había sentido al enfrentarse a situaciones en las que les habían entrado ganas de fumar pero no lo habían hecho. Había gente que incluso lloraba, no sé si por la ansiedad que estaban pasando o por los nervios de hablar delante de otras personas».

TERAPIAS PRIVADAS

Lamentablemente, no todo el mundo consigue su objetivo con los recursos que ofrece le sanidad pública. Sandra Hernández reconoce que, en un primer momento, le resultó muy fácil, «pero volví a caer y, al cabo del tiempo, probé la hipnosis con el psicólogo Manuel Bosque».

Este sistema, que ofrecen varios centros y gabinetes en Sevilla –como el del profesional que menciona Sandra, ubicado en San Juan de Aznalfarache–, no promete milagros pero asegura un porcentaje de éxito de al menos un 70 por ciento. Eso sí, los requisitos son «tener la firme decisión tomada de dejar de fumar del todo y para siempre» y «que se te pueda hipnotizar», consiguiendo a cambio el objetivo «sin sufrimiento ni ansiedad».

Y eso logró Sandra. «Tuve la sesión un viernes, aguanté un poquito durante el fin de semana y al lunes siguiente era libre del tabaquismo. Tan fácil que también volví», lamenta. Sabe que existen otras técnicas, como la bioestimulación a través del láser aplicado sobre los puntos de nicotina y ansiedad del cuerpo; la acupuntura, en la que la colocación de las agujas, generalmente en los oídos, reduce notablemente las ansias de fumar; o la auriculoterapia, un método terapéutico de estimulación del pabellón de la oreja que tiene la misma meta. Pero, finalmente, Sandra no probó ninguna otra y volvió en 2013 al punto de partida: visitar a su médico y a tomar medicación. Unido a que su pareja, Antonio Fernández, también decidió dejar de fumar, «aunque él lo hizo a pelo», hoy puede decir que vive sin ser una esclava del tabaco.

Aunque está claro que no existe una varita mágica para lograrlo, no hay que cejar en el empeño de librarse para siempre de los malos humos, a tenor de los cientos de efectos negativos que traen consigo. Y es que, tal y como se desprende de la Encuesta Nacional de Salud, no es casualidad que casi el 32 por ciento de los fumadores españoles haya intentado dejar de fumar durante el último año.


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