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Comer dulces es posible si sabe cómo

Optar por lo casero y por ingredientes naturales es la clave para ‘saciar’ un ansia que puede educarse

16 oct 2017 / 08:12 h - Actualizado: 16 oct 2017 / 12:13 h.
  • Mujeres contemplan el escaparate de una confitería, repleto de deliciosos manjares. / Jesús Barrera
    Mujeres contemplan el escaparate de una confitería, repleto de deliciosos manjares. / Jesús Barrera
  • Mostrador de una confitería lleno de dulces. / Jesús Barrera
    Mostrador de una confitería lleno de dulces. / Jesús Barrera

Definitivamente, sí. Es posible llevar una dieta equilibrada y comer dulces. Pero, aparte de comprometerse a no quedarse apoltronado en el sofá, la clave está en saber cómo comerlos: «Deben ser artesanos o caseros, y se debe elegir una buena materia prima, como harinas integrales, poca azúcar añadida, huevos, aceite de oliva virgen extra... Así, sí podríamos considerar un mayor consumo, siempre que se coma de forma variada y siempre que la actividad física ocupe un papel importante», explica la vocal del Colegio Profesional de Dietistas-Nutricionistas de Andalucía (Codinan) Rocío Gala.

Y es que hay que tener en cuenta que, nutricionalmente hablando, los productos de pastelería y repostería son alimentos «muy energéticos», compuestos en su mayoría por hidratos de carbono simples y complejos, así como por altas cantidades de grasas de diferentes orígenes. No obstante, Gala insiste en que incluso podrían incluirse «en nuestro día a día si tenemos hábitos encaminados al consumo de productos no procesados, alimentos regionales, comprados en mercado de abastos, de kilómetro cero». En ese caso, no debe preocuparnos tomarlos, como todo, en cantidades razonables y con mesura, que dependerán de las circunstancias de la persona, su peso o su actividad física, entre otros parámetros.

Eso sí, las líneas rojas que marcan los nutricionistas para permitir la ingesta de dulces pasan por evitar a toda costa aquellos que, en su listado de ingredientes, puedan contener «harinas refinadas, azúcares simples en todas sus formas expresados (conocemos que el azúcar se disfraza con otros nombres, como fructosa), grasas vegetales sin especificar, grasas hidrogenadas (trans)... y un listado de aditivos extenso que significa que el producto está sometido a un periodo de conservación muy largo y que carece de micronutrientes y fibra», explica la vocal de Codinan. O lo que es lo mismo, la bollería industrial, una tentación de la que muy pocos se salvan. De hecho, pese a que un estudio reciente llevado a cabo por El Caserío, en colaboración con Aldeas Infantiles SOS, revela que las últimas generaciones consumen más bollería (40 por ciento) de lo que lo hacían sus padres (14 por ciento), Gala asegura que, en realidad, no es tanto cuestión de edades sino de malos hábitos alimentarios.

«La tendencia al consumo de bollería está ligada a un mal hábito alimentario, posible en todos los grupos de edades y favorecido por la rapidez, el bajo precio y la facilidad con la que tenemos a nuestro alcance este tipo de productos, la publicidad, y la educación que recibe nuestro paladar desde que somos pequeños». «Por lo general tenemos tendencia a lo dulce, azucarado y sabroso», admite Gala, de ahí que cueste más acostumbrarse a tomar alternativas más saludables como el chocolate alto en pasta de cacao, cuyo sabor es más amargo. Pero, pese a la creencia general –seguro que alguna vez ha sentido el impulso de tener que ingerir dulce–, los nutricionistas desmienten que exista una necesidad de tomar este tipo de alimentos. Realmente, lo que necesitamos es comer. «Nuestro cuerpo requiere de energía para cumplir sus funciones vitales. La forma en la que se la damos a través de los alimentos la elegimos nosotros, y el conocimiento de lo que nos viene bien depende del saber de cada uno y forma parte del trabajo del dietista-nutricionista, enseñar a la población a elegir bien y cuidar su alimentación de este modo». Lo ideal para calmar esa apetencia por comer dulce es hacerlo con «buenos alimentos que nos aporten beneficios, y para ello hay que saber comprar y conocer la materia prima».

La vocal de Codinan reconoce en cualquier caso que los mitos sobre estos productos se perpetúan por culpa de la publicidad, donde se expone que ciertos dulces «son la mejor opción para el desayuno o merienda siendo al contrario. Son la opción menos recomendada». Aquí entraría en juego, a su juicio, la importancia de saber leer el etiquetado nutricional. «Desde Codinan hemos llevado a cabo campañas de concienciación sobre ello. La última fue el pasado junio en las Setas de la Encarnación de Sevilla, donde hicimos actividades con los ciudadanos para el aprendizaje de la lectura del etiquetado de los productos».

De todas formas, si se es goloso no hay que perder la esperanza. Gala, fundadora de R.G. Nutrición, ofrece varias propuestas nada desdeñables como sustitutivos de la bollería industrial: «Tostadas de pan 100 por cien integral con onzas de chocolate negro superior al 70 por ciento de pasta de cacao; galletas hechas con harina integral; copos de avena, yogur natural sin azúcar con un poco de miel, frutos secos y semillas de lino o chía... Hay multitud de posibilidades que dependerán de los gustos y circunstancias que rodean a la persona».


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