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Al-Mutamid, el rey poeta de Sevilla

Así es la historia de uno de los más famosos y queridos reyes de la ciudad

12 jul 2018 / 14:18 h - Actualizado: 12 jul 2018 / 19:46 h.
  •  Al-Mutamid, el rey poeta de Sevilla

Hace apenas unos días, ha salido a la luz la noticia del descubrimiento del antiguo palacio del rey árabe Al-Mutamid en una casa del Patio de Banderas, la gran plaza que encontrará a la salida de los Reales Alcázares. Realmente se ha confirmado lo que ya los historiadores sospechaban después del hallazgo, hace algunos años, de importantes restos arqueológicos en la casa nº 8 del antes citado patio. Pero usted se preguntará, ¿Y quién era Al-Mutamid?

Pues uno de los más famosos y queridos reyes de Sevilla. Miembro de la dinastía de los abbadíes, reinó la poderosa taifa de Sevilla durante más de 20 años al final del siglo XI. Estos reinos de taifa surgieron de la decadencia del Califato de Córdoba y su posterior disgregación en territorios más pequeños. La Taifa de Sevilla era una de los más grandes, alcanzando durante el reinado de Al-Mutamid su máximo esplendor, época en la que se anexionó territorios del Algarve, en el sur de Portugal; es en esta región donde precisamente nació este personaje, concretamente en Beja, aunque fue en Silves donde maduró y se instruyó intelectualmente, de la mano del gran poeta Ibn-Ammar, el cual sería a la postre uno de sus más importantes consejeros.

Fue la habilidad de Ibn-Ammar la que, según relata la leyenda, evitó que Alfonso VI de Castilla tomara la ciudad; aprovechando que ambos reyes estaban unidos por la afición al ajedrez, tanto el monarca castellano como el abbadí quedaron en jugar una partida; el que perdiera, debería pagar un grano de trigo por la primera casilla, dos por la segunda, cuatro por la tercera, y así doblando la cantidad en cada una de las casillas hasta la última. Ibn-Ammar era un excelente jugador y derrotó a Alfonso, el cual no imaginaba al comienzo de la partida que no existía trigo suficiente en los campos de Castilla para pagar al rey árabe, por lo que decidieron a cambio dejar tranquila a Sevilla por un tiempo.


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También Ibn-Ammar introdujo a Al-Mutamid en el noble arte de la poesía, a la postre una de las principales aficiones del rey, que por algo le llamaban el rey poeta. Solían ambos salir a pasear por la ciudad mientras recitaban poemas; así, cuando uno comenzaba un verso, el otro lo terminaba. En una ocasión, una bella chica a las orillas del Guadalquivir se apresuró a terminar con destreza un poema que comenzó el monarca árabe, el cual se enamoró de ella por su belleza y picardía. Se trataba de la alfarera Rumaikiyya, la cual se convirtió en su esposa bajo el nombre de Itimad. Una mujer que, según otra leyenda, estaba triste en invierno porque no nevaba en la ciudad, por lo que su rey se ofreció a colmar sus caprichos plantando numerosos naranjos, para que cuando florecieran con el azahar, ella pensara que una fina capa de nieve había cubierto los árboles.

Fueron años de felicidad para el rey, el cuál amplió la extensión de su reino hacia el este, anexionando las taifas de Córdoba y Murcia. Y también fue un período de esplendor cultural, en el cual Sevilla se convirtió en una Meca para los intelectuales. La corte del rey recibía constantemente a los mejores médicos, geógrafos o astrónomos, y existían en la ciudad diversas escuelas universitarias. Sobre todo floreció en este período la poesía, la cual fue separada de la música por primera vez, organizándose justas poéticas en las que los poetas se retaban entre sí.

Pero la reconquista avanzaba desde el norte y amenazaba seriamente a todos los reinos taifas, los cuales no podían contener por más tiempo a las tropas cristianas, o no podían pagar los tributos con los que frenaban por un tiempo sus pretensiones conquistadoras. Y ante esta amenaza Al-Mutamid cometió un error fatal, mirar al norte de África y pedir ayuda a los temidos almorávides, también llamados los monjes guerreros, comandados por el emir Yusuf Ibn Tasufín. Sus soldados bereberes, después de derrotar a los cristianos, se acabarían apoderando de todos los reinos taifas de Al-Andalus.

