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Entrevista

«Si se logró tener la mejor Semana Santa, ¿cómo no vamos a alcanzar la Sevilla limpia?»

Entrevista a Virginia Pividal, gerente de Lipasam. Desde que llegó, hace una labor casi de ‘coaching’ colectivo, donde quiere implicar a todos en esa labor tan compleja de acabar con la suciedad en la ciudad

05 ago 2018 / 23:31 h - Actualizado: 06 ago 2018 / 08:18 h.
  • La gerente de Lipasam, Virginia Pividal, junto a uno de los camiones del servicio de limpieza de la empresa pública. / Fotos Jesús Barrera
    La gerente de Lipasam, Virginia Pividal, junto a uno de los camiones del servicio de limpieza de la empresa pública. / Fotos Jesús Barrera

El despacho de la gerente de Lipasam, Virginia Pividal, es un reto de por sí. Allá donde mires, el lema #RetoLipasam está presente. No es solo fachada. La responsable de la empresa pública de limpieza aprovecha la más mínima para reivindicar no una campaña, sino una filosofía de vida, en la que descarga –solo un poco– de responsabilidad exclusiva a su plantilla y reparte los éxitos y fracasos en la labor de limpieza entre todos los sevillanos. El último logro, precisamente, llegó en forma de escoba de platino, por su labor de concienciación a los ciudadanos.

—Hacía tiempo que Lipasam no recogía una escoba, aunque sea para una campaña como Reto Lipasam.

—Lipasam tiene varias escobas de platino y de oro pero hacía tiempo que no recibía tal galardón. Nos hace felices porque el Reto Lipasam es un proyecto integral de educación y sensibilización ciudadana. Lipasam puede hacer grandes esfuerzos y los seguirá haciendo, pero es imposible conseguir el nivel de ciudad limpia que queremos sin la ayuda de todos. La campaña hace eso, plantearle un reto a los sevillanos para que todos consigamos una Sevilla más limpia. No es una frase. En los últimos años, cuando hemos preguntado a los sevillanos, estos se suspenden en su contribución a la limpieza con un cuatro y pico. Ocurrió en 2017 y ha vuelto a pasar en 2018. Hace falta mayor compromiso cívico.

—Pero ¿empieza a calar este mensaje hasta el punto de mejorar el estad de limpieza/suciedad de la ciudad?

—A través de la herramienta de percepción de calidad externa, que no es una encuesta sino un trabajo de campo, tenemos una tendencia al alza desde 2014. En el primer trimestre hemos obtenido niveles históricos del 7,37 sobre 10. Es decir, una puntuación de notable que mantenemos desde el año pasado. El Reto Lipasam ha influido en parte ya que, con él, se han abordado talleres a pie de calle, clases de educación ambiental en colegios, trabajo en redes sociales y con asociaciones de vecinos,... Pedir la colaboración ciudadana no es fácil, pero si Sevilla ha conseguido tener la Semana Santa más reconocida del mundo, ¿cómo no se va a conseguir tener la ciudad más limpia? Es capaz de eso y más con gestos sencillos, como depositar la basura en el contenedor a su hora, no tirar colillas al suelo o si tenemos un perrito y lo sacamos a pasear, recoger el excremento. Ahora pedimos que lleven una botellita de agua para echarlo encima de la orina para evitar los olores y ya hay gente que lo hace.

—Con esa mejora de la percepción que aluden los estudios, ¿cree que está cerca el volver a obtener escobas por buena limpieza como las obtenidas por Soledad Becerril o Alfredo Sánchez Monteseirín? Tomares últimamente acumula algunas.

—Sevilla sigue muy por encima de Tomares en escobas. Solo de platino es la sexta. Solo nos superan dos o tres ciudades en galardones. Pero buscaremos lograr otra escoba dentro de dos años.

—Siguiendo el lema, ¿cuál es reto más inmediato que tiene entre manos Lipasam?

—Seguir la tendencia iniciada desde 2016 y que los primeros meses de 2018 nos apunta a eso que es ampliar la recogida selectiva. Es un reto de Sevilla, pero también de Europa, que nos marca el camino. Los sevillanos están avanzando a pasos agigantados en la recogida selectiva y los primeros datos del primer cuatrimestre nos indican que la cosa va bien. También está el reto de la recogida de los biorresiduos, que se inició el verano pasado en los mercados de abastos.

—¿Qué balance hace un año después de la campaña? ¿Se han adaptado los placeros?

