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Uno de los secretos mejor guardados

Seguridad. Las pruebas se empiezan a preparar con varios meses de antelación. Una vez redactados los exámenes, su custodia e impresión son un minucioso proceso para evitar cualquier filtración de las preguntas

11 jun 2017 / 18:59 h - Actualizado: 11 jun 2017 / 20:50 h.
  • Un grupo de alumnos se examina de Selectividad en la Facultad de Derecho. / José Luis Montero
    Un grupo de alumnos se examina de Selectividad en la Facultad de Derecho. / José Luis Montero
  • Prueba de Selectividad en la Universidad de Málaga / Daniel Pérez (Efe)
    Prueba de Selectividad en la Universidad de Málaga / Daniel Pérez (Efe)
  • Alumnos antes de recibir su examen. / José Luis Montero
    Alumnos antes de recibir su examen. / José Luis Montero

El Distrito Único Andaluz determina que cada año una de las Universidades se encarga de elaborar los exámenes que a partir de hoy tendrán que completar lo mejor posible miles de alumnos. Este año es el turno de Cádiz. Pero hasta que los jóvenes que han finalizado Bachillerato reciben las pruebas hay un largo proceso detrás. Todo comienza en realidad casi un año antes. La protección a la que se someten los exámenes de Selectividad es tremenda. Furgones blindados, cajas fuertes, personal de seguridad. Todas las medidas posibles se ponen a disposición de las universidades para custodiar estas pruebas en España. Tan solo un puñado de personas sabe dónde están guardadas en cada universidad. Bajo máximo secreto se guarda el contenido de cada examen.

En Madrid, solo los vicerrectores de alumnos de cada universidad saben que examen va a salir en junio: seis personas. En la Complutense, una vez se imprimen, pasan a una caja fuerte en algún lugar del edificio del vicerrectorado. Nadie sabe dónde está y solo una persona tiene la clave para abrirla.

En Cataluña, los exámenes que no tienen lugar en la provincia de Barcelona son distribuidos por una empresa de seguridad por comisarías de los Mossos d’Esquadra de Girona, Lleida y Tarragona.

El primer paso es la creación de comisiones por cada materia, en las que participan profesores de universidad y secundaria. Dichos grupos consensúan los contenidos que los alumnos deben saber y preparan seis exámenes diferentes por asignatura. Esos grupos tienen la tarea de unificar los contenidos de cada materia, que deberán prepararse los alumnos que acceden al examen. Más o menos en el mes de abril, cada comisión se encarga de redactar esos seis exámenes diferentes que se guardan en sobres lacrados e independientes, y que también se archivan en cedés para ser enviados a la Universidad encargada de preparar la Selectividad para todos los centros andaluces.

Completada esta fase llega el momento de que también entre un poco el juego el azar. Es a través de un sorteo como se establece cuál es el examen titular y los suplentes de cada materia. Los miembros de las comisiones ya quedan excluidos de este proceso, el hermetismo y el secreto es total. Muy poca gente tiene acceso a las preguntas de los exámenes.

Pero también hay que dejar algo de margen a la intuición. ¿Qué puede caer en un examen? Los aniversarios y fechas clave, por ejemplo, pueden ser una pista de por dónde pueden ir los tiros. De ahí que el año del fallecimiento de Camilo José Cela el texto que los alumnos que se examinaron de Literatura pertenecía a La Colmena o la Venus del Espejo del sevillano Velázquez fue la imagen a analizar cuando en Madrid se organizó la mayor exposición que hasta día de hoy se ha organizado del genio sevillano del Barroco. Y claro, con el Bicentenario de la Constitución de Cádiz de 1812, el estudiante que se preparó en 2012 el temario de Historia, seguro que no dejó sin echarle un vistazo a La Pepa.

Los exámenes reservas son los que harán quienes eligen opciones que coinciden en día y hora como el jueves por la tarde. Unos harán una prueba y otros la reserva. Otra reserva es la que se ofrece a aquellos alumnos que, por fuerza mayor, ven interrumpida el proceso de exámenes (fallecimiento de un padre o una alergia, por ejemplo).

Finalizado el sorteo y decididos los exámenes que se presentarán llega el turno de la impresión. La empresa seleccionada está obligada a firmar un contrato de confidencialidad en el que se compromete a no trasladar ninguna información sobre los exámenes. Durante los días en los que se imprimen las copias el personal está sometido a una disciplina férrea. Los móviles se apagan y no hay manera de que ninguna información pueda salir del lugar en el que se realiza la impresión. Todo está bajo la vigilancia y supervisión directa del personal de la universidad encargada de diseñar los exámenes. Algo más de una semana se tarda en que estén preparadas las 1,2 millones de copias que se distribuirán por toda la comunidad.

En Andalucía, todos los exámenes elegidos se imprimen en la sede central (Cádiz en esta ocasión) y el resto de provincias tienen que ir unos días antes de que comience la Selectividad a por ellos. Son 367.520 sobres con 1,2 millones de folios impresos correspondientes a 174 exámenes de 29 materias diferentes que hay que introducir en sobres y cajas para enviar a cada provincia.

La Universidad de Sevilla acondicionó en 2013 un búnker en un lugar no aireado. Se instalaron cámaras y puertas acorazadas, estanterías y sistemas antiincendios. Una inversión de alrededor de 13.000 euros para conseguir una caja fuerte inexpugnable en la que gestionar y guardar todos los exámenes que se hacen en Andalucía tanto en la convocatoria de junio como en la de septiembre.

Cada institución envía un vehículo de transporte, generalmente una furgoneta, en la que además viaja un responsable de esa universidad para evitar que durante el viaje se pueda producir alguna filtración.

Cuando la última furgoneta con pruebas de acceso a la universidad sale por la puerta el trabajo todavía no ha terminado. La seguridad y el control se deben mantener sobre el búnker porque hasta que llegue la Selectividad de septiembre las pruebas seguirán allí bajo custodia. Una vez que los exámenes llegan a su destino ensobrados y en cajas de 25, 50 y 100 unidades comienza la segunda fase. Cada una de las nueve universidades públicas de Andalucía que examinan de Selectividad tiene que custodiar las pruebas y distribuirlas en los centros en los que realizará los exámenes.

Los encargados de transportarlos de la Universidad de Almería tendrán que recorrer casi mil kilómetros en el viaje de ida y vuelta para llevar los exámenes hasta su provincia desde Cádiz. Un viaje, además, en el que están completamente prohibidas las paradas también por medidas de seguridad.

El objetivo del proceso es que, cuando el cien por cien de los estudiantes andaluces que aspirar a ser universitarios se sienten en las aulas habilitadas para realizar la Selectividad, ninguno de ellos haya podido saber, ni siquiera por un comentario absurdo, las características del ejercicio que se le presentará.

Una vez concluidos los exámenes -que tienen como única identificación un código de barras, uno por alumno- se recogen y se llevan a una de las sedes de corrección. Se corrige desde el jueves hasta el martes de la semana siguiente, con el único paréntesis del domingo. Cada profesor -al que también se le asigna un código numérico- se encargará de corregir unos 200 exámenes. En la primera corrección el profesor empleará un bolígrafo rojo. Si el alumno reclama, habrá una segunda corrección, que se hará con tinta azul. Si es necesaria una tercera evaluación -entre la primera corrección y la segunda no puede haber más de dos puntos de diferencia- se recurrirá a un bolígrafo verde. Aún es posible una cuarta revisión, que se hará en negro


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