Uno de ellos el reino de Sevilla, por lo que Al-Mutamid fue apresado y desterrado junto a su querida Itimad a Marruecos, donde finalmente morirían. Sus restos reposan en la ciudad de Agmat, a los pies del Atlas. Allí parecen retumbar todavía sus versos, recordando a su amada Sevilla: “yo era amigo del rocío, señor de la indulgencia, amado de las almas y de los espíritus; mi diestra regalaba el día de los dones y mataba el día del combate; mi izquierda sujetaba todas las riendas que dominaban a los corceles en el campo de batalla. Hoy soy rehén de la cadena y la pobreza, apresado, con las alas rotas”.


The poet king of Seville (english version)

Just a few days ago, the news of the discovery of the ancient palace of the Arab king Al-Mutamid has come to light, in a house of the Patio de Banderas, the big square you will find in the exit of the Reales Alcázares. It has really confirmed what historians already suspected after the discovery, some years ago, of important archaeological remains in the house no. 8 of the aforementioned patio. But you will ask yourself, who was Al-Mutamid?

One of the most famous and beloved kings of Seville. A member of the Abbadi dynasty, the powerful Taifa of Seville reigned for more than 20 years at the end of the 11th century. These taifa kingdoms arose from the decline of the Caliphate of Córdoba and its subsequent disintegration into smaller territories. The Taifa of Seville was one of the largest, reaching during the reign of Al-Mutamid its maximum splendor, time in which it annexed territories of the Algarve, in the south of Portugal; it´s in this region where this man was born, specifically in Beja, although it was in Silves where he matured and was intellectually instructed, by the hand of the great poet Ibn-Ammar, who would eventually be one of his most important advisors.

It was the skill of Ibn-Ammar that, according to the legend, prevented Alfonso VI of Castile from taking the city; taking advantage of the fact that both kings were united by the chess hobby, both the Castilian monarch and the abbadí agreed to play a game; the one who lost, should pay a grain of wheat for the first box, two for the second, four for the third, and so doubling the amount in each of the boxes to the last. Ibn-Ammar was an excellent player and defeated Alfonso, who did not imagine at the beginning of the game that there was not enough wheat in the fields of Castile to pay the Arab king, so they decided in exchange to leave Seville quiet for a while.

Also Ibn-Ammar introduced Al-Mutamid in the noble art of poetry, in the end one of the main interests of the king, who for something was called the king poet. They used to go out for a walk around the city while reciting poems; thus, when one began a verse, the other ended it. On one occasion, a beautiful girl on the banks of the Guadalquivir rushed to skillfully finish a poem that began the Arab monarch, who fell in love with her for her beauty and mischief. It was the potter Rumaikiyya, who became his wife under the name of Itimad. A woman who, according to another legend, was sad in winter because it was not snowing in the city, so her king offered to fill his whims planting many orange trees, so that when they bloomed with the orange blossom, she thought that a thin layer of snow had covered the trees.

They were years of happiness for the king, which extended the extension of his kingdom to the east, annexing the taifas of Cordoba and Murcia. And it was also a period of cultural splendor, in which Seville became a Mecca for intellectuals. The court of the king constantly received the best doctors, geographers or astronomers, and there were several colleges in the city. Above all flourished in this period the poetry, which was separated from music for the first time, organizing poetic competitions in which the poets challenged each other.

But the reconquest advanced from the north and seriously threatened all the Taifa kingdoms, which could no longer contain the christian troops, or could not pay the tributes with which they restrained for a time their conquering pretensions. And in the face of this threat Al-Mutamid made a fatal mistake, looking at North Africa and asking for help to the feared Almoravids, also called the warrior monks, commanded by the emir Yusuf Ibn Tasufin. His berber soldiers, after defeating the christians, would end up seizing all the Taifa kingdoms of Al-Andalus.

One of them the kingdom of Seville, so Al-Mutamid was imprisoned and banished along with his beloved Itimad to Morocco, where they would eventually die. His remains rest in the city of Agmat, at the foot of the Atlas. There still seem to echo his verses, remembering his beloved Seville: "I was a friend of the dew, lord of indulgence, loved by souls and spirits; my right hand gave away the day of the gifts and killed the day of combat; My left held all the reins that dominated the steeds on the battlefield. Today I am a hostage of the chain and poverty, imprisoned, with broken wings. "


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