lunes, 26 junio 2017
14:25
, última actualización
Feria de Abril 2017

Un final más concurrido

La última jornada de la Feria más larga... de momento fue tranquila pero con el domingo por delante para descansar hubo más público que apuró hasta los fuegos

07 may 2017 / 00:49 h - Actualizado: 07 may 2017 / 12:16 h.
  • Un final más concurrido
    Un castillo de fuegos artificiales, que se prolongaron durante más de 20 minutos, puso anoche fin a la Feria más larga de la historia. / Manuel Gómez
  • Un final más concurrido
    La sombrilla era ayer imprescindible ante el sol. / Teresa Roca
  • Un final más concurrido
    A José Raúl su familia le organizó un 40 cumpleaños sorpresa. / Teresa Roca

Hasta esta Feria, que según los más críticos con el nuevo calendario parecía no acabarse nunca, al final, terminó. Lo hizo como cada año con 20 minutos de fuegos artificiales lanzados desde el Muelle de Nueva York y visibles desde un recinto ferial que a medianoche se quedó a oscuras de casetas para afuera porque en las de los más jartibles la juerga de despedida estuvo permitida hasta las 4 de la mañana, incluso con actuaciones de grupos contratadas.

Y es que pese a que el comentario generalizado ha sido la pérdida de fuelle día a día tras un inicio de lleno a reventar, lo cierto es que el cierre de la Feria en sábado –con el domingo por delante– hizo que si se compara la afluencia que presenta el Real tradicionalmente el último día, ayer la cosa estuviera más animada que de costumbre, más por la tarde que a mediodía. Y también más público apurara hasta ver el espectáculo pirotécnico que llenó el cielo sevillano de palmeras y figuras de colores como broche de oro a la Feria más larga... de momento, porque el Ayuntamiento prevé reunirse ahora con hosteleros y agentes turísticos para decidir si la de 2017 marcará un antes y un después en el calendario feriante.

«Que termine en sábado lo veo bien para que la gente tenga el domingo para descansar, pero tantos días los bolsillos de la gente no lo aguantan», reflexionaba María del Carmen que tradicionalmente sólo va a la Feria el último día en plan tranquilo con su marido Luis y su hija María, que les invita a almorzar.

Fue un último día de Feria más animado de lo normal pero no había colapso en el paseo de coches de caballo; como comentaban unas amigas, «hoy seguro que nos dejan entrar en cualquier caseta si les decimos que vamos a comer» –en la mayoría sobraban mesas y algunas estaban totalmente vacías al mediodía–; y en los cacharritos «en vez de tener que esperar colas para subir, había que esperar pero para que se llenara y que empezara la vuelta», aseguraban los padres de los pequeños Mateo y Miguel tras haber cumplido con la ineludible visita a la calle del Infierno. De hecho, a tenor del público familiar que a eso de las tres de la tarde abandonaba el recinto cargado de peluches, globos y cachivaches varios, en muchas casas se cambió la apacible y sana mañana del sábado de bici y parque por el vértigo de los cacharritos con su ensordecedora música ambiente. «No es más barato que el resto de días pero duran más», aseguraban algunos sufridos progenitores para los que la mala noticia es que el domingo la Feria cierra pero la calle del Infierno sigue abierta.

Sigamos con las comparaciones respecto al último día de Feria de otros años. Se veían más vestidos de flamenca de lo habitual en la jornada final. Por contra, la presencia de hombres trajeados era ínfima. Ellos optaron ayer por un atuendo más informal, aunque sin llegar a los pantalones cortos y sandalias que se pasearon por el Real –para horror de los amantes de las sevillanas maneras– de la mano de un buen número de turistas extranjeros que se dejaron ver este sábado más que otros días por la Feria.

Los 30 grados que alcanzaron los termómetros –ante los que en los carruajes la sombrilla resultó un complemento imprescindible– hicieron estragos en ellos. A primera hora de la tarde ya se veían piernas y escotes más enrojecidos de lo saludable. Unos consultaban los mapas instalados en las calles, otros eran agasajados por camareros de casetas vacías que amablemente les invitaban a pasar a tomarse algo para salvar el día en ausencia del personal autóctono y los más no paraban de enfocar sus cámaras de fotos hacia carruajes y flamencas fundamentalmente.

En esto del atuendo, no obstante, los guiris tienen excusa. No tanto un caballista que se paseó por el Real con chaquetilla torera (sorprendentemente pasó el filtro policial que entre las normas de conducta que exige incluye una indumentaria más o menos adecuada). O las jóvenes que celebraban una despedida de soltera y paseaban a la novia con el consabido velo (sin complementos subidos de todo, eso sí) y el botellón en un carro de la compra de lunares.

No fue la única celebración en el Real. En la calle Costillares, a José Raúl le recibieron con globos y una pancarta instalada en el poste frente a la caseta Los Siviane en la que «la pandi» le felicitaba por su 40 cumpleaños. «Le hemos engañado, le hemos dicho que un compañero estaba enfermo y tenía que ir a trabajar en su lugar como lacayo en el carruaje. No se ha olido nada. Se ha ido esta mañana temprano a preparar los caballos y compinchados con ellos le han traído aquí», explicaba su mujer, Cristina, mientras a un José Raúl sorprendido le colocaban una banda de cumpleañero y le felicitaban la veintena de familiares y amigos reunidos para homenajearle. Dentro de la caseta les esperaba un arroz con bogavantes. No es mal regalo. Aunque el mejor sin duda es pensar que le tocaba trabajar el sábado de Feria y descubrir que en realidad tenía la jornada libre para disfrutar.

Y en esta ciudad efímera que es la Feria también se coló la actualidad, en este caso las primarias socialistas, de la mano de un manifestante que se paseaba por el recinto con una pequeña pancarta nada amable con la candidatura de la presidenta andaluza Susana Díaz y los históricos del PSOE que la apoyan.


  • 1
Todos los vídeos de Semana Santa 2016