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‘Viviendo’ entre ruido y gorrillas

El barrio del Arenal se ha convertido en un parque de atracciones plagado de bares que incumplen las ordenanzas y donde imperan el ruido y la suciedad y mandan los gorrillas

18 sep 2017 / 10:02 h - Actualizado: 18 sep 2017 / 10:01 h.
  • ‘Viviendo’ entre ruido y gorrillas

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En Sevilla se vive muy bien. En mi opinión, pocos lo pueden negar. El hecho de que el aeropuerto de San Pablo haya recibido más de tres millones de viajeros entre enero y agosto de este año significa algo que está por encima de que la Giralda o los Reales Alcázares sean bonitos. Pero creo que la ciudad está maltratada, o al menos, lo está el Casco Antiguo.

El entorno de la Alfalfa, el Museo y el Arenal se ha convertido en un auténtico parque de atracciones donde tanto el turista como el sevillano acuden para divertirse sin ningún tipo de miramiento. Los bares están abiertos a todas horas, los vecinos están hartos de denunciar que no se puede descansar y por último, y no por ello menos importante, los residentes tienen que andar dando explicaciones a diestro y siniestro al numerosísimo grupo de gorrillas que regulan el tráfico de las calles a su antojo. De hecho, algunos de ellos hasta se interponen en medio de la calzada provocando atascos y poniendo en riesgo sus propias vidas y las de los conductores.

Parece que todos tengan asumido que los vecinos que residen en el Casco Antiguo —bien porque han nacido allí, o bien porque les da la real gana— tienen que convivir con borrachos a todas horas los siete días de la semana, porque los bares incumplen la ordenanza municipal, esquivando la basura que generan los mismos y aguantando los gritos nocturnos de todos aquellos a los que, como relato, les va la marcha todos los días. Todo pagando rigurosamente la zona azul y encima discutiendo con los gorrillas para que les perdonen el euro.

¿Para qué sirve entonces la zona azul? En concreto, en las calles Adriano, Pastor y Landero y Reyes Católicos trabajan por iniciativa propia todos los días en torno a diez o quince gorrillas de 13.45 a 17, y de 20 hasta que ellos quieran, te buscan aparcamiento exigiendo luego el correspondiente pago. Y, ¡ay de quien no pague o no quiera responder al amable hombre! Estos individuos no dudan en reclamar lo que ellos creen que le corresponde a quienquiera que sea y a la hora que sea. Y lo peor ya no es que la Policía Local y Nacional diga que no tiene medios suficientes para atajar el problema, ¡es que los vecinos colaboran y pagan porque sí!

¿Por qué hay que ceder a la exigencia de una persona que además de reclamar un pago innecesario constantemente pide incluso explicaciones? ¿Por qué hay que aguantar que persigan a los vecinos? Así se vive en las grandes calles del Casco Antiguo, donde el de fuera disfruta y los vecinos tienen que aguantar suciedad, bares que incumplen las normas y amenazas de gorrillas. A día de hoy, en estas calles del centro no se puede vivir.


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