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Agua que no has de beber, párate a mirarla

H20 ornamental (y no solo). Nada se estropea más que una fuente, y cada Ayuntamiento pasa media vida restaurándolas... u olvidándolas. En cuanto a las útiles, Sevilla goza de una fuente por cada 5.000 personas

25 ago 2018 / 19:04 h - Actualizado: 25 ago 2018 / 20:53 h.
  • La fuente de los Poetas, dedicada a la Generación del 27, es una de las más contemporáneas e icónicas fuentes sevillanas representativa del nuevo urbanismo. / Reportaje gráfico: Jesús Barrera
    La fuente de los Poetas, dedicada a la Generación del 27, es una de las más contemporáneas e icónicas fuentes sevillanas representativa del nuevo urbanismo. / Reportaje gráfico: Jesús Barrera
  • La fuente (seca) de la plaza de la Encarnación, una de las más antiguas. / J. B.
    La fuente (seca) de la plaza de la Encarnación, una de las más antiguas. / J. B.
  • Agua estancada en una fuente sin uso en los Jardines del Cristina. / J. B.
    Agua estancada en una fuente sin uso en los Jardines del Cristina. / J. B.
  • La (una y otra vez) vandalizada fuente de la Pila del Pato en San Leandro. / J. B.
    La (una y otra vez) vandalizada fuente de la Pila del Pato en San Leandro. / J. B.

Sevilla a veces pierde las cuentas. Pierde las cuentas, por ejemplo, de todos los Viernes Santos que ha llovido en los últimos años. Y también lo hace de las veces que el pato que corona la fuente de la Pila del Pato ha sido sustraído. Este verano sin ir más lejos, dos adolescentes fueron pillados infraganti minutos después de haber robado la simpática escultura. Podría decirse, a grandes líneas, que una fuente –la que sea– goza de buena salud cuando el agua circula en ella y todos los elementos ornamentales están en su sitio. Dos fáciles pruebas diagnósticas que, sin embargo, encuentran demasiado a menudo malos resultados. Los pacientes (a la sazón, las fuentes) tienen achaques. Es fácil comprobarlo si uno toma la determinación de revisar las principales fuentes hispalenses.

...Que, por otra parte, no son muchas. Y teniendo en cuenta que el calor se ceba con nosotros, no es de extrañar que un turista de época como el escritor Washington (Cuentos de la Alhambra) Irving anotara negativamente durante su excursión a Sevilla los escasos manantiales urbanos de los que entonces gozábamos. Y la cosa apenas ha cambiado con los siglos.

En el lado de lo bueno señalaremos la renovación del sistema de iluminación de la fuente ornamental de la Plaza de España realizada en 2015. La actuación sustituyó los 168 proyectores de lámparas incandescentes instalados en la fuente, por 126 nuevos, con tecnología LED de alto rendimiento y programables en colores. El asunto costó 141.367 euros. Uno de las herencias más populares de la Exposición Universal de 1929 fue la Fuente de la Puerta Jerez, conocida como Fuente de Sevilla. Rehabilitada en años pasados se recuperaron durante las obras las esculturas de los conocidos como «niños meones» que originariamente figuraban en el conjunto y que fueron retirados en julio de 1939, por mandato del muy timorato alcalde de Sevilla, Eduardo Luca de Tena.

En todo caso, no deja de ser sorprendente que, en número y proporción, ciudades como Vitoria, Alicante o Zaragoza, nos superen ampliamente en puntos de agua. Y no solo nos referimos a las fuentes ornamentales, también a aquellas más modestas cuya única finalidad es la del abrevaje. «Ni uno solo de los alcaldes que ha tenido la ciudad ha sabido resolver el asunto. Y cuando no directamente ha sido obviado, se han instalado pocas y feas fuentes de servicio», considera el sociólogo Javier Madero, especialista en urbanismo sostenible. Estos días sin ir más lejos el Ayuntamiento está instalando una en la peatonal calle San Jacinto, de hechuras contemporáneas, y antes de su nacimiento ya pasto de las críticas de los trianeros. Sin embargo, hay que reconocerle al actual regidor, Juan Espadas, el haber tenido alguna idea propia sobre este asunto. Hasta mediados del año pasado, la ciudad contaba con un total de 65 fuentes de agua en sus calles, lo que suponía una media aproximada de una por cada 10.000 sevillanos. Pero el incremento contemplado en el plan del Gobierno municipal supondrá que, en 2019, el número definitivo de puntos de agua se habrá duplicado, alcanzado una cifra cercana a los 130, lo que permitirá contar así con uno para cada 5.000 sevillanos.