—Hemos ido ajustando, pero el balance es positivo. No solo en mercados, sino también estamos trabajando ya con cadenas hoteleras y grandes productores. Estas cuestiones requieren su tiempo y su andadura, pero hay un buen trabajo.

—¿Cuándo veremos los minipuntos limpios en los barrios para promover el reciclaje a pequeña escala?

—Ahora está en fabricación, pero estarán en la calle en el último trimestre del año. Estos ecopuntos son como un quiosco, con una estética acorde a la ciudad porque están en entorno urbano y se utilizará para recoger residuos que son también mini como una batería, una radiografía, una pilas... No son para una lavadora y una tele, que para eso tienen los puntos limpios ya existentes que esperamos ampliar con uno más en breve. A final de año habrá uno por distrito para, en el futuro, ir ampliando.

—No se si tenéis algunos datos de cómo ha ido la recogida orgánica en el primer semestre. Siempre se ha visto el aumento de basura como síntoma de recuperación.

—En las épocas de mayor crisis baja el consumo y es de esperar que baje la generación de residuos, pero desde Lipasam tenemos que centrarnos no tanto en esa comparativa sino en la recogida selectiva. Esos datos son los que nos orientan a un camino ambientalmente sostenible. Incluso la disminución de residuos no es negativo, si nos atenemos a los principios de jerarquía de residuos de la normativa europea.

—¿Hay que cambiar el chip?

—Sí. Hay brotes verdes en la economía, aunque se estén generando menos residuos.

—El debate subjetivo de si Sevilla está limpia o no lo palian con estudios de una empresa externa. ¿Qué elementos aporta que no haría Lipasam por sus medios?

—Esta herramienta se viene utilizando desde el mandato anterior y pretende que algo como la percepción subjetiva ante la limpieza de una calle se pueda objetivizar.

—Partidos como IU, creen que es un despilfarro.

—Frente a las críticas, esta herramienta mide tendencias. Con una gráfica puedo saber que desde enero de 2017 hay un balance, aunque con dientes de sierra, al alza en el estado de la limpieza. Se puede aplicar por distritos o barrios. Si el dato no es positivo, tomamos medidas y probamos otras estrategias. Está todo parametrizado, sin depender de una percepción mía o suya. Esta empresa elimina sesgos. Se recorren las calles para recoger indicadores de calidad: si hay bolsas abandonadas, excrementos o muebles.

—¿Es la base de los programas pilotos por zonas?

—También influye la información de la plantilla. Yo digo que todo el que trabaja en Lipasam acaba un poco obsesionado con la limpieza y se fija en todo. Es imposible desconectar. A nadie se le escapa que hemos tenido un invierno con mucho temporal y vientos fuertes, que ha afectado al mobiliario con la rotura de contenedores, sobre todo tapas. Fue una situación sobrevenida. Y se ha aplicado un plan de choque para subsanar desperfectos.

—¿Cómo va el programa piloto de recogida en el centro?

—Me parece bonito que se haya hecho con el distrito y los vecinos. Nos sentamos para conocer sus demandas. Hasta ahora, en las semanas que hemos actuado de manera secuencial, hemos detectado que está funcionando. Hemos ofrecido a los vecinos facilidades para hacer la separación en origen. Ya no hay abandono de bolsas de basura en la calle.

—El centro es particular.

—Pero ni siquiera en todo el centro, sino zonas concretas con características específicas. Sevilla es una ciudad altamente diversa en su configuración y Lipasam se tiene que ajustar sus servicios de limpieza y recogida a distintas realidades. Hay zonas del centro, con calles estrechas y poca disponibilidad para poner contenedores, donde se han repartidos más cubos individuales. Si funciona, perdurará en el tiempo, con los ajustes que hagan falta.

—Hace poco instalaron contenedores soterrados en el Polígono Sur, ¿se podría implantar en nuevas calles?

—El proyecto estuvo mucho tiempo parado y Urbanismo, con bastante acierto lo ha reflotado. En el resto, estamos centrados en el inmediato plazo en dotar de más capacidad los contenedores soterrados del Pumarejo, Santa María la Blanca o La Alameda. Son zonas que en los últimos años han cobrado una vida social importante.

—Llevan tres veranos con un plan antirruidos por las noches, ¿cómo van las quejas?

—Se actúa en verano porque es cuando la gente abre las ventanas y el ruido es más molesto. En el 60 por ciento de las calles estamos intentando minimizar los ruidos, con consejos básicos, como bajar el nivel de las sopladoras o utilizar el walkie talkie. Las quejas van a menos.


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