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¿Y esto cuánto llevará así?

Ruinas en el paisaje diario. Calles y plazas muy transitadas por los sevillanos acogen edificios vacíos y deteriorados cuya propiedad es ambigua o expropiados pero sin uso

10 oct 2016 / 07:00 h - Actualizado: 08 oct 2016 / 21:50 h.
  • En 2012, el 15M ocupó simbólicamente el edificio de la Encarnación expropiado, que aún sigue vacío. / Estefania González
    En 2012, el 15M ocupó simbólicamente el edificio de la Encarnación expropiado, que aún sigue vacío. / Estefania González
  • En 2004 desahuciaron a Rosario. / Antonio Acedo
    En 2004 desahuciaron a Rosario. / Antonio Acedo
  • La Casa Palacio del Pumarejo, emblema del movimiento ‘okupa’. / El Correo
    La Casa Palacio del Pumarejo, emblema del movimiento ‘okupa’. / El Correo
  • Antiguo hostal de Plaza de Armas. / El Correo
    Antiguo hostal de Plaza de Armas. / El Correo

Mucho antes de que existiera el 15M y los desahucios se dispararan por la crisis hasta ocupar un hueco en la agenda política, Sevilla se conmocionó cuando una anciana era puesta literalmente de patitas en la calle por el impago de 39 euros de un alquiler de renta antigua en pleno centro de Sevilla. La foto de Rosario Piudo arrastrando sus pocos enseres fuera de una casa apuntalada, en el número 6 de la mismísima Plaza de la Encarnación– acaparó titulares en los medios sevillanos, entre ellos El Correo de Andalucía. Era 2004 y la Encarnación continuaba vallada a la espera de que algún día se retomaran de verdad las obras del antiguo mercado de abastos, paralizadas durante décadas tras el hallazgo de restos arqueológicos.

El desahucio de Rosario destapó el fenómeno de los asustaviejas, propietarios de edificios de renta antigua que dejaban que éstos se cayeran literalmente a cachos para que sus inquilinos se marcharan y poder sacar las viviendas a un mercado inmobiliario en plena burbuja. Y obligó al Ayuntamiento, entonces gobernado por el PSOE, a tomar cartas en el asunto, aunque no fue hasta 2008 cuando llevó a cabo la expropiación del edificio por incumplir su obligación de mantenimiento.

El proyecto era construir, conservando la fachada que goza de protección patrimonial, viviendas sociales para realojar a víctimas de desahucios. Pero ocho años después ahí sigue el edificio en ruinas en una de las zonas más revitalizadas del centro en los últimos años. De hecho, cuando el 15M estalló con lemas como «un desalojo, una ocupación», utilizó este edificio para una ocupación simbólica en 2012 al cumplirse un año del movimiento que en su día estrenó las recién inauguradas Setas para emular la acampada de Sol.

El mismo destino de viviendas sociales lleva esperando la Casa Palacio del Pumarejo desde su expropiación municipal en 2011, aunque las reivindicaciones para su rehabilitación comenzaron hace 15 años. También del centro okupa asentado en el edificio hicieron el 15M y la Plataforma de Afectados por las Hipotecas una sede para sus asambleas.

Las mediáticas ocupaciones promovidas por el 15M pusieron en el mapa edificios por los que a diario pasan muchos sevillanos preguntándose de quién será ese bloque vacío de ventanas rotas, paredes desconchadas y puertas tapiadas y cuánto tiempo llevará así. Es el caso de un edificio de la calle Feria que acogió de forma breve a un grupo de familias autodenominadas la Corrala Alegría y cuyos propietarios llamaron a la Policía alegando que están a la espera de obtener la licencia para construir un hotel. O de una manzana de la calle Lumbreras, en la Alameda, donde se asentó durante varios meses la Corrala Libertad (en otros casos las ocupaciones se produjeron en promociones nuevas que con la crisis no se pudieron vender, como fue el caso de la más famosa y duradera, la Corrala Utopía).

Seguir el rastro de la propiedad de algunos de estos edificio privados en ruinas es difícil. Algunos pasaron a entidades bancarias por el impago de los propietarios. O son parte de herencias de amplias familias que no logran ponerse de acuerdo para darles un destino, como ocurre con los abandonados almacenes Vilima de la calle Puente y Pellón donde, al igual que un antiguo hostal frente a Plaza de Armas, el letrero del negocio es lo que mejor resiste el paso del tiempo (aunque en el caso de Vilima, el cierre fue tan rápido que en el interior se ha detenido el tiempo, lo que permitió su uso como escenario de la película Crimen ferpecto de Alex de la Iglesia).


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