Lugares como las plazas de la Encarnación, de San Leandro, del Museo, y de la Magdalena, la calles Torneo y Radio Sevilla o los entornos de la Maestranza y de la estación de autobuses de Plaza de Armas cuentan ya con nuevos puntos de agua. Y el consistorio continúa instalando nuevas fuentes en los distritos; donde cabe la innovación escultórica. No obstante, en el casco antiguo, se ha instalado el modelo de fuente de agua conocida como fernandina y que es idéntica a las que ya llevan mucho tiempo disponibles en las alrededores de la plaza del Triunfo y de la Avenida de la Constitución, que gozan de protección especial y requieren del visto bueno de la Comisión de Patrimonio.

Quien no ha tenido ángel protector que le valga ha sido la mastodóntica y muy llamativa fuente ornamental del Parque Amate, que tras años averiada y vandalizada, ha sido condenada a derribo. Se construirá sobre su actual emplazamiento un espacio de convivencia con nuevos elementos vegetales y mobiliario urbano. La fuente, con una dimensión lateral de ocho metros y una superficie de 615 metros cuadrados, era característica del parque, pero su elevado coste de mantenimiento y el deterioro sufrido han hecho más deseable su eliminación.

La fuente de las Ranas estaba ya en el Parque de María Luisa antes incluso de que se le diera el nombre de la infanta. En 1914, cuando todavía eran los Jardines de San Telmo, ya estaban ahí, sin croar pero al fresquito. Y desde entonces vienen soportando las decenas de flashes que a diario les disparan los turistas y también el gamberrismo de quien quiere fastidiar la más querida fuente ornamental de Sevilla. Fue construida por el ceramista Manuel García-Montalván quien, por cierto, realizó otras dos casi exactamente iguales con destino a un parque y a una plaza de las ciudades de Tenerife y México D. F. Consta de ocho ranas que rodean el recinto y un pato apoyado sobre una tortuga situados en el centro. Fue semidestruida en la Guerra Civil y todos los gobiernos municipales que han pasado por el Salón San Fernando han tenido que restaurarla con mayor o menor profundidad durante sus respectivos mandatos. De las ocho ranas, únicamente una es de 1914. Por lo que habría preguntarse si ese superviviente anfibio de porcelana no se habrá ganado ya la prebenda de pasar a formar parte de la colección del Museo Arqueológico en lugar de seguir a la intemperie jugándose el tipo con más de un siglo a sus espaldas.

Es curioso comprobar cómo en toda ciudad las fuentes generan sus propias inercias sociales en torno a ellas. La que vemos situada en la Plaza de la Encarnación, de mármol de principios del siglo XVIII, una de las más antiguas de Sevilla, sólo sirve para arremolinar turistas que se sientan en ella con el GPS en ristre. También es útil como contenedor de desperdicios porque, agua no tiene. El PP le ha pedido al PSOE que la ponga en marcha para ayer (es un decir), pero por ahora el vaso de la fuente no pasa de ser una papelera. Otra mucho más actual, la dedicada a la generación del 27 a la vera de los Jardines de Cristina, es durante el año punto de encuentro de skaters y pubertos varios que colocan un altavoz sobre el mármol blanco y hacen de la fuente su lugar de encuentro bajo la atenta mirada de la musa de la poesía que corona esta polémica (por fea) fuente que, después de todo, ha encontrado (al fin) a gente que la quiera.


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